Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 1 de julio de 2015

Llevado por la marea

Como si fuese una ventana abierta a otra dimensión. Un portal mágico me permite cruzar en un instante miles de kilómetros de distancia y sentarme entre la gente, en un teatro, en una lejana ciudad que no conozco, mientras él, de pie sobre el escenario, desencadena una melodía en su guitarra y llena todo el espacio, y me hace sentirme allí, vivo.

En el mismo espacio, yo, a miles de kilómetros, en la selva, sentado en un teatro de una ciudad del norte de Estados Unidos, aquí, sí, y allá también, atrapado por la magia de unas notas que saltan en mi interior y me hablan con fuerza.

No sé qué tiene la música de este hombre que me atrae de tal modo. La magia del internet, de un "enlace en tiempo real" y la magia oculta en la música de David Crosby, que traspasando los ceros y unos del internet, llegó hasta mí hace unas noches, haciéndome partícipe de un compartir maravilloso. Parecía más vivo que nunca. Podía tocar el aire del teatro con mis dedos, sentía el aire llevar las notas hasta mis oídos. Durante unas horas, olvidé mi selva, se borraron sus sonidos y todo lo ocupó la marea de sonidos de la guitarra y la voz de este hombre, que, desde la primera vez que lo escuché se quedó en mi médula y sigue estremeciéndola por dentro con cada nota. Un hombre que a sus más 70 años es aún capaz de coger su guitarra, y sin nada más llenar la estancia y vibrar con fuerza, de seguir hablando ese idioma único y comprometido. Nadie, nadie escribe canciones como este hombre. El viaje siempre resulta incierto y reconfortante. Un viaje mágico por aguas profundas, desconocidas y cercanas a la vez.

Rusty and blue (tristes y oxidados)
David Crosby

Cómo puedo agrupar estas palabras en un racimo
juntarlas en un montón, como plumas en tu suelo
Viajes y bosques marinos, de azul profundo y oxidado,
coserlas en una funda, y dejarlas en tu puerta

Vidas de gente, gente cuyas vidas
me fascinan
Toda mi vida, toda me vida
he querido entender

Hay un hombre en la esquina, tiene la luna en sus ojos
Viene de visita, y lleva un disfraz
me pregunto si está buscando amigos o verdades.
Creo que está llamado a alguien desde esa cabina.

Y la mujer sonriente contesta,
vence al miedo con sus ojos
piensa que la vida está bien, por eso creo que es sabia
y mi corazón quiere darle un regalo tan grande
que hablará por mi y le dirá donde estoy parado.

Y yo estoy de pié en una columna
y ésta se derrite como el hielo
de años que he vivido y algunos que he vivido dos veces
y tengo todas estas plumas y hojas en mi piso
y no quiero seguir volando dando vueltas, perdido.

Y siento la necesidad de juntarme, de revolver y buscar
de sacudir mi vida y darle un estirón
para traer conchas a la superficie y mostrártelas a ti,
regalos del fondo del mar, tristes y oxidados.

Estas dos vidas guardan mi atención bastante bien,
ya sabes, las vidas casi nunca corren paralelas
como las tablas en el piso, todas ajadas y gastadas,
predestinadas y encajadas mucho antes de que naciésemos.

Vidas de gente, gente cuyas vidas,
me fascinan.
Toda mi vida, toda mi vida
he intentado comprender,
comprender.