Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 29 de junio de 2015

Vida

En el aroma de un café
hoy he visto reflejados tus ojos
¿o eran los míos?
no lo sé.
Sólo sé que preguntaban otra vez
porqué estamos aquí sentados
si en la calle no hace frío
y no hay nada que esconder;
porqué es fácil responder
a los golpes del destino
a las mentiras del poder
en este café de esquina;
y porqué la vida es un doler
de días eternos, de pies cansados
de rostros ausentes, vacíos,
de preguntas sin responder.
Porqué los sueños no pueden ser,
y los necios ser pasado
y los hipócritas olvido
y la vida sólo nacer.

No, no lo sé.
Sólo siento bajo la piel
sangre hirviente, sueños vivos
sólo escucho un latido
¿es tuyo, es mío? o...
¿es ese que escuchamos afuera
ese que quiere nacer
que nos llama desde las aceras
que clama en los rostros
sin nombre de esta ciudad?
Haz tu casa de papel
pon a hervir agua para café
yo agarraré el viento,
y al tiempo, le pediré
un minuto más
una lucha más,
hasta que el llanto
no se escuche más
hasta que no hayan heridas
ni golpes para sanar.

¿Llegará quizá un día
sin casas altas ni bajas,
sin fin ni inicio la ciudad?
¿Ese día en que para vivir
no tengamos que pelear?
No, no lo sé.

Quizás nunca lo sabremos,
pero con sangre, comprometidos
lo prometimos.