Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 24 de agosto de 2016

Impresiones de un 23 de agosto

De colores es la luz que pasa
a través de las hojas y ramas
dibujando caprichosas formas
sobre tu cuerpo y tu cara.

De colores mezclados con gracia
como las risa de los niños que nadan
como las ondas de espuma en agua
y el arcoiris que surge de la cascada

De colores que bailan y bailan
contrastes, frenética danza
mariposas de coloridas alas
más delicadas que la crisálida.

De colores vivos que cantan
como unos ojos que aman
como el juego que salpica el agua
y se esconde tímido de tu mirada.

De colores viste la capa
que envuelve el río y la tierra
que vuelve verde la selva
y la vida de los que abrazan

De colores mezclados con gracia
manchas de color mezcladas
difusas vidas con arte tocadas
y el misterio de la selva mágica.

Colores que forman la vida
colores que el día y la tarde pintan
con aires de pintor impresionista
el sol, el viento, las hojas, el agua.

Colores en el río, una estampa
la cálida tristeza de la despedida
y la inocencia aún no perdida
pues la vida es única y mágica.

Un cuadro pintado que habla
del río, los juegos, las páginas
de historias que quedarán grabadas
luces y sombras, risas y lágrimas.

Lágrimas (y besos)

Llora tus lágrimas
moja las páginas
y los pañuelos
y escribe con ellos
tu adiós. Mañana

una fina pátina
brillará al alba
dibujará recuerdos
de un amor sincero
que siempre canta

que abrió sus alas
agitó el alma
y voló lejos
y quedó dentro
donde te abraza

y te dice: canta
abraza la vida, anda
el amor es eterno
el mundo un pañuelo
y los amigos lágrimas

son miradas cálidas
son en la herida sábila
viven en el viento
ni cerca ni lejos
en tu puerta mañana

encontrarás la carta
y la sonrisa franca
cuéntales tus miedos
un corazón sincero
que siempre abraza.

Llora mi niña, ama
la vida con ganas
y cuando llore el viento
rompe mi silencio
abre mi ventana

Ésta es tu casa
ven, entra, pasa
encenderé el fuego
prepararé un beso
compartiremos lágrimas.

domingo, 21 de agosto de 2016

Color de luna

Dicen que la luna cambia de color cuando los rayos del sol pasan a través de la atmósfera terrestre antes de reflejarse en ella.

Monet vino a Coca
era Agosto, de noche
espero unas horas
y con su pincel de luces
fue vistiendo a la luna.

Cambió su vestido de novia

por uno de seda, amarillo
y jugando con sus brochas
su reflejo pintó en el río,
río amarillo de luna.

Desde la orilla a la sombra

bajo las palmas del estío
dos siluetas se asoman
enredadas en los hilos
amarillos de la luna.

Ella dice "está hermosa"

él le regala un suspiro,
ella escucha de su voz la prosa
él descubre el brillo
de sus ojos como dos lunas.

La luz cruzando la atmósfera

pinturas de polvo fino,
Monet, luces y sombras
colores bailando en el río
y la noche color de luna.

sábado, 20 de agosto de 2016

Luna

La luna brilla en lo alto
las nubes le abren paso
y unos ojos que la miran
como dos estrellas brillan
azabache negro y blanco

Su sonrisa ha dibujado
la luna desde lo alto
sus labios de fina seda
su piel suave canela
y su cabello rizado.

Ella aminora sus pasos
la luna le está mirando
ay, siente cómo respira
escucha como palpita
envuelta bajo su manto.

"Luna vestida de blanco
me gusta verte brillando
mis sueños se vuelven vida
y me embriagan de alegría
cuando duermo en tu regazo"

viernes, 12 de agosto de 2016

Bajo la lluvia de agosto

La lluvia en agosto, sí. De esas cosas que sólo pueden suceder acá, en esta selva amazónica que se debate día tras día entre mantener su verdor o sucumbir al gris de la modernidad. Y entre todos su verdes, define un montón de matices también, como comentaba un querido amigo hablando el lunes en la radio de los pueblos indígenas y su compresión del mundo que habitan.

Y es que este mes ha sido una auténtica tempestad de prisas, carreras, correos cruzados, enfados, repentinos momentos de respiro, nervios, corazones enredados, despedidas e invitaciones a seguir caminando, dejando la piel por mantener todos los verdes en un proyecto que, como todos los proyectos que merecen la pena, navega contracorriente.

Como contracorriente surcaron las aguas del Napo los Omaguas hace 1000 años para dejarnos su legado en forma de urnas, platos y otros objetos de la más delicada cerámica, joyas enterradas que han llegado gracias a la decisión que los Omaguas imprimieron en ellas, hasta nosotros.

Los Omaguas. Les veo presentes en el museo, pero ausentes de la gente que viene a visitarlos. Siento que estaban hechos de otra pasta, con otro molde, y las gentes actuales no logran comprender que es lo que están viendo y apreciar y dejarse enamorar y llevar por unas gentes con otras formas de vida. La prueba son años de olvido, salpicados por las manos de alguna de esas personas que llamarán loco, que por alguna razón nació con algo distinto en su cabeza y entendió que era eso que asomaba entre la arena de las orillas del Napo y lo desenterró y lucho por devolverle su brillo y su lugar.

Este museo se me antoja algo así. El templo del loco-cuerdo que vino a soñar y sembrar acá un espacio distinto, un paisaje con formas y ritmos diferentes a los que se construyen a golpe de perforaciones y cemento, pero similar al que se ve en la quietud siempre cambiante del verde de la selva. El lugar extraño que llama la atención a los habitantes del lugar pero que nadie entiende. Un lugar que lucha todo el tiempo por mantenerse a flote contracorriente, por vivir otros ritmos mientras los nuevos dueños le quiere imprimir ese ritmo rápido de la rentabilidad, las masas, el dinero, la autosuficiencia, cuando lo que realmente necesita para vibrar y brillar es la calma, el cariño, las manos desinteresadas que lo alimenten, lo limpien, lo mantengan siempre nuevo.

La vida en este museo, en este proyecto se me antoja desde hace ya meses como un símil del clima acá en la amazonía: unas veces se vuelve gris, llueve a mares y no deja soñar, todo se tiñe de pragmatismo y utilitarismo y la lluvia lava todos los colores para volverlo todo gris como el gris plomizo del cielo. Y otros días, sale el sol. La lluvia cae suave, apenas con la suavidad necesaria para quitarle esa fina pátina de polvo a las flores, y todo empieza a crecer y florecer otra vez. Un extraño baile que me al final me agota pero que por alguna extraña magia me sigue manteniendo acá.

Supongo que soy uno de esos locos. Uno de esos que tropezó con un pedazo de barro cocido y pintado con vivos colores y se enamoró de ello y comenzó a buscar el resto de pedazos para rehacer el rompecabezas. Y supongo que como otros locos que llegaron antes por acá, yo también acabaré dejando este baile y yéndome allá donde el baile sea sólo uno y no este equilibrio inestable en entre el amor y el dinero.

Mientras tanto, seguiremos remando contracorriente, manteniendo a flote la historia de los Omaguas, soñando con otros locos soñadores y construyendo espacios sin prisas. Cuánto aguantaremos en este baile, eso nadie lo sabe. Los cambios llegan siempre sin avisar.

El martes llovió. Después de un mes de tempestades, el fin de semana llegó la calma, brilló el sol y construimos algo. Cuando abrimos las puertas el martes, un aguacero amenazó con echarlo todo al traste. No fue así, por suerte. Algún shamán Omagua calmó al espíritu de la lluvia y convocó en el museo a propios y extraños, para bajarlos del tren de las prisas y hacerles respirar tranquilos, disfrutando de los rostros, los rastros, las historias de aquellos que ayudados por el lente de una cámara capturaron aquello que los ojos no pueden o no quieren ver.

Fue un soplo de aire fresco y una emoción enorme ver a todas las piezas del puzzle encajar en su sitio durante unas horas. Y yo no puedo sino agradecer a los amigos del Archivo Blomberg, y a mis amigos y compañeros cómplices en el montaje de esta nueva exposición por dejarse enamorar otra vez por la cultura, por el arte, por los Omaguas Por esas facetas humanas, que frente a la deshumanizada vida post-moderna y neoliberal imperante, requieren de tiempo, de respirar, de aprender a ver, aprender a escuchar y a dejarse enamorar.

Mañana quizá se tambalee este baile otra vez. Pasado, quizá brillará de nuevo.

Te regalo una flor

Para ti bicho. Gracias.

Te regalo mi voz
te regalo el suspiro
y con él las palabras
envueltas en lágrimas
golpeando el vacío.

Te regalo mi yo
todo lo que he escondido
todas mis aguas claras
todas mis noches largas
perdido en el camino.

Tú me entregas el sol
tu abrazo y tu oído
me desnudas el alma
recoges mis lágrimas
tejes un nuevo vestido.

Me devuelves la canción
la partitura, el camino
remendadas mis alas
abro hoy la ventana
yo mi mismo destino,

te regalo una flor
te regalo el sonido
del pájaro que canta
envuelto en la fragancia
abandonado su nido.

jueves, 11 de agosto de 2016

Como volver a nacer

Como la música del mar
como la lluvia al llegar
como la noche al caer
con toda su inmensidad

Como mi alma al vibrar
y una canción de Gene Clark
como la luna al crecer
para volverse a ocultar

Como el día, acabar
y a la noche abrazar
inunda todo mi ser
un sentimiento de paz

es un volver a empezar
aprender de nuevo a andar
es un volver a nacer
y a la vida abrazar.