El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara
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jueves, 3 de enero de 2019

Discos 2018

Todo mi día es música. Estos son algunos que nos regaló el 2018. Como siempre, compren alguno de estos u otros discos envueltos en fundas de cartón y papel con mucho cariño. Mi mesa está siempre con varios estos días.

  David Crosby, Becca Stevens, Michelle Willis, Michael League: Here I You Listen (BMG)




Joan Baez: Whistle Down The Wind (Proper)
https://www.youtube.com/watch?v=B5-e4qqvKck

Christina Rosenvinge: Un hombre rubio (El Segell de Primavera)
https://open.spotify.com/album/43em8waJy0A4Uv2VDmzbAF?si=qwwckuzvSDKkoqz8gIWG5w

Taller La Bola: Resonando en el tiempo (Taller La Bola)

domingo, 4 de noviembre de 2018

Here If You Listen

Here If You Listen. Aquí, si escuchas. O Aquí si prestas atención. Con esta sutil invitación se presenta el nuevo disco de David Crosby, Becca Stevens, Michelle Willis y Michael League.  Y cuando empieza a girar, guitarras etéreas, suaves cuerdas que rasgan como liras, y las voces... Esas cuatro voces mezclándose en una interminable danza de armonías.
En unos instantes estoy atrapado. Cautivo. Enamorado de la música y las palabras que fluyen como un río sanador para calmar el calor del día y hacer suave la noche. Este nuevo viaje al que me invitan sutilmente estos cuatro músicos es un viaje reparador, un paseo por el jardín en busca de la armonía con todo aquello que me rodea.

La música de David Crosby tiene ese efecto en mi constantemente. Ahí están las largas horas escuchando Guinnevere una y otra vez en el disco debut de Crosby, Stills & Nash de 1969, o reprogramando mi cabeza mientras If I Could Only Remember My Name..., aquel "desafiantemente anticomercial" disco de oro de 1971, o encontrando de nuevo aquella aguas misteriosas en el disco debut de CPR a finales de 1998. Y es que a lo largo de su carrera este músico californiano ha tenido la habilidad de resurgir una y otra vez como ave fénix, recuperando la musa, el jardín, la melodía.  Esa es la magia de Crosby: cuando parece que todo está ya dicho, cuando parece que la vida le deja en la monotonía y casi el olvido, se sienta y escribe una canción y renace en todos los que le escuchamos con nueva energía.
Y nuevas compañías también. Eso es algo que le viene, creo que esos años hippies de comunas y sonidos comunitarios, donde los estudios de grabación y los conciertos se convertían en espacios orgánicos donde músicos diversos completaban los sonidos de cada uno: los Grateful Dead y la Jefferson Airplane eran parte de la banda que le acompañaba en su primer LP en solitario, y a lo largo de su carrera la lista de discos de otros artistas en los que Crosby ha colaborado prestando su voz supera con creces el número de sus propios discos: Joni Mitchell, Jackson Browne, Art Garfunkel, Jefferson Airplane, Carole King, James Taylor, Phil Collins, Indigo Girls, Boby Dylan, Kenny Loggins, David Gilmour, John Mayer, por citar sólo algunos pocos.

Ahí de esas aguas de siempre, de esa "música comunitaria" formada de acordes distintos, de armonías imposibles y letras que hablan del interior con la misma fuerza que denuncian las injusticias de este mudo, nace Here If You Listen. El año 2015 David Crosby, irreverente músico que maneja el mismo su twitter y facebook, escucha por internet a un grupo de jazz fusión de Broolyn, Snarky Puppy, y nos dice a todos los fans e internautas cuán buena es esa banda hasta la saciedad. Unos meses más tarde los sorprendidos miembros de Snarky Puppy invitaban a Crosby a grabar con ellos. Creo que nadie pensaba lo que se venía: un año después, David Crosby pedía a Michael League, líder de Snarky Puppy, que le produjese su siguiente disco: el resultado por Lighthouse (GroundUP/ Verve, 2016) que compusieron y grabaron juntos, y una gira en la que el viejo hippie de corazón se hizo acompañar de lo que él bautizó como la banda Lighthouse, es decir, Michael League y las vocalistas (guitarristas y teclistas y compositoras extraordinarias también) Becca Stevens y Michelle Willis.
Dos años después, y otro disco por medio, aquel Sky Trails (BMG, 2017) producido por su hijo, James Raymond, Crosby llama a estos tres músicos y les dice:quiero hacer otro disco con vosotros, pero no quiero que sea un disco mío en solitario con vosotros como invitados, quiero que sea un disco colaborativo de nosotros cuatro.

Y así comienza la magia. Se reúnen en la primavera de este 2018 en un estudio neoyorquino con sólo dos canciones, Your Own Ride, de Crosby, y Janet, de Michelle Willis, y en un mes componen y graban juntos todo el disco. El resultado es sensacional, especial y mágico. A veces quiero oír las reminiscencias sonoras de de aquel David Crosby de los años 60 y 70, y de repente se cruzan y fusionan en ellas voces y sonidos de otros lugares y otros tiempos, a veces es la voz y las letras de Crosby las que dan forma y color a ritmos foráneos y nuevos, incluso hay saltos en el tiempo maravillosos: dos maquetas de dos canciones inacabadas grabadas por Crosby hace medio siglo y que 50 años después son rescatadas y completadas. Escuchar como la voz y la guitarra de un David Crosby veinteañero se fusiona y mezcla con su voz 50 años después, acompañado de otros tres músicos impresionantes resulta algo mágico.

Here If You Listen (BMG, 2018) es el regalo de cuatro artistas creando arte. Sentados delante de lienzo vacío, mezclando los colores de sus paletas y pintando los cuatro a la vez, completando trazos aquí o allá. El resultado, es del arte y de las musas mismas. Acá hay cuatro que aún saben escucharlas y que saben dejar en el aire sutiles mensajes, sutiles melodías para aquellos que aún saben escuchar.

No escribo más. Me vuelvo a las aguas del mar.
Escuchen.




(Y por cierto, si les gusta el disco, compren una copia en CD o LP, los servicios de música en streaming por desgracia no dan de comer a los artistas...)

lunes, 25 de diciembre de 2017

Sonidos del 2017

Se acaba el año y hago recuento de los discos que me han acompañado estos meses. Cada canción un momento, un recuerdo, una emoción. Me quedo con estos:


David Crosby: Sky Trails (BMG)

John Mayer: The Search for Everything (Columbia)

  Natalia Lafourcade: Musas (Sony)
 
Becca Stevens: Regina (GroundUP)

Silvia Pérez Cruz: Vestida de nit (Universal)

Pablo Guerrero: Mundos de andar por casa (Warner)

Perotá Chingó: Aguas (Tai)

Emily Saliers: Murmuration Nation (MRI)

Stills & Collins: Everybody Knows (Wildflower/ Cleopatra)

Michael McDonald: Wide Open (Chonin/ BMG)

Rozalén: Cuando el río suena... (Sony)

Ismael Serrano: 20 años. Hoy es siempre (Sony)

Natalie Merchant: Butterfly (Nonesuch)

Chris Hillman: Bidin' My Time (Rounder)

sábado, 7 de octubre de 2017

Caminos celestes

Tiene 76 años. Comenzó su carrera en aquellos años 60 del siglo XX: resurgimiento de la música folk en Estados Unidos, pacifismo, generación hippie. Fue parte de aquella revolución musical y cultural: folk-rock, comunas, Woodstock. Parte también las voces de una generación: un puñado de canciones-protesta, himnos generacionales que siguen resonando. Luego llegaron los años de excesos y el infierno de las drogas... La odisea personal de David Crosby es tal, que es por desgracia más famosa que su música. Seguramente, si hace 50 años le hubiesen preguntado si se imaginaba todavía haciendo música 50 años después, hubiera soltado una carcajada y luego dicho que no.

Y sin embargo, por encima de todos su avatares personales, eso es precisamente lo que se ha mantenido: la música. El propio David Crosby se pregunta porqué. Porqué después de una vida de excesos, de ver como amigos compañeros generacionales se han ido yendo (Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jerry García, Paul Kantner, ...), el sigue aquí, con la musa en plena efervescencia creadora y su voz guardando los tonos dorados de la vejez para sorprenderle incluso a él mismo.

No tiene respuesta a esas preguntas. Por eso, da las gracias y hace lo único que sabe hacer: música, canciones, discos. Nuevas canciones. Nuevos discos. Porque tampoco es hombre anclado a un pasado de éxitos. Ha estado en un par de grupos con los que alcanzó la fama y vendió millones (The Byrds, Crosby, Stills, Nash & Young) pero él nunca ha escrito ningún éxito. "Yo escribo esas canciones raras" dice. Graba música simplemente porque siente necesidad de compartirla: "aquí están mis nuevas canciones, me importa una mierda si les gustan a alguien o no, el que quiera, que escuche". decía hace un año. Y graba música "nueva": sigue buscando nuevos sonidos, nuevas colaboraciones. Esas nuevas colaboraciones son sin lugar a dudas parte de la magia de sus últimos discos: James Raymond -músico productor- un hijo dado en adopción a principios de los 60, reencontrado con su padre biológico 30 años después para comenzar una extraordinaria colaboración musical que dura ya dos décadas; Snarky Puppy, un grupo de Jazz fusión descubierto por Youtube y promocionado por Twitter con el que terminar grabando discos; el jazz, los territorios sin explorar en su bagaje musical.

Todos los músicos en la banda de David Crosby soy hoy más jóvenes que él. Algunos podrían ser incluso sus hijos. Y él, que mantiene vivo ese espíritu comunal de la era hippie les invita a que escriban canciones con él, a que desarrollen sus ideas en el disco, a que produzcan. "Cuando compones con otras personas es como si en tu paleta se multiplicaran los colores con los que puedes pintar. Es algo maravilloso".

De esos colores han surgido 3 discos en los últimos cuatro años. El último, Sky Trails (Caminos Celestes) se acaba de publica a finales de septiembre, y es la muestra última y perfecta de ese universo de colaboraciones e intercambios que hecha sus raíces en esos años comunitarios de la década de 1960: es un álbum ecléctico: hay jazz, folk, ritmos flamencos, rock... Canciones protesta, baladas románticas, himnos filosóficos, temas de denuncia social, introspecciones. Nueve canciones nuevas y una versión, un guiño a una de sus musas y amiga: Joni Mitchell. Cada canción del disco tiene vida propia, habla por si sola, y es a la vez tan diferente y parecida a la siguiente, creando un imposible crisol que hace escuchar una y otra vez el disco sin encontrar la canción favorita: todas lo son.

Todas y ninguna de estas canciones serán éxitos. La industria discográfica, reconvertida en mp3 y "streamings" sigue buscando canciones del verano, ajena a la verdadera música. A Crosby poco le importa eso. Ya no cree en un sistema acabado. Graba sus discos y los cuelga gratis en internet, los promociona por facebook y twitter y anima a los escuchantes a pasar de las descargas digitales y comprar el CD o LP, única forma -además de los conciertos- de que el arista reciba algo por su trabajo. Nosotros, sonreímos y compramos el disco, el que gira y da vueltas y nos sentimos como mecenas, apadrinando el trabajo de un artista para que pueda seguir produciendo arte con el que movernos, animarnos, estremecernos. No hay millones por medio, pero la riqueza que ambos recibimos es invaluable.

No encontrarán muchas emisoras ni televisiones que pongan el nuevo disco de David Crosby, pero si escriben "David Crosby Sky Trails" en youtube, encontraran a puñado de enamorados compartiendo canciones. Así, boca a boca, canción a canción, el disco crece, viaja, da vueltas y vuelve a comenzar. Sky Trails. Un disco que, como un buen cuadro, una escultura, o un poema, es una obra de arte.

lunes, 22 de mayo de 2017

Summer of love

Este año se conmemoran 50 años de aquel verano del amor de 1967, aquel verano de los jóvenes con flores en el cabello caminaban por las calles de San Francisco en California, EE.UU., y por otras calles y plazas de otras ciudades a lo largo de Estados Unidos y poco después también replicando su ejemplo, en otras calles y plazas del mundo.

La cultura hippie fue uno de esos movimientos culturales -o contraculutrales- que floreció en los años 60, una época en la que el cambio parecía posible, en la que una nueva generación que no había vivido ya los sucesos de la segunda guerra mundial, o la postguerra, una generación que se había criado en aquella norteamérica del crecimiento económico, de los avances tecnológicos, del rock 'n' roll, ansiaba romper con la rigidez de una sociedad tradicional, asentada sobre costumbres, valores y modos que no respondían ya a un mundo cambiante.

Era una generación y una sociedad que abogaba por acabar con la discriminación racial, apoyando el movimiento por los Derechos Civiles, que criticaba el intervencionismo militar oponiéndose a la guerra de Vietnam, que no tenía miedo a esgrimir consignas pacifistas o revolucionarias, que reivindicaba la figura de aquellos que, décadas antes y por haberse atrevido a hablar, fueron silenciados acusados de falsos crímenes como el ser comunista.

Una generación abierta también a la experiencia, a experimentar nuevas formas de vivir, de organizarse como sociedad, de expresar su sexualidad, de manifestar su arte, de tener otras vivencias a través de el abrazo de otras religiones o experiencias místicas o espirituales, a través de la experimentación con drogas, o con otras sustancias también.

En las raíces de esa generación estaban quizá las letras de aquel The Times They're a-changing de Bob Dylan, o de aquel If I Had a Hammer de Pete Seeger, padrino de toda una nueva generación de cantautores. Y es que la música fue una parte esencial y aglutinante de todo ese movimiento: cualquier manifestación cultural y social iba acompañada de música: We Shall Overcome, himno del movimiento pro Derechos Civiles, es quizá el mejor ejemplo. En la música se daba además ese mestizaje que el establishment, la sociedad tradicional no permitía: el rock 'n' roll era la fusión de ritmos negros y blancos, el blues empezaba a saltar las barreras étnicas, el jazz lo haría poco después, como poco después aparecería también el country-rock, sin olvidar que fue la época en que se dio el salto y se abrieron las puertas a la fusión con otros músicas del mundo: artistas sudafricanos como Miriam Makeba o Hugh Masekela traían sus ritmos, Ravi Shankar sonaba en todos los festivales hippies, y canciones como Guantanamera se convertían en éxitos en una sociedad anglosajona donde lo latino todavía tenía un gran camino por recorrer.

Esta auténtica explosión y fusión musical de aquellos años 60 del siglo XX es quizá lo que más ha permanecido patente en nuestra sociedad de consumo actual, y es quizá por eso que se ha desvirtuado la herencia de aquella generación y aquel movimiento cultural que fueron los hippies: no todos los artistas que surgieron en los 60 eran representantes de este movimiento o vivían de acuerdo a sus principios, sucediendo además que los grandes iconos musicales, entronados en el Olimpo, fallecidos jóvenes (Hendrix, Joplin, Jim Morrison) no eran los grandes representantes del movimiento. Una herencia desvirtuada porque en nuestro afán por lo escabroso y lo prohibido, mucha de la prensa y la literatura se ha centrado en la cultura de las drogas ("la única cosa en la que nos equivocamos", en palabras de David Crosby, uno de los mayores representantes de aquella cultura hippie). Una herencia desvirtuada porque los que hoy día reciben el nombre hippies (los jóvenes de aspecto desaliñado, vistiendo diferente, fumando, viajando a lo mochilero, etc.) poco o nada tienen que ver en su forma de vida con la filosofía de aquel movimiento contracultural de los 60. ¿Dónde está, por ejemplo en estos nuevos hippies, el compromiso social, de lucha, de pacifismo, dónde la filosofía de un Sartre, o el discurso de un Martin Luther King? Evaporado y olvidado tras una apariencia estética que, tras una imagen superficial oculta un interior hueco.

En la década de 1960 el interior estaba lleno de un compromiso social y personal marco por una serie de valores, que junto a esa nueva forma de vida, a esa nueva forma de organizar la sociedad, de vivir, hacía de los miembros de este movimiento personas comprometidas con la lucha pro Derechos Civiles, el pacifismo, o un primer ecologismo. No es de extrañar que muchos de ellos desfilasen en las marchan en contra de la discriminación racial, protestasen en contra de la guerra de Vietnam, contra el bloqueo a Cuba, o que, ya en los 70, encabezasen algunos de los principales movimientos ecologistas como aquel No Nukes en contra de la energía atómica. Y no es de extrañar que las letras de muchas de esas canciones hablasen precisamente de estos temas: canciones protesta, canciones con contenido social, canciones políticamente no correctas.

¿Qué queda hoy de todo esto? Queda el testimonio: las canciones, las películas, los documentos, las historias, todo eso que los mass media y esta sociedad de consumo trivializan difundiendo únicamente la superficie, la imagen de ruptura hoy ya idílica, haciendo de serigrafías del Ché o de Jim Morrison estandartes de "algo" que en realidad no es "nada". Y quedan también las voces, aún vivas de muchos de esos hippies que, ya quizá fuera del candelero de la fama, han seguido cultivando un estilo de vida, o han seguido manteniendo una filosofía personal, un compromiso social y político. Quizá no aparezcan ya en la televisión, quizá no convoquen masivamente a jóvenes en conciertos, quizá su música ya no suene en todas las radios, pues sigue siendo una música incómoda (quizás mucho más incómoda ahora, pues el ejemplo de quien canta es totalmente incómoda a los ojos del orden social actual), pero están ahí.

Estos días se publica el primer sencillo del nuevo LP de David Crosby. Una canción, un ejemplo que me ha hecho soltar la pluma y escribir este pequeño artículo. Que 50 años después, este hippie de corazón siga haciendo música, y lo haga por amor al arte, floreciendo de nuevo creativamente, rodeándose de músicos jóvenes, reinventándose una vez más, me ha parecido uno de esos ejemplos indelebles de que la esperanza nunca se pierde, de que todo cambio es posible, y de que siempre, siempre queda algo. Algo se mueve un milímetro, algo cambia, imperceptiblemente, pero lo hace. Después de las drogas, de los excesos, de la fama, de los millones de discos dólares, si en el fondo estaba el compromiso y el arte, estos son los que quedan, los que permanecen, y esa energía y vitalidad de She's got to be somwhere, el nuevo sencillo de David Crosby, y esa sonrisa en el directo, son la prueba de ello. 50 veranos después del verano del amor.

domingo, 23 de octubre de 2016

El faro

Miro en sus ojos. Son la luz a través de la niebla, una niebla que se confunde con su pelo cano libre al viento, que soplan y susurra y arrastra melodías intrincadas, melodías que la marea arrastra desde las enigmáticas profundidades abisales para dejaras reposar tranquilamente en la espuma en la orilla del mar. Las últimas notas se apagan en la guitarra, en el aire queda la vibración de la última cuerda vocal, como un espíritu en el aire.

Me sobrecojo. Me estremezco. Una canción más: un viaje más, un baile más. Me emociono. Me pierdo en el viaje en la noche, no entiendo sus caminos al principio, pero la melodía me llama, me arrastras, me invita a seguirla con los ojos abiertos a la oscuridad de la noche. Hay algo extraño y familiar a la vez en esos acordes. Y de pronto, después de varias vueltas, soy yo mismo. Yo y los acordes somos uno, y volvemos a surgir y a escondernos como la marea, incansable, cantando armónicamente sobre una playa en alguna cosa.

El viento. El abrazo que me rodea, la voz estremeciéndome por dentro y la luz, rompiendo a través de la niebla. No encuentro palabras sencillas, no encuentro una explicación al porqué la música de este hombre me estremece, me emociona y me deconstruye como ninguna otra para volver a hacer juntar todos los pedacitos de mi ser.

Desde el inicio él era el raro. El que mezclaba folk con ritmos de jazz, el que elegía acordes extraños y trazaba armonías imposibles y escribía canciones que no sonarían en ninguna radio de éxitos pero que permanecían ahí, latiendo en mi subconsciente de manera perenne cuando los éxitos se habían apagado. Cómo me atrae el arte de este hombre. ¿Uno de mis héroes? Varias veces me han preguntado eso. No me atrevería a llamarlo así. En el fondo, creo que no me parezco a él: el hippie abierto a todo tipo de experimentaciones, una persona sin pelos en la lengua hasta el punto de ser tan sinceramente aplastante que puede llegar a ser irreverente y herir. ¿Será esa sinceridad suya lo que me atrae? ¿Será su compromiso social y político, ese que mantiene vivo a pesar de que los soñadores años 60 quedaron ya muy lejos, lo que une a él? No lo podría decir, y creo que tampoco importa. Lo que me atrapa de él es su arte: su música. "No tienes que amar a alguien para compartir y reconocer su arte". Él mismo lo dijo. Por encima de cómo pensemos cada uno de nosotros, de cuáles sean nuestras creencias o ideologías, hay algo que nos une y nos hace estremecernos ante el misterio de la vida y caminar juntos a pesar de nuestras diferencias: el arte. La música, la poesía, la pintura,... arte.

Recojo los pedazos de mi mente y alma diseminados en el aire de la sala mientras suenan las últimas notas y me siento pensativo unos segundos antes de volver a escuchar el disco una vez más. La música me arrastra y la honestidad y libertad de lo que expresa me hace salir a fuera a gritarlo, a expresarlo, a compartirlo, a gritar mi mismo yo.

Lighthouse es es el último faro que ha encendido David Crosby. Surgió espontáneamente del atreverse a convivir, componer, compartir con otros músicos: descubrirse y escucharse y no tener miedo a dejar que surja algo nuevo de un trabajo hecho juntos. Es en parte la historia del encuentro entre Michael League, un joven músico de jazz y David Crosby, el hippie eterno, siempre dispuesto a probar de nuevas aguas musicales y a tender su mano y prestar su voz a otros artistas. Es también un disco honesto y directo, grabado en apenas dos semanas y lanzado al aire así, fresco, desnudo, sin adornos. Una mirada penetrante a nuestros ojos para hacernos partícipes de esa realidad nuestra y de ellos que tantas veces nos ocultamos.

Una luz encendida guía y brilla con la fuerza del arte y mantiene viva la llama de lo humano, que es el arte mismo.

Look in their eyes (Mira en sus ojos) (D. Crosby - M. League)

Amigo de una sombra
vagabundea
no conoce país ni dios ni rey
pasa desapercibido a tu lado
no le oyes cuando llora
pero si te acercas un poco
hay una ventana a su vida
mira en sus ojos:
obsérvalos en la oscuridad
¿qué encuentras?
sin vida, sin chispa.
Mira en sus ojos
y observa la oscuridad.

Abraza a su niño
del mismo modo que te abraza tu madre
se está dando la vuelta
es lo que realmente quieres hacer
pasa desapercibida a tu lado
ni te das cuenta cuando muere
realmente nunca la ves
¿puedes mirar dentro de sus ojos?
Mira en sus ojos
observa el fuego ardiente
¿qué encuentras?
la libertad es el único deseo
mira en sus ojos
observa el fuego

Arrastrándose por una playa
lágrimas en la espuma del mar
extraños en una tierra extraña
sobreviviendo desde el día que nacieron
ni te das cuenta cuando pasan a tu lado
no significan nada para ti
pero si miras atrás verás
que es tu historia también.
Mira en sus ojos
huellas en la arena
¿que encuentras?
los ciudadanos olvidados de este mundo
mira en sus ojos
verás miles de kilómetros
¿qué encuentras?
madres, padres, hijas, niños
mira en sus ojos
familias abandonadas
¿que encuentras?
todo está expuesto ahí.

mira en sus ojos
¿qué encuentras?

miércoles, 27 de enero de 2016

La mansión de mi padre

Estos días es acá en esta selva amazónica en Ecuador, donde todavía coexisten dos mundos separados, un olvidando ya que debe permitir coexistir al otro. El mismo cuadro se repite en varias partes del mundo. ¿Será que hemos olvidado ya esas palabras escritas hace milenios y no somos capaces de reconocer el valor y el significado de la palabra compartir?

Hoy hace dos años que se fue Pete Seeger, un hombre que precisamente decía que proponía dejar de usar la palabra amor, ya muy gastada y mal utilizada, y usar en su lugar la palabra "compartir". Siempre guardaba en su zurrón una canción que encajaba a la perfección con cada momento de la vida. Hoy, resuena esta en mi cabeza con más fuerza que nunca.

My Father's Mansion's Many Rooms
(Pete Seeger, 3 Mayo 1919 - 27 Enero 2014)

La mansión de mi padre tiene muchos cuartos
tiene espacio para todos sus hijos
siempre y cuando aprendamos a compartir Su amor
y ver que todos son libres.


Y ver que todos tienen libertad para crecer
y ver que todos tienen libertad para saber
y son libres de abrir o cerrar
la puerta de su propio cuarto.


Qué es un cuarto sin una puerta
que a veces se cierra y otras permanece entreabierta
qué es un cuarto sin una pared
para mantener afuera las miradas y los oídos de los demás.


Y los moradores de cada cuarto deben tener
el derecho a elegir su propio diseño
y los patrones de color que les gusten
aunque sean diferentes de los mios.


Sí, y cada puerta tiene su propio diseño
según la forma de pensar de su dueño
y aquellos que quisiesen que sean todas iguales
no entienden el juego humano.


La mansión de mi padre tiene muchos cuartos
tiene espacio para todos sus hijos
pero sólo si compartimos su amor
y vemos que todos son libres.


En nuestra elección está compartir esta tierra
con todos los gozos que nos rodean
o continuar por el camino actual
y destruir la mansión de Dios.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Mùsicas del 2015

Escribo sobre mi vida, sobre las felinescas aventuras nocturnas o diurnas, sobre la enrevesada política, y dejo al viento algún poema. Y sin embargo, la mayoría de las noches mis horas antes de dormir las llena la música. Estos son algunos de los discos que nos deja el 2015. Gracias a todos estos artistas (y muchos otros) por seguir componiendo sueños...

(los enlaces de escuchar reproducen el disco en Spotify)

Indigo Girls: One Lost Day
(IG/ Vanguard)
Escuchar








Shawn Colvin: Uncovered
(Fantasy)
Escuchar








the innocence mission: Hello, I Feel the Same
(Korda)
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Brandi Carlile: The Firewatcher's Daughter
(ATO)
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James Taylor: Before this World
(Concord)
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Emmylou Harris & Rodney Crowell: The Travelling Kind
(Nonesuch)
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The Mavericks: Mono
(Valory)
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10,000 Maniacs: Twice Told Tales
(Cleopatra)
Escuchar

martes, 22 de diciembre de 2015

Un mensaje de paz: Turn! Turn! Turn! - 50 aniversario

Hace 50 años, en el número 1 de las listas de éxitos de EE.UU. sonaban guitarras de 12 cuerdas y unas armonías vocales únicas poniendo ritmo rock a unos versos escritos miles de años atrás, trayendo un mensaje de paz en aquel invierno de 1965, marcado por la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles y la desesperanza en general que marcaba y por desgracia marca todavía a gran parte del mundo.

Eran The Byrds, un joven grupo enmarcado por la crítica bajo un nuevo género musical, folk-rock, y la canción Turn! Turn! Turn! (to everything there is a season), escrita por Pete Seeger, quien, en 1956 había adaptado y puesto música a unos versos tomados del Eclesiastés. Creo que era la primera vez que unos versos de La Biblia sonaba en emisoras de música rock, y se quedaban 3 semanas en lo más alto, convirtiéndose en uno de los himnos generacionales, y en una de las canciones todavía hoy más escuchadas de aquellos mágicos años 60. El propio Pete Seeger escribió entonces una carta a The Byrds felicitándoles por el arreglo de su canción, maravillado de escuchar uno de sus temas en las listas de éxitos. La infinidad de artistas de que desde entonces han versionado la canción, muchas veces siguiendo el mismo arreglo eléctrico de The Byrds, demuestra la calidad de una de esas canciones perennes.

Y ahora, 50 años después, sigue sondando y sigue de relevancia. 50 años. Me sorprende la cifra. A pesar del paso del tiempo, no me suena a música añeja, puedo oir sonidos como estos en la música de hoy, el mensaje me trae de vuelta la esperanza y paz necesaria para comprender y sanar este mundo. Fue entonces un imprevisto mensaje de navidad, y lo sigue siendo hoy.

... Un tiempo para la paz, creo que aún no es tarde.

Feliz Navidad a Todos.

Turn! Turn! Turn! (To Everything There is a Season)
Letra del libro del Eclesiastés, adaptación y música de Pete Seeger

Para todas las cosas -gira, gira, gira-
hay un momento -gira, gira, gira-
y un tiempo para todos los propósitos bajo el Cielo.
Un tiempo para nacer, un tiempo para morir,
un tiempo para sembrar, un tiempo para cosechar,
un tiempo para matar, un tiempo para sanar,
un tiempo para reír, un tiempo para llorar.

Para todas las cosas -gira, gira, gira-
hay un momento -gira, gira, gira-
y un tiempo para todos los propósitos bajo el Cielo.
Un tiempo para construir, un tiempo para derribar,
un tiempo para bailar, un tiempo para penar,
un tiempo para lanzar piedras
y un tiempo para recogerlas.

Para todas las cosas -gira, gira, gira-
hay un momento -gira, gira, gira-
y un tiempo para todos los propósitos bajo el Cielo.
Un tiempo para el amor, y un tiempo para el odio
un tiempo de guerra, un tiempo de paz,
un tiempo en que deseas abrazar,
un tiempo en que deseas estás solo.

Para todas las cosas -gira, gira, gira-
hay un momento -gira, gira, gira-
y un tiempo para todos los propósitos bajo el Cielo.
Un tiempo para ganar, un tiempo para perder
un tiempo para desgarrar, un tiempo para coser,
un tiempo para el amor, un tiempo para el odio,
un tiempo para la paz, creo que aún no es tarde.

miércoles, 1 de julio de 2015

Llevado por la marea

Como si fuese una ventana abierta a otra dimensión. Un portal mágico me permite cruzar en un instante miles de kilómetros de distancia y sentarme entre la gente, en un teatro, en una lejana ciudad que no conozco, mientras él, de pie sobre el escenario, desencadena una melodía en su guitarra y llena todo el espacio, y me hace sentirme allí, vivo.

En el mismo espacio, yo, a miles de kilómetros, en la selva, sentado en un teatro de una ciudad del norte de Estados Unidos, aquí, sí, y allá también, atrapado por la magia de unas notas que saltan en mi interior y me hablan con fuerza.

No sé qué tiene la música de este hombre que me atrae de tal modo. La magia del internet, de un "enlace en tiempo real" y la magia oculta en la música de David Crosby, que traspasando los ceros y unos del internet, llegó hasta mí hace unas noches, haciéndome partícipe de un compartir maravilloso. Parecía más vivo que nunca. Podía tocar el aire del teatro con mis dedos, sentía el aire llevar las notas hasta mis oídos. Durante unas horas, olvidé mi selva, se borraron sus sonidos y todo lo ocupó la marea de sonidos de la guitarra y la voz de este hombre, que, desde la primera vez que lo escuché se quedó en mi médula y sigue estremeciéndola por dentro con cada nota. Un hombre que a sus más 70 años es aún capaz de coger su guitarra, y sin nada más llenar la estancia y vibrar con fuerza, de seguir hablando ese idioma único y comprometido. Nadie, nadie escribe canciones como este hombre. El viaje siempre resulta incierto y reconfortante. Un viaje mágico por aguas profundas, desconocidas y cercanas a la vez.

Rusty and blue (tristes y oxidados)
David Crosby

Cómo puedo agrupar estas palabras en un racimo
juntarlas en un montón, como plumas en tu suelo
Viajes y bosques marinos, de azul profundo y oxidado,
coserlas en una funda, y dejarlas en tu puerta

Vidas de gente, gente cuyas vidas
me fascinan
Toda mi vida, toda me vida
he querido entender

Hay un hombre en la esquina, tiene la luna en sus ojos
Viene de visita, y lleva un disfraz
me pregunto si está buscando amigos o verdades.
Creo que está llamado a alguien desde esa cabina.

Y la mujer sonriente contesta,
vence al miedo con sus ojos
piensa que la vida está bien, por eso creo que es sabia
y mi corazón quiere darle un regalo tan grande
que hablará por mi y le dirá donde estoy parado.

Y yo estoy de pié en una columna
y ésta se derrite como el hielo
de años que he vivido y algunos que he vivido dos veces
y tengo todas estas plumas y hojas en mi piso
y no quiero seguir volando dando vueltas, perdido.

Y siento la necesidad de juntarme, de revolver y buscar
de sacudir mi vida y darle un estirón
para traer conchas a la superficie y mostrártelas a ti,
regalos del fondo del mar, tristes y oxidados.

Estas dos vidas guardan mi atención bastante bien,
ya sabes, las vidas casi nunca corren paralelas
como las tablas en el piso, todas ajadas y gastadas,
predestinadas y encajadas mucho antes de que naciésemos.

Vidas de gente, gente cuyas vidas,
me fascinan.
Toda mi vida, toda mi vida
he intentado comprender,
comprender.

miércoles, 22 de enero de 2014

CROZ

Eran mis tiempos de instituto. Ajeno a lo que sonase en la radio, yo descubría por primera vez la música de los 60 y 70, y empezaba a sentir especial afición por el folk-rock y la música "acústica", de "raíz" como le dicen algunos. Había descubierto a Crosby, Stills, & Nash viendo la película de Woodstock y recuerdo que el album So Far pasaba literalmente las horas y horas dando vueltas en mi reproductor de CDs, una y otra vez, aquellas voces.

Necesitaba más. Como no sonaba mucho esa música en la radio, y el internet todavía sonaba a ciencia ficción, lo mejor era descubrir discos a tientas o en el mejor de los casos dejarse aconsejar por el sabio dueño de la tienda de discos. No se bien porqué, pero poco después de haber escuchado So Far mil veces, fui a la tienda de discos y le dije al dueño -mi amigo Luis- "pídeme If I Could Only Remember My Name... de David Crosby". Luis me miró, sonrió y tomo nota. 15 días después pasaba a recoger el disco. Luis, que siempre me comentaba y recomendaba discos, volvió a sonreír con cierto aire enigmático y diciéndome, "mira ya llegó tu disco." Sabía perfectamente lo que me iba a pasar, y como buen amigo, no me dijo nada, dejó que hiciese el viaje solo.

Tranquilamente, en casa, me senté en el sofá, metí el CD en el discman, me puse los casos, y pocos minutos después mi cerebro se hizo añicos. ¡¿Que diablos era eso?! ¡Ese disco era más raro que un perro verde! ¡No había por donde cogerlo! Y sin embargo, a pesar de la decepción inicial, algo en él me atraía. Lo volví a escuchar varias veces los días siguientes y poco a poco mi cerebro se fue reprogramando adaptándose a nuevos mundos sonoros, creciendo, abriéndose a nuevas escalas musicales. Desde entonces, éste disco, y la música particular de David Crosby, forman parte intrínseca de mi ADN. Hay algo en ella que me hace vibrar como ninguna otra.

Nadie, nadie escribe canciones como David Crosby. Su música al principio provoca cierto shock. Él no escribe canciones pegadizas, éxitos que te atrapan de una y que tarareas todo el día. Su música requiere escucharla con tranquilidad, penetra poco a poco por los poros de la piel, y cuando te das cuenta, te embriaga y no dejas de escucharla: el éxito pegadizo por muy bueno que sea se convierte en algo demasiado simple, te gusta pero te cansa, mientras que ese extraño tapiz musical creado por David Crosby sigue sonando infinitamente en tu interior, como un río, un océano de música constante. Su música es especial y única, y aunque como casi todos se ha dejado llevar por modas temporales, sus sonido es característico, muy personal y difícil de clasificar y definir. Solo sirve escuchar y dejarse llevar.

No sé bien qué azar del destino me hizo fijarme en la música de este hombre en vez de seguir la de alguno de sus contemporáneos, sin duda mucho más accesible. Quizá fuese el hecho de que él tocaba en dos de mis bandas favoritas, The Byrds y Crosby, Stills & Nash", quizá fueran aquellas evocadoras imágenes al inicio del Woodstock con Long Time Gone como música de fondo. No lo puedo decir. Y sigo sin saber porqué su música me hace palpitar como lo hace. Creo que la música es parte del lenguaje del alma, parte del misterio que nos hace humanos, ese que nunca desvelaremos por más que lo intentemos porque en el fondo no es necesario desvelarlo.

Estos días, David Crosby publica disco nuevo. Por una vez, por internet hablan de su música, de su arte y no de su azarosa vida personal. El mismo Crosby dice que ha grabado el disco "porque tenía esta música dentro de mi y tenía que dejarla salir". Dice que no le importa si nadie lo escucha, si no vende ni un solo ejemplar, lo ha grabado por que quiere, por amor al arte, sin más. Lo ha grabado sin apoyo de ninguna gran discográfica, arañando tiempo y dinero de acá y allá, a lo largo de 3 años, y lo ha publicado en Blue Castle Rercoords, el sello discográfico que él y su amigo Graham Nash creasen hace un par de años para poder grabar discos a su antojo sin presiones estúpidas de mercado, indiferentes a si venden un millón de discos o solo media docena.

Pero basta ya de tanta palabra. Mejor escuchen. Prueben. Déjense llevar. Quizá les atrape como a mí y les ayude a soñar, arropados por extraños acordes en la noche.
El disco sale a la venta a finales de mes. Estoy más que seguro de que algún bicho raro lo acabará comprando y romperá la estadística de Crosby que dice que no aspira a vender más de una docena. Mientras tanto, totalmente contracorriente, se puede escuchar el disco ENTERO y TOTALMENTE GRATIS en internet. Y en este caso no hay nada ilegal en ello. Hagan clic, abran los oídos y los poros de la piel y déjense llevar.

"Croz", de David Crosby (clic para escuchar)

martes, 21 de agosto de 2012

50 años después... Beach Boys

Fue a mediados de los noventa que descubrí la musica de los 60. No se bien ni porqué ni como. Yo era poco más que un mocoso de 11 o 12 años, todavía en el colegio, cuando empecé a escuchar rock 'n' roll de los 50. Bill Haley, Chuck Berry, Little Richard... eran mi banda sonora diaria. Lo mejor fue descubrir un día que mi mejor amigo, Mario, compartía los mismos gustos. Qué curioso nos conocíamos desde el parvulario pero nunca habíamos hablado de música. Recuerdo que fue algo así como: "Escucha esto, es rock 'n' roll de los 50, a ver si te gusta". "¡Claro que me gusta, yo tengo algunas cintas de Elvis!"

Comenzó entonces un largo intercambio y copia rápida de cintas y más cintas. Creo que más de una vez debimos agotar todo el stock de TDKs vírgenes de las tiendas de nuestro pueblo. De Elvis pasamos a los Beatles y la música de los 60 y 70, y, poco a poco expandiendo nuestro universo musical, siempre, creo, con los pies más en el pasado que en el presente.

Uno de los primeros grupos que se metieron en mi médula hasta el fondo, de los primeros que compré un CD original, fueron los Beach Boys. Allá por 1993 o 1994, canciones como Surfin Safari, o Surfin USA, Help me Rhonda, Don't Worry Baby, y tantas y tantas otras, llenaron mi vida. Recuerdo conversar de aquellos dicos que cumplían entonces 30 años, de los mágicos 60, y de quién pudiese ver a alguno de esos grupos en concierto, si es que aún tocaban.

Por eso, cuando ayer, me enteré de que los Beach Boys están celebrando su 50 aniversario, y que tiene un nuevo disco (y vaya disco) no puedo sino sentir admiración y nostalgia. No son el único grupo de los 60 que sigue desfilando por los escenarios estos días, de eso estoy seguro, pero el hecho de que haya pasado tanto tiempo (20 años o más) sin oir nada nuevo de ellos, y el hecho de que lo nuevo de ellos sea tan especial como lo que hacían hace 40 o 50 años le da un toque nostálgico y mágico. Esas voces, esas harmonías, esas letras: california, playas, surf, verano... Uno vuelve a desconectar, y vuela, en el tiempo y en el espacio, sólo con música, sin necesitar nada más.
50 años. Se dice pronto. Por supuesto ya no son los adolescentes o veinteañeros que hacían pegadizo rock 'n' roll y música surf, ya no persigue chicas por las playas de california, y, viendo fotos de ellos por internet, siento que se han hecho muy, muy viejos, hasta el punto de parecerme un anacronismo: ¿abuelos rockeros? Alguno dirá que parecen ridículos. Pero, en este caso la imagen no es lo que importa, sino la música. Y la música de los Beach Boys, se ha echo añeja, a madurado y envejecido como un buen vino. No hace falta verlos, en su nuevo disco, no hay una foto del grupo. Basta con cerrar los ojos, probar un sorbo y dejarse llevar.
A mi me han llevado estos días a los años de mi temprana adolescencia, a una época en la que todavía estaba descubriendo las verdades y mentiras de este mundo, y en la que todavía se podía soñar, en mi cuarto, con los Beach Boys sonando en el radiocaset...

That's why god made the radio....

martes, 3 de enero de 2012

10 años de discos

He recibido un correo de un amigo, muy dado a las listas él, que me pide que seleccione los mejores discos del silgo XXI. La verdad es que me ha traído nostalgia el mail. Hace ya tiempo que empleo mi tiempo en esas cosas. Antes, cuando estábamos en el colegio o en la universidad, solíamos discutir sobre cuál era mejor grupo, el mejor disco, y cosas así...
Hoy día, mi cabeza piensa más en otras cosas. No he dejado de escuchar música, me encanta y sigue siendo uno de mis pasatiempos favoritos y mi principal método para desconectar del estrés diario; y sí, sigo al tanto de los nuevos discos de mis artistas favoritos, y, aunque por limitaciones geográficas y económicas no los compre, si puedo, los descargo de internet. Pero, como venía diciendo, ya no es lo mismo. De momento, el fánatico coleccionista de discos, colecciona otro tipo de experiencias vitales.
¿Volveré a buscar entre viejos vinilos joyas perdidas, a seguir amueblando mi casa con CDs ya perseguir la pista de sonidos cada vez más variados? No lo sé. Hoy, atrapado por la nostalgia del email de mi amigo, dejo aquí una lista de discos del siglo XXI que me vinieron a la cabeza en forma de melodías mientras pensaba en el pasado esta tarde. Parece mentira que hayan pasado ya diez años. ¡Cuanto han cambiado nuestras vidas en ese lapso! ¿Será que envejecemos y no nos habíamos dado cuenta?

2011
Hard Bargain, de Emmylou Harris
Beauty Queen Sister, de Indigo Girls

2010
Leave Your Sleep, de Natalie Merchant
At the Mermaid Parade, de Katell Keineg
Holly Happy Days, de Indigo Girls

2009
Poseidon & the Bitter Bug, de Indigo Girls

2008
Time the Conqueror, de Jackson Browne
At 89, de Pete Seeger
Didn't it Feel Kinder, de Amy Ray
Solo Acoustic vol. 2, de Jackson Browne

2007
We Walk in Song, de The Innocence Mission
Peace Bridge, de John & Mary & The Valkiries
Live in Dublin, de Bruce Springsteen with The Sessions Band

2006
We Shall Overcome: The Seeger Sessions, de Bruce Springsteen
Living with War, de Neil Young
Morph the Cat, de Donald Fagen
These Four Walls, de Shawn Colvin
Tideland (BSO), de Michael Dana y Jeff Dana

2005
The Other Side, de Chris Hillman
Prom, de Amy Ray
Amos Lee, de Amos Lee

2004
All that We Let in, de Indigo Girls
Crosby*Nash, de David Crosby y Graham Nash
Beat Cafe, de Donovan

2003
Everything Must Go, de Steely Dan
Seeds: The Songs of Pete Seeger, vol. 3, de Pete Seeger & Friends
Twelve Arrows, de Judith Owen
What's Wrong with this Picture?, de Van Morrison
Stumble into Grace, de Emmylou Harris
Befriend, de The Innocence Mission
The House Carpenter's Daughter, de Natalie Merchant
Auterretratos, de Luis Eduardo Aute

2002
Down the Road, de Van Morrison
Way out West, de Chris Hillman y Herb Pedersen
Become You, de Indigo Girls
Songs for Survivors, de Graham Nash
Brainwashed, de George Harrison
October Road, de James Taylor
Monuments, de Kate Campbell
The Naked Ride Home, de Jackson Browne
Hijas de Eva, de Pedro Guerra

2001
Just Like Gravity, de CPR (Crosby Pevar Raymond)
Motherland, de Natalie Merchant
Ten New Songs, de Leonard Cohen
Little Sparrow, de Dolly Parton
Songs in Red & Gray, de Suzanne Vega
Treasures from the Folk Den, de Roger McGuinn

lunes, 19 de octubre de 2009

Pete Seeger: La fuerza de una canción

No se cuantas reseñas he escrito ya sobre este músico en el blog, lo que sé se es que seguramente esta no será la última. De alguna manera misteriosa, la música, la vida, el ejemplo de este hombre viene a buscarme una y otra vez y me dice en clave "adelante, no te rindas".
Este mes he vuelto a ver -una vez fue suficiente, pero tenía que volverla a ver- una película documental titulada Pete Seeger: The Power of Song, que el director Jim Brown ha hecho recientemente sobre la vida de este singular hombre de nombre Pete Seeger.
Conocía ya de sobra la trayectoria musical de Pete Seeger, sabía de su labor como activista social, de sus luchas y sus ires y venires por esta vida para sacar adelante las ideas y proyectos más peregrinos y utópicos, a veces con éxito, a veces con no tan buena fortuna. Pero me falta una parte del cuadro: el lado humano, personal, de este hombre. Ya se, ya se, parte de el se respira en su obra, en su música; sin embargo, a veces una imagen, un testimonio nos aporta algo más, y nos hace creyentes, o por lo menos nos da la fuerza para reafirmarnos en nuestro camino día a día.
Ver en esta película a Pete Seeger, trabajando y cantando por los trabajadores, marchando en contra de la Guerra de Vietnam (y otras tristes guerras), navegando a bordo del velero Clearwater para conseguir limpiar el río Hudson, pasando sus conocimientos y su amor por la música tradicional del su país y de otros países del mundo a los jóvenes, sin esperar nada más a cambio que el que ellos aprendan las canciones y la sabiduría que yace en ellas; compartiendo momentos sencillos con su familia y amigos y haciendo de ellos algo importe... todo esto al final le llena a uno el espíritu y le hace decir para sí mismo: "sí, aún hay esperanza, otro mundo, otra vida es posible".
Invito a todo el mundo a que busque y vea esta película. Aunque nunca hayais escuchado la música de Pete Seeger y no sepáis quién es, o aunque hayáis escuchado algo de su música y no os haya llamado especialmente la atención, dedicad 90 minutos de vuestro tiempo y dejaros llevar por el ejemplo de este hombre.
No creo que encontréis la película colgada en la red. Este tipo de productos escapan a las grandes distribuidoras, y también a los piratas-freaks, que al final son un producto más de los mass media (aunque ellos opinen lo contrario) Pete Seeger: The Power of Song está publicado en DVD en Estados Unidos. Es un disco NTSC -Zona 1 en inglés con subtítulos en inglés y español. Yo tuve que piratear mi lector de DVD para poder verlo. Supongo que es una parte más de esa necesidad tan imparente estos tiempos de romper las fronteras que nos han sido impuestas.

Oh, had I a golden thread (Si tuviese un hilo dorado)
Pete Seeger

Si tuviese un hilo dorado
y una aguja igual,
tejería una hebra mágica
diseñada por el arcoíris.

En ella tejería la valentía
de las mujeres que dan a luz.
En ella tejería la inocencia
de los niños de toda la tierra.

En ella tejería la inquietud
de los hombres, siempre en movimiento,
a través de las abrasadoras arenas del desierto,
a través de las ventiscas del norte.

Más allá de las aguas
ofrecería mi tejido mágico
por ciudades extranjeras,
por todas y cada una de las tierras.

Mostaría a mis hermanos y hermanas
mi diseño del arcoíris.
Sanaría este mundo arrepentido
con mano, corazón y mente.

Más allá de las aguas
ofrecería mi tejido mágico
a todos los seres humanos
y así podrán comprender.

(La letra original en inglés, aquí)
Judy Collins - Had I a golden thread

- "Ahí está Pete Seeger, que viajó por la Ruta 66 con Woody Guthrie, que se mantuvo firme ante el Comité de Actividades Ani-americanas y fue incluído en la lista negra por mantenerse fiel a sus principios, que caminó a lado de Martin Luther King por las calles de Selma, Alabama, que apadrinó el movimiento de canción radical, el mardo de Toshi Seeger, un hombre que toca a Beethoven en el bajo. Esto es Pete Seeger, una inspiración." (Billy Bragg, músico británico)

martes, 21 de julio de 2009

Ciudades e invierno.

Después de un año en la selva tropical, la vida en la civilización "moderna" u "occidental" se me antoja fea, ruidosa, un continuo ir y venir deprisa, unas prisas inventadas e innecesarias que llaman estrés.
La calma, la tranquilidad de las gentes y paisajes amazónicos penetró en mí a lo largo de este pasado año y ojalá no se vaya. No digo que allá todo fuese idílico. No en vano llevo un año viviendo en una actividad continua de 5 de la mañana a 9 de la noche que ya empiezo a echar de menos, pero la gente allí tiene una manera diferente de ver la vida: algo así como "no merec la pena correr porque llegarás de todos modos al final del camino" o "haz las cosas despacio, da igual demorarse 2 que 6 horas". Si pierdes el bus de las 11, no te preocupes, coges otro más tarde. Esa es la filosofía. Y siempre hay algo que hacer mientras esperas: mirar con calma los distintos puestos del mercado, comer algo, charlar con el vendedor, o simplemente mirar el río, la selva, los animales...
Llevo una semana en Chile, y, aunque esto es un pueblo de unos 20.000 habitantes, las prisas corren ya a mi alrededor: camina deprisa para no perder el bus de las 6 que si no toca esperar a las 6:15; la gente corre por el supermercado mientras yo camino como bobo mirando los diferentes productos... por no decir del ruido y humo de los coches y este invierno en que todo está muerto porque la gente se esconde en sus casas.
En realidad todo está muerto y gris sólo dentro de la gente que se encierra en sus casas con la excusa del frío. Afuera todo es vida: el sonido del viento, los colores y brillos de la luz invernal en la costa, los gansos, flamencos, y otras vandadas de pájaros que surcan los grises cielos de este frio sur.
Y también hay vida en las calles semidesiertas de estos pueblos: el ruido de los barcos de madera que se mecen en el puerto mientras las gaviotas y los pelícanos pasan por la bahía mientras un pescador solitario les observa al tiempo que recoje una red. El olor a madera ardiendo que sale de las chimeneas de las calles. Los vendedores embutidos en gruesos sacos de lana y forros polares coronados por un gorro de lana que llenan las semivacías plazas con olores y voces que anuncian empanadas calientes y milcados.
Y por encima de todo ello, el rumor del mar, el olor a costa, el viento frío y húmedo. La vida, en el invierno.

Parte de esta magia del inverno, el redescubrir de la belleza dentro de nuestro apresurado mundo occidental surgió de estos días observando el océano y los paisajes aquí en la isla de Chiloé. La otra parte me la hizo recordar la música de The Innocence Mission, un grupo cuya música siempre será para mí la de la belleza y armonía en nuestras grandes urbes, especialmente en invierno. Mientras redescubro esa belleza urbana y natural, descubro también que tiene un nuevo EP (salió en diciembre, en el invierno septentrional) ¿Pura coincidencia, o cosas del destino?
Sea como sea, se ha convertido en la banda sonora de éste, mi primer invierno en Julio.
(El EP lleva el título de Street Map y lo podéis escuchar y comprar en la web del grupo)

viernes, 8 de mayo de 2009

Un poco de cultura "politicamente incorrecta"

Nunca comprenderé el término "políticamente incorrectos" que usan sobre todo en los EE.UU. para referise a manifestaciones culturales que critican o se enfrentan a las bases sociales y de poder establecidas. ¿Incorrectos políticamente? Pse. Los más incorrectos son los políticos, según yo. Y, además, si cada 24 horas cambian de signo político nuestros gobiernos, con semejante inestabilidad, con semejante falta de programas, de valores, con esos partidos que sólo buscan que todo el mundo les vote, sean los votantes de un extremo u otro, ¿Quiénes se creen para decir que es correcto o incorrecto?
Mientras descanso y convalezco en esta violenta urbe casi a orillas del mar, aprovecho tiempo para conectarme e intentar ponerme al día, escuchando y viendo, gracias a internet, películas y músicas que están a años luz de llegar o siquiera interesar a las gentes comunes y llanas de este país, sobre todo de la zona en que trabajo, pues ellos tienen otras preocupaciones diarias mucho más acuciantes. Yo sin embargo por esa "libertad" que me da el haber nacido en una familia de clase media en un país desarrollado, siento la obligación de seguir preocupándome no sólo por ayudar a salir adelante a estas gentes de acá, si no de seguir con la oreja puesta en orientación parabólica para ver qué más pasa por el mundo y seguir hablando, protestando, preocupándome por asuntos que tienen lugar a miles de kilómetros de aquí, pero que al final nos afectan o afectarán a todos.

Anteayer, me dediqué por ejemplo a ver el documental CSNY/ Déjà Vu, una película dirigida por Neil Young sobre la gira que en 2006 Crosby, Stills, Nash & Young realizaron por los EE.UU. para promocionar el disco de Neil Young Living With War, un trabajo protesta en contra de la guerra de Iraq, la admistracación de George Bush junior, y también como apoyo a todas las víctimas, veteranos, familias rotas, etc. desengañadas y desamparadas por una administración militarista. El documental no es para nada una filmación de un concierto de CSNY, los conciertos, la gira, es únicamente, el núcleo alrededor del cual se ofrece una visión de las reacciones y posiciones que genera entre la sociedad americana un conflicto militar y social como este, y un llamado o pregunta ¿Deben los músicos, los artistas, alzar la voz y expresar sus ideas, aunque sean políticamente incorrectas, o deben cantar únicamente para anastesiar al pueblo y hablar de amor hueco y asuntos banales que no molesten ni idignen ni aún menos hagan pensar a nadie? En el largometraje encontraréis argumentos a favor de ambas posiciones. Pensad. Esgrimid el vuestro propio. Yo ya lo tengo bien claro, desfilé un día bien firme y orgulloso, con la voz bien alta y con palabras que ofenden a los necios y "rectos" y lo seguiré haciendo una y otra vez, hasta que se den cuenta de que la violencia, los corsets y estructuras rígidas y egoistas, no son bienvenidos.
Libertad de Expresión. Freedon of Speech. Paz.

Otro elemento políticamente incorrecto es un anciano que el pasado día 3 de Mayo cumplió 90 años. Su nombre es Pete Seeger. Un hombre sencillo tras el cual se esconde toda una vida luchando, cantando, trabajando, por mover a la gente a no callarse, a expresar sus pensamientos y construir un mundo distinto, más justo. La web está plagada estos días de artículos y páginas dedicadas a Seeger, donde se habla de la vida de este hombre, así que no veo necesidad de repetirla acá. Me voy a dedicar a recomendaros su último CD, At 89, un nuevo disco que se publicó a finales del año pasado en el sello Appleseed Recordings en el que Seeger nos ofrece canciones nuevas y viejas, propias y ajenas, grabadas en solitario o con el acompañamiento de amigos, en las que nos transmite su amor por la música tradicional de su país, por los valores sencillos que forman a todos los pueblos de forma universal, y como no, su fe en la raza humana, en esa certeza de que si todos nos ponemos a trabajar ya, mano con mano, aún podemos deshacer este terrible intento que es nuestra vida actua y tender un camino seguro hacia el futuro que pueda seguir las próximas generaciones. Sentaros, dedicar un tiempo a este disco, escuchad.

Por últmo recomendar también el nuevo trabajo de Indigo Girls, Poseidon and the Bitter Bug. A las Indigo Girls no les ha ido muy bien este último año en lo que se refiere a el mundo discográfico: el sello para el que trabajaban, Hollywood Records, les pego la patada. Sin austarse, cogieron su música, sus voces su guitarras y grabaron un nuevo disco, un trabajo sencillo de 10 temas que son sencillas canciones folk adornadas con cariño y experiencia, y ahora lo lanzan al mercado de forma independiente, del mismo modo que lo hacían allá a mediados de los 80 antes de que la industria discográfica les abriera las puertas, esas mismas puertas que hoy les han cerrado. Y es que el mundo se está llenando hoy día de sordos cuya capacidad auditiva solo capta el tintineo de las monedas y cuyo sentido del tacto sólo reacciona cuando manosean billetes. Por suerte hay personas como las Indigo Girls, conscientes de que hay gente de mente abierta, ojos atnentos y oídos sabios dispuesta a recibir y aprenciar esfuerzos involuntarios por aliemtar el espíritu de las personas, persoas sin miedo a preguntar ¿Por qué? y protestar ante el sordo-por-egoismo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Jackson Browne - Time the Conqueror (2008)

Jackson Browne es uno de los artistas que más admiro. No sólo me gusta su música, la poesía de las letras de sus canciones, además me admira el recorrido musical y personal que ha hecho a lo largo de su vida. Jackson Browne comenzó cantando canciones romáticas, de temática sentimental o personal, y de pronto, un día, por algo o por alguien, decidió mirar más allá de su ventana y su mundo y comenzar a cantar también por y para el que sufre, alzando su voz por todas esas mal llamadas "causas perdidas", ofreciendo cantos de esperanza y también duras canciones protesta en contra de sistemas y políticos irresponsalbes para con el pueblo. Después de escribir aquellos míticos Take It Easy, Stay, Late For the Sky, These Days,... alzó la voz con himnos como Lives in the Balance, For America, How Long, y otros. Su música y su rostro se ha visto asociada desde la década de 1970 a mil y un conciertos benéficos, a movido organizaciones como No Nukes (en contra de la energía atómica) a apoyado a las víctimas de Nicaragua y El Salvador en los 80 protestando contra la política de su país (EE.UU.) y tendiendo manos amigas, y ahora, a sus 60 años, sigue al pie del cañon, mezclando en sus discos hermosas letras personales, canciones de amor, de solidaridad, cantos a la libertad y rabiosas canciones de protesta. Ejemplo de ello es su último trabajo, Time the Conqueror, que vió la luz el pasado mes de septiembre en Inside Recordings, un pequeño sello independiente propiedad del propio Browne. A pesar del paso del tiempo, que cura heridas y perdona pero también nos va desgastando, Jackson Browne sigue demostrando un vitalidad increíble y sigue añadiendo esperazan y energía al día a día de las gentes de aquí y de allá.
Un rostro conocido entre los muchos que en algun momento dijero basta y decidieron cambiar el rumbo de sus vidas arriesgando un poco de si mismos para entragar aún mucho más al los demás. Ojalá siguiera más gente este tipo de ejemplos. Es posible cambiar, ya se sea músico, político, profesor, o albañil. Todo es proponerselo, abrir bien los ojos, vivir bien despierto, no cerrar la mente a nada, escuchar el llanto e intentar calmarlo.
Gracias Jackson Browne por seguir dando ánimos.

Far From The Arms of Hunger (Jackson Browne) en Time the Conqueror (2008)

Far from the arms of hunger /Lejos de los brazos del hambre
Far from the world disorder /Lejos del desorden del mundo
Beyond the reach of warfare /Más allá del alcance de las guerras
Blinded by faith no longer /Nunca más cegados por la fe
No longer free to plunder /Nunca más libres para expoliarNo longer safe to rule /Nunca más a salvo para dirigir
A world no longer ours alone /Un mundo que no sera sólo nuestro

Where people walk in wonder /Donde la gente camine maravillada
And speak to one another /Y hablen los unos con los otros
And recognize as brother /Y reconozcan como hermana
The face across the border /La cara al otro lado de la frontera
Across a sea of differences /A través de un mar de diferencias
Across the drifting sands /A través de las revueltas arenas
The joining of our hands in time /La union de nuestras manos a un tiempo

When will we find /Cuándo hallaremos
We can no longer look away /Que ya no podemos apartar la vista
When will we mind /Cuándo admitiremos
The killing in our name each day /El crimen que se comete cada día en nuestro nombre
When we decide /Cuando decidamos
That all our might just weighs us down /Que nuestro poderío nos hunde
Then will we find /Entonces hallaremos
The means to turn our world around /Los medios para descubrir nuestro mundo

When will we find /Cuándo hallaremos
When will we mind /Cuando adtimitiremos
When we decide /Cuando decidiremos
The means to turn our world around /Los medios para descubrir nuestro mundo

Far from the arms of hunger /Lejos de los brazos del hambre
Far from the world disorder /Lejos del desorden del mundo
Beyond the reach of war /Más allá del alcance de la guerra
There is a world where we belong /Hay un mundo al que pertenecemos.

viernes, 1 de agosto de 2008

The Beach Boys

Escuché a los Beach Boys por primera vez cuando tenía 13 años y desde entonces vuelvo a su música de vez en cuando. Nunca me ha dado la fiebre y me he puesto en plan fánatico ha completar su discografía, como me ha pasado con otros artistas, sin embargo siempre están ahí, en el fondo de mi cabeza. Da igual que artista acabe de descubrir o con cual la coja "llorona", los Beach Boys siempre acaban sonando en uno de esos momentos en que no se que escuchar, y no pasa año sin que compre algún disco suyo. Tengo la sensación de que me han venido acompañando media vida, y de que van a seguir así muchos años.
Aunque escucho a los Beach Boys todo el año, creo que es inevitable acordarse más de su música en verano. The Beach Boys, verano y playa son casi sinónimos, así que este mes de agosto os recomiendo un disco de estos chicos.
El elegido de entre su extensa discografía es The Beach Boys (1985) A los que no sean grandes fans del grupo y conozcan sus éxitos de los 60 les pillará por sorpresa ¿Beach Boys en el 85? Sí, y más adelante aún. Después de sus gloriosos años en Cápitol los Beach Boys grabaron un montón de discos en los 70 y 80 para su propio sello, Brother Records, algunos muy, muy buenos. Una lástima que esta parte de su discografía no sea conocida. Por otro lado, supongo que la elección me va a traer críticas, porque este trabajo no suele estar entre los mejores o si quiera los buenos discos de los Beach Boys. Me da igual. Puede que no sea una obra maestra, puede que peque de "disco comercial de los 80", pero a mi me encanta. Es fresco, alegre, divertido, sencillo, veraniego. Fue el disco que grabaron tras la muerte de Dennis Wilson (el primer Beach Boy que nos dejó) y el último com Brian Wilson como miembro permanente del grupo. Lo grabaron usando todo un ejército de sintetizadores para reemplazar casi todos los instrumentos, algo muy de moda a mediados de los 80, fue el primero en el que usaron grabación digital, y al margen de datos técnicos, creo que marca el incio esa etapa de los Beach Boys con Mike Love como líder absoluto, lo cual quiere decir que quedan a un lado perciosismos de estudio y música más "seria y trabajada" por sonidos de fiesta y playa. Hay a quien lo le gusta, a quien le parece inferior. A mi me encanta. Siempre me han gustado esas dos facetas de los Beach Boys: la música de fiesta veraniega de sus "Surfin USA", "I get around", "Fun Fun Fun", "Help me "Rhonda" y demás éxitos primerizos (y por qué no la del infravalorado álbum Summer in Paradise de 1992) y su vertiende más trabajada e inventiva: Pet Sounds, Smiley Smile, Sunflower... Esa capacida de moverse en los dos extremos de la balanza y salir airosos es algo que admiro en este grupo y que no oigo en muchos otros.
The Beach Boys (1985) entra en el primer grupo, y aunque tiene sus más y sus menos, os lo recomiendo como compañero veraniego; refresco para estos días de calor. Escuchado. Sin buscar maravillas sonoras de obra maestra. Es un disco para disfrutarlo como si fuera un refresco en la terraza de un bar. Incluso puede llegar a ser adictivo.
Getcha Back

Aprovecho para dejar nota también de que el pasado mes se reeditó por fin en CD Pacific Ocean Blue (1977), único disco de Dennis Wilson en solitario y uno de los discos más emotivos y personales que he escuchado. Disco de culto, joya olvidada, obra maestra... Es algo diferente. También es verano y Beach Boys, pero sobre todo es Dennis Wilson. Éste es para oirlo con clama, para sentirlo con cuerpo y alma, dejando que la música y las emociones penetren en vuestro cuerpo con cada nota. Yo aún estoy acabando de asimilarlo.