Un año menos de vida,
un año más contigo.
El calendario trae arrugas
en la cara y en las sábanas
donde nos sentimos aún jóvenes
enredados y entrelazados
sintiéndonos con los ojos cerrados.
Los abro sólo para ver tu sonrisa,
y acariciar tu pelo ensortijado
y besar tus labios mientras susurro
“feliz cumpleaños”.
Desde Mi Caja
Realidad y ficción, una mirada personal al mundo exterior, una puerta de salida para pensamientos atrapados.
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miércoles, 9 de septiembre de 2026
9 de septiembre
50 años
Para Karen, mi amor bonito. Feliz cumpleaños.
casi podríamos mirarnos
aún así sin conocernos.
¿Quizá se cruzó nuestra mirada?
No, lo creo.
Si así fuese el corazón te habría visto.
50 años de “casi te encuentro”:
entre las paredes de aquel museo,
en un despacho del ministerio.
Y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos
estábamos sentamos en el suelo.
50 años.
Media vida jugando a los dados con el destino.
La otra mitad la quiero vivir contigo.
sábado, 30 de mayo de 2026
Rosas en Quito
Las rosas de esta casa de Quito
de rosas y de vidas,
se me hacen reflejo
de su vida en Filipinas,
de su humanidad cercana
que veo en fotos-cartas
con saludos en el reverso,
rosas metidas en un sobre,
para decir “te recuerdo”.
CrónicadeQuito II: Música alpina
Durante varias semanas me subo a la metrovía, una de las vías rápidas que conectan el centro-sur de Quito con en norte, por la superficie de la ciudad. Es una vía pavimentada con concreto agrietado por años faltos de mantenimiento. Por ella circulan a toda velocidad unos buses azules algo más largos de lo normal, que crujen y chirrían y dan botes al pasar por las grietas del pavimento recordando el traqueteo, un tanto enloquecido en este caso, de los trenes. A veces pienso que si fueran eléctricos y esto fueran los años 20 pero del siglo pasado, podría rodar la segunda parte de Relámpago, aquella desternillante película de Harold Lloyd.
De pié o sentado en mi traqueteante bus relámpago al norte, me gusta observar a los pasajeros que suben y bajan, a los vendedores que suben y ofrecen todo un bazar ambulante a lo largo de la línea: desde maní garrapiñado pasando por mascarillas, imperdibles, o esferos hasta plantillas de poliuretano o correas de cuero (sí, y el vendedor te pone el cinto en marcha y carga la troqueladora para hacerte más agujeros en caso de que haga falta)
También están los músicos, claro. Los artistas de verdad y aquellos que piensan que sólo porque tienen cuerdas vocales ya saben cantar. Éste del que les voy a hablar no era artista ambulante pidiendo monedas a cambio. Era un señor, ya de tercera edad, o al menos con el pelo blanco, de tez blanca-rosada, con una chaqueta de terno puesta pero con vestimenta causal. Se subió con el boleto en la mano y buscó un asiento libre donde sentarse. Unos minutos después sacó tranquilamente su celular, como haría cualquier pasajero cuando no es hora punta, y puso música, sin usar audífonos, como no haría cualquier pasajero fuera o no hora punta.
El bus se llenó de pronto de una música de acordeón con un cantante de voz áspera y nasal. El dúo (o el karaoke) comenzó poco después cuando el señor comenzó a cantar al unísono con la grabación, moviendo la cabeza y dado palmadas sobre su muslo al compás de la música. Canción tras canción, tuvimos todo un concierto en vivo y directo de música de los Alpes (sí, con p). No me atrevo a decir si suiza o alemana porque el señor no pronunciaba muy bien y no estoy seguro de que cantase en el alemán. Hubo aplausos y hasta más de un ¡bravo! aunque no inmutaron ni lo más mínimo a nuestro pasajero cantante.
Yo me bajé a mitad del concierto cuando el bus llegó a mi parada. Me quedé con curiosidad y pena al no poder escuchar el concierto hasta el final. No es que me guste mucho el Yodel o la música alpina (en realidad creo que no me gusta) pero estas son ocasiones que uno no debe perderse...