Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 24 de septiembre de 2016

Mare nostrum

Mare nostrum
mar de mi gente
aguas antiguas
occidente.

Aguas tranquilas
guerras silentes
vecinos gritan
hermanos mueren.

Mare nostrum
mar de mi gente
la misma sangre
la misma suerte

bajo tu azul
balsa de aceite
se ahogan llantos
la fe se pierde

Mare nostrum
mar de mi gente
los mismos rostros
los mismos genes

sobre tus olas
surca la muerte
con su guadaña
corta las redes

Mare nostrum
mar de mi gente
propios y extraños
amantes crueles

en la memoria
en tu corriente
espejos rotos
pasado y presente

Mare nostrum
mar de mi gente
Damasco en ruinas
Cartago, Cirene

antiguos reinos
antiguas leyes
y tu pasivo
miras tu suerte

Mare nostrum
mar de mi gente
de aguas rojas
sangre de tu gente

esperanza última
surcar tu vientre
buscar el norte
perdido occidente.

Mare nostrum,
mar de mi gente.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Coca

Coca, sí, Coca. Esa ciudad amazónica a orillas del río Napo a la que, llegada a la edad adulta sus gobernantes decidieron re-bautizar con el rimbombante nombre de Puerto Francisco de Orellana en honor a ese "conquistador" español que en 1541 fue arrastrado por la corriente del río aguas abajo hasta "descubrir" el amazonas.

Coca. Esa ciudad que nadie nombra por su nombre oficial, pero cuyo ilustre descubridor, inmortalizado en estatua de bronce a orillas del río, es el personaje más fotogénico de la ciudad, cuando no ilustra despachos de alta alcurnia mostrando su lado bueno (ese en el que le falta un ojo) en terribles óleos románticos con idílicos paisajes selváticos de fondo.

Coca, ciudad de almas de paso, que siguen buscando el dorado, unas veces en forma de petróleo, otras de monótono turismo verde, otras en forma de caducos planes para hacer de la exuberante selva el paradigma de la producción agrícola. Coca, ciudad donde el dorado se acaba convirtiendo en gente vagando por las calles en busca de esa quimera que abrazaron unos minutos y que despareció sin dejar más rastro que el espejismo del sol reflejado en el río o en el asfalto cuando se pasó la borrachera. Donde los ladrones roban al vuelo celulares último modelo a estudiantes ingenuos y se lanzan al río, con celular robado y demás botín tecnológico encima, para escapar de la policía. Doscientos metros río abajo, si el aparentemente manso Napo no se los traga, son rescatados exhaustos por la marina, con el celular robado convertido en elegante pisapapeles de color rosa.

Ladrones ingenuos buscando dinero fácil, colándose por puertas abiertas de par en par, borrachos bajo los restos del puente viejo, ese que ya no existe en pos de la revolución y cuyas ruinas acaban convertidas en nido de drogadictos, borrachos y prostitutas, todos ellos mendigándose los unos a los otros mientras la gente de bien pasa en taxis por la esquina de la perdición y observa el patético espectáculo nocturno. Hoteles vacíos, putas en paro, comedores con hambre. Y un grupo de gente pintoresca, vecinos de esos que no están dispuestos a irse y que rebuscan entre los adoquines la nueva versión del dorado, que espantan el calor soñando despiertos a la orilla del río y esperan a que lluevan mejores tiempos.

Un centro cultural de lujo a orillas del río, una pista de aviación por la que hasta el boom petrolero se podía pasear los domingos, un elegante malecón sazonado de estridentes letreros sacados del floridos diseños de imprentas locales que mezclan autos, chicas voluptuosas y fauna amazónica todo-en-una-misma-composición. Vendedoras de periódico tan lentas y sosas que todavía están haciendo llegar última edición del año pasado, fiestas en las que "con la compra de 3 cervezas, te regalan la entrada gratis" a un local que debería llamarse "El Chumódromo". Mudos que hablan, acróbatas paralíticos saltando por los buses con una bala en la cabeza para ganarse la vida como el ex-leproso de La Vida de Brian, policías que prestan el coche patrulla con luces de colores encendidas para que en el karaoke puedan seguir la fiesta cuando se va la luz... Coca. Ciudad de huidos, de despechados, de personas queriendo olvidar, cambiar de vida, de soñadores buscando tierras fértiles, de inconformistas irredentos buscando su sitio en la sociedad. Sueños verdes para olvidar otros sueños o para olvidar dolores. Todo eso y mucho más es Coca.

Una ciudad pequeña donde todo el mundo, hasta los autóctonos, son de alguna otra parte. Donde la mitad de la población está de paso a algún otro sitio: turistas embarcándose en lujosos tours en hoteles de cinco estrellas y media en medio de la selva, mochileros lanzado los dados río abajo o río arriba, obreros flotantes que suben y bajan de los buses y aviones merced de la subida o bajada del precio del crudo, personas que la mitad de las veces pasan por Coca sin siquiera pisarla.

Y entre ellas, gentes también que intentan hacer de Coca otra ciudad: Coca, ese pueblo que no quiere perder su nombre, que no quiere depender del crudo y que no está dispuesto a ver cómo la mitad de su población vive con un pie en las recién adoquinadas calles de la ciudad, y el otro en alguna otra ciudad o pueblo de Ecuador, gentes que limpian la ciudad, que se esmeran por cambiarle la cara, por hacer de ella un lugar agradable donde quizá alguna otra gente, tarde o temprano decida echar raíces y quedarse un tiempo largo: dos noches de hotel para un turista, una ciudad donde vivir unos años, o quizá hacerse viejo.

Coca. Ciudad para un escritor en ciernes. Para un periodista cansado de crónicas de sucesos y con ganas de mirar la originalidad y astracanería oculta en los ojos de gentes tostadas por el sol de Eldorado, enamoradas en un idilio eterno de 15 años que les cansa y les duele a veces, pero al que siempre regresan porque les reconforta y les da vida: sueños, conquistas, soles.

Nadie sabe a dónde va Coca. Nadie sabe cuánto tiempo estaremos atrapados en su hechizo los que paseamos por sus calles, enamorados quizá, extrañados por su geografía humana pero intrigados por la misma. Buscadores de tesoros de oro, canela y petróleo, de nuevas vidas, o de un lugar perdido donde perderse y quizá volver a encontrarse. Al final del día, las aguas del Napo siguen fluyendo incansables hacia su encuentro con el amazonas, las killas regresan a la orilla con el fruto del día y por las calles salen a pasear algunos vecinos que sienten que con su caminar van haciendo poco a poco ciudad. ¿Miran ellos al río preguntándose a dónde van, o es el río quien les observa y se pregunta quién quedará, quién vendrá después de las lluvias, de los años, de los ciclos, de las vidas?

viernes, 16 de septiembre de 2016

Kurosawa

Kurosawa
el viento en mi memoria
un columpio bajo la nieve
las ganas de vivir, ahora
Kurosawa
la lluvia, el rostro, la espada
el movimiento de la vida
Kurosawa
Akira, sueños, melancolía
y las últimas puertas del reino
abiertas a la luz del día
Tokio de noche
y en la estepa, Akira
como el ojo que el cielo rompe
redención que sana heridas.
Te quedaste en celulolide
desde ahí nos miras
nos mueves por dentro
nos mueves la vida,
nunca te irás Akira.
Madadayo! Kurosawa,
adiós sin despedida.

Como un niño

Miro la vida pasar
como la miran los niños,
como la miran los niños
cuando se esconden detrás
de sus vivos ojos de niño.

Amo con miedo a amar
soy un romántico empedernido
me sonrojo aún como niño
como un niño con disfraz
o con traje de domingo.

Me atrapa tu sonrisa fugaz
mi rostro rubores de niño
cuando juego entre los rizos
que pueblan el umbral
de tu jardín prohibido.

Siempre con miedo a saltar
me aferro como un niño
a la seguridad del nido,
me mata la curiosidad
y temo a lo desconocido.

Y aún creo en la eternidad
del verano como los niños
como los niños sonrío
sueño cruzar el mar
en un barquito chiquito.

No me quiero despertar
sabiendo que he crecido
prefiero sentir al niño,
siempre dispuesto a soñar
sin olvidar lo que he sido.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Un mar

Ella se marchó
sin apenas llegar
él la despidió
en el mismo lugar.

El recuerdo quedó
en la felicidad
un tiempo pasión
breve eternidad

Ahora entre los dos
se interpone el mar
un muro de pasión
querer u olvidar:

él las olas
ella brisa de mar
él la espuma
ella la sal
hechizo de luna
marea, tempestad
una barca en la arena
un mar que surcar.

En el interior
no pueden negar
la indómita pulsión
del verbo el amar.

martes, 13 de septiembre de 2016

Acróstico nahualt

Caliente en la mañana,
humo espeso en la taza,
olor intenso que baña
cada rincón de la casa;
onzas desechas en agua,
licor espeso que embriaga
afrodisiaca palabra mágica
trazas de amor desplegadas
envueltas en sueños de infancia.

Bajo la dictadura de la C

La injusticia se escribe con c
con c de capitalismo.
Con c se escribe la avaricia
que nos hace enemigos,
c es el rostro de la pobreza
dos mundos: pobres y ricos.

C llevan las palabras
que hieren los oídos,
c grabada en las armas
de todos los asesinos,
tras una c están los ojos
que nos condenan por distintos

C en todas las divisiones,
c en transgénicos cultivos,
c tras todas las religiones
que erigen templos al altísmo
y con C los falsos cielos
donde sólo unos pocos son recibidos.

Y hay una c colgada
al borde del abismo
c de ciegos, c de trampas
c de rostros altivos
envueltos en la cizaña
escrita con de c Capitalismo

Con c han renovado las libertades,
con c quieren escribir el destino
que excluye a propios e iguales
que corre detrás de sí mismo
celoso con c de verdades:
mentiras abocando al abismo.

Bajo la c nos vende la vida
a base de c malvivimos
luego por la c no la quitan
pues por la c crecimos
creímos que lo demás era mentira
absortos en una mentira: capitalismo.