Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 2 de julio de 2016

De los dioses que tiran piedras desde los cerros de Papallacta

Fue hace 500 años
eran más de 500 hombres
más muchos más,
bajando los cerros hacia la selva
arrastrando miseria acuestas
ansiando fama, oro, canela.
Eran muchos más de 500
y con ellos, millares hambrientos
arrancados del reino
perseguidos por perros
¡sí, por perros!
y en unos rostros el hambre
y en otros rostros desprecio
y bajo la lluvia salvaje
unos y otros pereciendo.
Unos blandiendo cruces
otros leyendo el cielo
y los dioses en níveas cumbres
temblando, sufriendo.

Fue hace 500 años
un crujido, un árbol muerto
la selva mancillada en su seno
por un reguero de hombres
que habría de fluir eterno
gangrena en los montes
el sol oculto en el cielo
y tras las plomizas nubes
los dioses
¡los dioses rugiendo!
los dioses denunciando el expolio
la tierra maldiciendo nombres
sus entrañas tragando hombres
y los hombres, ciegos,
de sus entrañas sacando sangre
sangría futuro negreo
sangre de indios esclavos
cuajada en bolas de caucho
brotando en esputos de fiebres
desde las torres del averno.

500 años desfilando
la historia, un camino de vértigo
desde los fríos páramos
Papallacta con su vientre ardiendo
y los dioses rugiendo en los cerros
blandiendo ramas desgarradas
vomitando ríos de lodo
tallando piedras de sepulcro
preparando un nuevo entierro.
Aquí las campanas no tocan a muerto
aquí el los dioses tiemblan
y la tierra con un estrépito
sella los camposantos
en las laderas de los cerros.
Hombres, cientos, miles
perdidos en el lodo de siglos
ahogados en su ambición, sumidos
y tras los cerros los bosques verdes
que alguna vez fueron perennes
esconden a sus últimos hijos
y miran fijos a los cerros
rezando para seguir vivos.