Hay ciertas canciones que me enloquecen y me hacen saltar y hacer el bobo por ahí... y todo sin alcohol o ningún otro estimulate... Música, música, mi única droga....
El rayo-X
Buscaba a David Lindley-hombre rayo y econtré cierta versión... ¡Ay! Prefiero a mi loco guitarrista de lap-steel pero estos también tienen tela. No sabía yo que en este país se hiceran semejantes locuras antaño. ¿Que nos ha pasado desde entonces que nos hemos vuelto tan sosos y comerciales musicalmente hablando?
Un chico nervioso
No hay otro igual. Locura permanente. No traduzco la letra de esta canción porque capaz que me llaman enfermo según los tiempos que corren. Cada vez nos volvemos más y más conservadores y no entendemos chistes sarcásticos y macabraso. Decadencia, una vez más.
Indiana "Bandido" Jones
Ya puestos. Y como encima vuelve a estar de moda... este viedo no tiene desperdicio.
Otro día más.
Alá, a pasarlo bien.
sábado 24 de mayo de 2008
Locuras musicales...
Burocracia
Los franceses han inventado un montón de cosas buenas. El cine, por ejempo. No esta que me ocupa días y horas últimamente. Empiezo a coger cierta manía a todos los que se sienta detrás de un escritorio en un despacho y se creen los amos del país. No van muy desencaminados la verdad. El término les viene al dedillo: "gobierno de los despachos o de las oficinas". Tal cual. Nos tienen en su poder. Si ellos no quieren darnos un papel, o si deciden inventarse uno nuevo, paralizan todo el sistema hasta que consiguen que todo el mundo se incline ante ellos y diga "muy bien, voy a bailar la conga, y sellarme la frente y fotocopiarme la retina cuarenta veces, y lo enviaré todo certificado, pero por favor, deme ese papel."
Es increible el alcance del papeleo. Para la cosa más insignificante necesita uno rellenar un impreso, y pagar una tasa, y entregarlo en persona o hacer un poder notarial (pague usted otra tasa) para que otra persona lo haga por tí. Y encima cada vez lo lían más: este papel tiene que ir sellado, este otro no, este tiene usted que recogerlo en Madrid, este se lo dan en hacienda en su provincia, el otro de más allá lo expiden el la luna... para esto tiene que pedir cita previa, no yo no se la puedo dar, tiene que llamar por teléfono....
Sin olvidar que a todo el complicado embrollo de trámites hay que sumar la posibilidad de toparse con un burócrata cabezón y aburrido que se ensaña con el ciudadano y le manda a paseo o le manda a otra oficina para que ahí le digan que tiene que volver a otro lado o que tiene que llamar a no se dónde y pelearse con una de esas centralitas telefónicas automáticas de "si quiere irse a la mierda pulse 9"
Para sacar el DNI un papel. Para irse de vacaciones al estranjero, un papel. Para irse de voluntario un año, doscientos impresos. Dentro de poco, para mear, un impreso amarillo... ¡Ay!
Con lo facil que serían las cosas si todos fuesemos un poco más honestos o por lo menos amables con el prójimo.
He de ser sincero, eso sí, y reconocer que cada vez hay menos burócratas-morugos y por suerte la gente de la administración es cada vez más amable y están dispuestos a ayudar al ciudadano. Al menos esa es de momento mi experiencia. Lo que no deja de sorprenderme es la cantidad de trámites necesarios, y lo complicados que pueden llegar a ser, para obtener un papel que, por ejemplo diga que puedes viajar al extranjero. Y sobre todo, la demora de muchos de esos trámites. ¡2 horas para poner una apostilla! Ni que tuviesen que mandar el papel a la Haya.
Supongo que todos estos árduos trámites son necesarios para el buen funcionamiento de nuestra sociedad, pero a veces envidio a eso viajeros del siglo XIX y anteriores que podian moverse por casi medio mundo sin fronteras y papeleos, sobre todo cuando me veo enredado en mil impresos y me veo camino del ministerio de información de una sociedad excesivamente burocratizada.
"Este es el recibo por su marido, y este mi recibo por su recibo. Que tenga un buen día."
No será la primera ni la última vez que tenga que verme en estos jaleos. Es algo congénito en nuestra sociedad. No podemos vivir sin papeleo, y no podemos hacerlo sencillo, sería muy aburrido entonces...
Yo prometo no acabar de insoportable burócrata. Y a los que reinan ya tras la puerta de sus despachos, les pido desde aquí un poco más de amabilidad. Pongan un jarrón con flores encima de la mesa, y, cuando se aburran, piensen un poco en el prójimo y trabajen para hacer todo el papeleo más sencillo. Son los culpables de gran parte del estress propio y ajeno de que adolece esta sociedad.
lunes 19 de mayo de 2008
Fría lluvia de otoño un mes de mayo
No sabía donde estaba. No recordaba dónde había estado. Miró a su alrededor recogiendo detalles. Sí, era un cementerio. Uno viejo, muy viejo, lleno de tumbas viejas llenas de huesos aún más viejos. La mayoría eran lápidas de piedra labradas a mano, coronadas por desesperados ángeles góticos para espantar a los vivos.
La hiedra y el musgo crecían por doquier, cubriendo tumbas y mausoleos, escalando la vieja tapia de piedra y renredantose en la herrumbrosa verja de la entrada. Había estado lloviendo, el cielo segía cubierto, las nubes de tonos grises dejaban pasar a duras penas un diáfana luz solar que no permitía saber qué hora del día era. El viento, soplando frío arremolinaba hojas caídas, llevándolas de una tumba a otra, arrastrando consigo los susurantes mensajes de los habitantes eternos del camposanto.
Caminó lentamente entre las tumbas, mirando a izquierda y derecha queriendo leer el epitafio de alguna de ellas pero sin atreverse a acercarse y trazar de nuevo con el dedo las letras labradas que el tiempo había borrado lentamente.
Fue entonces cuando le vio. Sentado en una lápida, tres calles más allá, había unhombre vestido de negro. Estaba quieto, con las manos cruzadas, la cabeza gacha. ¿El enterrador? No. Sus ropas estaban gastadas, rozadas. No sabía por qué pero no sentía miedo, lentamente, continuaba su paseo entre las tumbas hacia aquel hombre. El viento le arremolinaba los cabellos lacios, entrando y saliendo del fino vestido de primavera. No sentía frío, tampoco calor, no podía decir nada respecto del clima, de la fragancia del lugar, no sentía su corazón palpitar con fuerza, con miedo, mientras caminaba hacia aquel hombre. Éste levanto lentamente la cabeza al verla llegar mostrando una sonrisa forza.
-Hola, mi chica pálida.-
Era un hombre delgado, de miembros largos y huesudos, facciones marcadas, pelo rizado y sedoso, mojado por la reciente lluvia, y piel pálida, muy pálida. Su rostro era joven, pero en sus descoloridos ojos se adivinaban las historias de muchos años.
-Hola.- La chica se aparto de nuevo el pelo de la cara. Por primera vez se miró a si misma. Llevaba su vestido negro de noche, fragil, vaporosos. Su piel estaba blanca como la leche pero sin ese brillo habitual. Una gota de lluvia calló sobre su brazo. Se extraño. No la sintió, sólo la vio caer, recorrer su brazo y caer aún más abajo.
- Te estaba esperando.- dijo el hombr
-¿A mi?
-No hay nadie más aquí fuera. Nadie más vendrá. No hasta que caiga la noche. Faltan aún varias horas...
-¿Tú eres, estas...?
-¿Muerto? Oh, no más que otros.
El hombre sonrió. La chica volvió a mirarse su pálida piel de marfil apagado y mate. Se tocó un brazo, no para sentir, solo para ver cómo su mano tocaba lentamente su brazo, sin miedo, sin prisa. Miró a los ojos del hombre, haciéndole una pregunta que su garganta se negaba a formular. El hombre del cementrio la miró sabiamente, se levantó de la lápida y dándose media vuelta quedó mirando el gastado epitafio, repasando con los dedos las gastadas letras. La chica estaba ahora a su lado, observando el lento movimiento de la mano del hombre.
-Hace ya tanto tiempo -dijo él-, pero ahora ya no importa, ven mi chica pálida. Te contaré una historia.
"Hace años, más allá de la vieja tapia de este cementerio, allá donde terminan los caminos de cipreses y comienzan los caminos alfrombrados de los vivos, en una vieja ciudad, escondidio en una una vetusta casa en el barrio antiguo vivia un chico. Era un chico feliz, lleno de fantasías, de promesas, también de miedo, valiente en unas cosas, temeroso en otras, como todos los chicos que aún no han dado ese paso hacia la vida aldulta, como todos los adultos que viven sin olvidar a ese chico que fueron.
Todas las noches, sentado junto a la ventana, bajo la ténue luz de una vieja y polvorienta lámpara de araña, se sentaba y tocaba el viejo piano, acariciándolo con los dedos unas veces, golpeándolo con fuerza otras, sacando las más viradas melodías. Tiernas y cálidas, lúgubres también, y llenas de rabia cada vez más amenudo. Tocaba, tocaba, tocaba. Tenía unos dedos largos y ágiles, y muy buen oído.
Tocaba, tocaba, y mientras lo hacía, soñaba. Soñaba viéndose en un gran escenario, con traje de gala, la centelleante luz de las candilejas brillando en sus lustrosos zapatos mientras saludaba al público; soñaba con aquella chica cuyo pelo olía a jazmín y fresas en la biblioteca, con su sonrisa, sus ojos; soñaba que estaba en medio de la plaza de la ciudad, tocando, bailando, mientras el piano, solo, seguía cantando una alegre melodía el se perdía dando vueltas entre parejas y más parejas danzando, envuelto en aromas de jazmín y fresas.
Todos los días, después de la dura jornada, se sentaba, destapaba aquella enorme sonrisa, y acariciandole los dientes le hacía reír. El chico tocaba, tocaba durante horas, y se escapaba volando entre notas, lejos de aquella ciudad, y veía países y gentes bailando al son de su piano.
La gente le miraba de reojo, esperando ver en él esa señal tan madura, tan adulta, tan esperada por muchos. "Eso note va a dar de comer", le decían. "Búscate un trabajo de verdad, vuelve a la realidad". El tocaba, tocaba, tocaba cada vez más fuerte, con más rabia, intentando callar las voces del exterior.
Poco a poco se fue viendo solo. Amigos que cambiaban, amigos que se iban, otros que ya no escuchaban. Quiso salir, quiso buscar otras gentes con oídos más amables, ah, pero el mundo se había vuelto tan curel y despiadado según había ido creciendo y perdiendo su inocencia infantil.
El mundo exterior, libre, se antojaba tan lejano. Las paredes de la habitación eran ahora más cálidas y acogedoras, el piano, los sentimientos, cada vez pesaban más, sus pies eran lentos, sus dedos poco a poco se fueron haciendo más torpes, fueron olvidando como hacer cosquillas al viejo piano.
El día de su trigésimo cumpleaños decidió que ya era demasiado viejo para seguri sus sueños infantiles. Desde una esquina del cuarto observó como sacaba y se llevaban el viejo piano y colocaban en su lugar un metódico escritorio de oficinista. Echó una última mirada al piano mientras sus pies le arrastraban lentamente hacia el aterciopelado escritorio donde día tras día, ordenó y cubrió papeles el resto de su vida.
Sí, y se casó, y tuvo hijos, un coche, dinero, nuevos amigos y viejos amigos reencontrados, con histoiras y risas... y se hizo viejo, enjuto. Se jubiló. Cuentan que pasó sus últimos días sentado en aquel escritorio, con la cabeza erguida, los ojos entreabiertos y una lágrima escapándose mientras sus dedos tamborileaban por el borde del escritorio siguiendo alguna vieja pauta hacía tiempo olvidada".
La chica miró al hombre viejo-joven. Los dedos de este repliqueaban ahora sobre el borde de una tumba. Le delvolvió la mirada y le tomó del brazo, continuando el paseo.
-Sí- le dijo a la chica- ha pasado muco tiempo... Aquí todos hemos muerto dos veces. Primero de jóvenes y luego de viejos. Matamos nuestra alma cuando aún éramos rápidos y estabamos sanos, creyendo que con el cuerpo bastaba, pero el cuerpo se fue estropenado y secando, convirtiéndose en un trasto inútil y ahora no es más que un montón de polvo y hueso debajo de esas lápidas, mientras nuestras almas vagan por este cementerio lamentándose no haber vivido. Allí descansa un niño que quería ser biólogo en el amazonas, aquí un amante de dinosaurios y fantasmas que un día se deshizo de todos su cuentos. Más allá un actor que nunca actuó, y una escritora cuyos cuentos nunca llegaron a salir de ella. Y una chica que quiso vivir viajando pero se conformó con vídeos y postales en el calor de su salón; y ahí un muchacho que disfrutaba con olor de la uva recién pisada pero que acabó rodeado del olor del dinero que ganaba como abogado; y aquí...
Se habían detenido ante una tumba blanca como la cal. Una que aún no había sido decorada con musgo y yedra, cuyo epígrafe aún no había sido borrado por el tiempo pues aún no había sido escrito.
-Aquí quizá labren el nombre de una chica que soñaba con viajar y pintar cuadros vivos en las viejas ciudades de Europa, en las llanuras americanas y las costas alegres de pequeños pueblos olivados del mediterráneo, respiando olores y dándoles color, una chica que pintaba pero abandonó los pinceles y acabó en una facultad estudiando y enseñando lo que pintaban otros...
Una ráfaga de viento enmarañó los cabellos de la chica. Sintió el viento frío golpenándola el rostro, el olor a tierra húmeda del cementerio, las gélidas gotas de la lluvia calándola hasta los huesos, y empezó a llorar. Sus lágrimas resbalaban por las mejillas hasta la comisura de los labios dejándole un regusto salado. Su corazón empezó a latir con fuerza, sentía algo quemándole por dentro.
El chico joven-viejo ya no estaba. Se estremeció y echo a correr, fuera, lejos del cementerio.
domingo 18 de mayo de 2008
Consejos para escribir, consejos para la vida
Acabo de leer el libro de Ray Bradbury Zen en el arte de escribir. Y me ha dejado, una vez más, pensativo y ahora también con ganas de seguir sus consejos y escribir, enseñar, viajar, sacar mi yo interior cuando el me golpee en mis sueños y me diga "ahora, levántate, ve, hazlo, sin miedo". Mi admirado hombre de Illinois habla en esta colección de ensayos sobre sus musas, sobre el placer de escribir, de crear arte, ofreciendo un puñado de consejos de corazón a todo aquel que quiera dedicarse profesionalmente al arte, y también a todos aquellos que, como espectadores pasivos, consumidores desde el otro lado de la página, sienten en su interior esa punzada reprimida por crear algo propio pero no se atreven.
No son consejos desde un punto de vista técnico, sino humano, un soplo de aire fresco -o eso me ha parecido a mi, para animar a la gente a que sueñe, a que trabaje día a día por hacer sus sueños realidad a a través de su trabajo, consiguiendo que este sea menos mecánico y más humano, porque, -y esto es pensamiento mío ¿Sí no disfrutamos de alguna manera con el trabajo, si no ponemos en el algo de ese niño que todos llevamos dentro, si no buscamos el lado bueno del duro trabajo, entonces de qué nos sirve?
El libro versa de mucho más, por supuesto, y además, todos aquellos que ya hayan leído los más famosos cuentos de Bradbury, quedarán encantados descubriendo dónde encontró el autor -o mejor dicho su yo inconsciente- la inspiración para algunos de sus más célebres relatos.
No pienses, actúa, deja que salga de tí tu pansión más secreta, sin disfrazar, tal como duerme en tu cabeza, recomienda Bradbury. Yo escribo, escribo, para liberar a ese "yo" que me habla en sueños y me dice que no escuche y no piense tanto lo que los demás puedan pensar o creer a cerca de mi destino, pues es mío.
Este hombre-niño no deja de sorprenderme y animarme con su trabajo. Desde aquí le mando un abrazo fuerte, un GRACIAS enorme, por ayudarme desinteresadamente a salir adelante, a luchar por mis sueños, a no olvidar mis fantasías y a ese niño que soy y siempre seré, porque si no estaría muerto, y también a madurar, a enfrentarme a la vida y salir airoso, por muy dificil que sea el camino, y, de paso, invitar también a otros a segurilo.
[...]¿No consiste en eso la vida, en la capacidad de dar un rodeo y meterse en las cabezas de los otros para mirar el condenado milagro y decir: ¡Vaya!, o sea que vosotros lo veis así? Bien, pues lo tendré en cuenta.[...]
- Ray Bradbury, "A este lado de Bizancio <
Una magnífica reseña de Zen en el arte de escribir aquí.
jueves 15 de mayo de 2008
viernes 9 de mayo de 2008
Mundo Yo
Podría parecer una historia de ciencia ficción de las que tanto me gustan a mí. Pero no. Es sencillamente el mundo que hay al otro lado de la ventana de esta habitación, un mundo del que, creo, trato de esconderme voluntariamente, pues no comparto sus acciones, sus fines, sus inquietudes. Y además, supongo, tengo miedo de acabar convirtiéndome en uno más de los que yo llamo individuos Yo.
Vivimos en una sociedad totalmente egocéntrica. Todo gira en torno a la persona individual, a lo que a uno le gusta, lo que a uno le parece válido, donde todo el mundo se pelea por expresar su opinión personal sobre cualquier tema y hacer que esta sea oída a voz en grito por encima de la de los demás. Cada persona construye su mundo en torno a sí misma, y actúa de modo que el resto de figuras –las otras personas- bailen a su alrededor según las necesidades personales que le surgen en cada momento.
Lo que interesa es mi bienestar actual, mi familia, mis bienes, mi futuro. Hemos perdido toda visión universal de la humanidad. No sólo no nos preocupamos por otras personas fuera de nuestro círculo más próximo –que cada vez se reduce más y más a esta familia nuclear que por otro lado se va rompiendo poco a poco-, sino que incluso cuando nos preocupamos de alguien lo hacemos desde nuestra propia visión egocéntrica. Somos incapaces de ponernos en los ojos de otra persona y ver la vida como él la ve, sin prejuicios personales, y de este modo, una y otra vez intentamos modificarla –la vida de esta otra persona, me refiero- según nuestros propios gustos, inquietudes. Y cuando esa persona se niega a darnos la razón, o duda respecto nuestras proposiciones, pues muy a menudo no son las nuestras, le volvemos la espalda y le miramos como si estuviese loco o enfermo, que, desde este planteamiento egocéntrico es lo mismo, pues por locura incurable sólo entendemos esa de raíz genética o física que ocultamos dentro de casas con barrotes y adormecemos con pastillas para no tener que verla a diario.
Me da miedo. Realmente me da miedo salir y contar mis inquietudes, mis sueños porque se que no tienen cabida en esta sociedad egocéntrica y personalista, simplemente porque no son los sueños de la mayoría, o quizá peor aún, esta mayoría individualista se ha olvidado de lo que realmente es soñar, de qué son los verdaderos sueños, y no esos de plástico con los que se conforma a diario.
De todos modos no quiero prejuzgar aquí a los demás desde mi propio yo interior, pues soy consciente y acepto que mi punto de vista de las cosas no tiene porqué coincidir con el de los demás. No tiene ni siquiera porqué ser aceptado. Pero sí respetado. Eso es algo que siempre he hecho y que pienso seguir haciendo: respetar el punto de vista de los demás, y apoyarles y ayudarles a realizar sus sueños, por muy distintos de los míos que sean, por muy raros, utópicos, materialistas, o comunes que sean. Creo que en este mundo hay sitio para todos los puntos de vista, para todas las maneras de ser, siempre que tengamos claro ese único límite que describió Rousseau: la libertad de uno acaba donde empieza la del otro. Pero, además de respetar la posición del otro, creo nuestro deber apoyarle en sus decisiones.
¿Por qué, por qué nos cuesta tanto ponernos en la piel del otro e intentar ver los problemas como él los ve? ¿Por qué nos cuesta tanto ayudarle y valorar con el las cosas, sin vestir nuestras palabras con nuestros propios gustos, fines, ideas?
No lo se. No acabo de entender por qué para la mayoría de la gente es tan difícil. Yo aún no he caído en esa práctica y me he propuesto no caer nunca. Tengo mis ideas, las expreso, pero no las intento imponer a los demás ni recrimino y prejuzgo a los demás cuando expresas ideas contrarias a las mías pidiéndome consejo o simplemente buscando a alguien con quien comentar sus nuevas.
Siempre estoy dispuesto a ayudar a los demás, a ponerme detrás de la retina del vecino y ver la vida como el la ve. Y me llevo palos y más palos cuando espero que el vecino haga lo mismo por mi. ¿Qué quieres vestir de azul? Bueno, a mi no me gusta, pero te acompaño y buscamos la ropa adecuada para que seas el rey de los azules y seas feliz.
Luego me toca a mi. Digo que quiero vestir de púrpura y me llaman loco, me dicen que tiro mi vida a la basura, que no voy a ninguna parte, me ofrecen una y otra vez el azul como lo único válido y si me sigo decantando por el púrpura me dan la espalda y me condenan a un silencio frío esperando que la presión del mismo me haga cambiar de color.
Palos y más palos. Siempre lo mismo. Cada vez que sucede me dan ganas de saltar al río, no para cruzarlo a nado, sino para descansar en el fondo, lo mismo que cuando me dejo convencer e intento ser esa persona que los demás dicen que hay que ser pero que por más que lo intente no soy. Por suerte e aprendido a sobreponerme de todos esos palos. Cada vez que me deprimo debido a todas estos palos que me lanzan los demás, encuentro salida a mi depresión interna divagando sobre el papel o sobre este blog. Perdón a mis lectores si muy a menudo les sumerjo en este mar de tempestades. Es una de las pocas maneras que conozco para salir a flote.
Todo el mundo debería estudiar psicología y aprender algo de esos profesionales que tan mala prensa tienen a veces, aunque suene raro a fecha de 2008. Ellos sí saben mirar desde los ojos del de enfrente y apoyarle y aconsejarle en sus decisiones sin imponerle o sugerirle otras ideas ajenas. Gracias. Creo que he recibido algunos consejos de valor incalculable.
martes 6 de mayo de 2008
Regresos, visiones del interior, y timidez
Hace unos días mi buen amigo Kiko decidió resucitar su alter-ego virtual. "El bribón bueno", aquella bitácora virtual cerró hace más o menos un año, vuelve ahora a la vida, espero yo que ahora ya con más visión de futuro, de permanencia. Fue una pena que desapareciese, llevandose con sigo hacia ese fondo osucro donde se van los bites que ya no queremos, un monto de pensamientos, historias, dibujos, y alguna que otra acalorada discusión entre comentarios. Un montón de buenos ratos.
Os invito a descrubrir -o redescubrir- este espacio virtual libre y creativo: El Bribón Bueno
Ha decir verdad, estuve tentado en varias ocasiones de eliminar el enlace al desaparecido blog de mi colega, pero, por pereza o por alguna otra razón inconsciente, no lo hice. Ahí sigue en la sección "colegas" de este blog. A raiz de estas idas y venidas virtuales me he puesto a pensar en cuando comencé este blog, como encargo de un profesor del CAP para colocar en el una WebQuest. De repente, aquellos meses de octubre y noviembre de 2005 Blogger se llenó de nuevos espacios, algunos muy interesantes. Fuimos muchos los que, al margen de colgar en el blog nuestra webquest, decidimos comenzar a escribir en ellos sobre los más diversos temas, llevando a cabo más o menos un diario personal -que es fin primero con el que creo surgieron los blogs-.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la mayoría de la gente que empezó ha escribir entonces, lo ha ido dejando. Unos dirán que están ahora muy ocupados, otros, que realmente nunca les entusiasmó esto del blog. La verdad es que la mayoría son ahora tristes webquest solas y algún que otro blog que sólo comenzó a gestarse para abortar a los pocos meses. Durante un tiempo seguí varias de esas bitácoras del CAP, pero a medida que muchas dejaban de actualizarse, fui perdiendo mi interés, e incluso, llegué a perder (realizando esa perezosa tarea de formatear el PC cuando se vuelve tonto) los enlaces a estos blogs caperos. Creo que siguen en algún rincón el la página del profe.
Supongo que con el tiempo acabaré por lavar la cara a este blog, renovando los enlaces a sitios muertos o vegetativos por otros vivos, más presentes y concordantes con las inquietudes actuales de uno en cada momento de la vida. De lo que sí estoy seguro, es que, salvo que me quede manco o caso similar de fuerza mayor, seguiré escribiendo, para desahogarme y para alentar y animar a otros también, sean cuales sean las circustancias de mi vida y esté donde esté e independientemente de lo que haga. Algunas veces veréis de repente más entradas nuevas, otras tendréis que esperar un mes para leer algo nuevo, pero algo llegará y aperecerá para despertar vuestras mentes. Prometido.
Quiero animar también a otros a crear o retomar su blog, para que nos hable de su vida, de sus aficiones, de lo que quiera. Y que lo haga sin vergüenza. Yo me considero una persona muy tímida, quizá la más tímida que conozco. En la mayoría de situaciones sociales con desconocidos estoy ausente, fuera de sitio. Sin embargo, aquí, con la cara medio oculta tras la pantalla soy capaz de abrirme a los demás sin vergüenza, sin miedo a hacer el ridículo, lo cual no deja de sorprenderme, porque realmente llego a mucha más gente con mis palabras que cuando me voy a una fiesta y me ven sólo unos pocos. Es algo que ya me sucedía cuando hacía aquel programa de radio y soltaba mi lengua en las ondas, totalmente consciente e inconscientea la vez de que me estaba escuchando mucha gente anónima.
Son muchos los que últimamente no comparten sus perfiles, o ni siquiera permiten que su blog sea de acceso público. A mi personalmente me parece que la idea de total aceso a los blogs, sin necesidad de pertenecer a redes de "amigos" o similar es lo mejor de la aventura. Conocer nuevos compañeros de viaje, escuchar opiniones anónimas, descubrir a otros y al mismo tiempo descubrirnos a nosotros mismos. Cada vez vivimos más cerrados en nuestro propio círculo social, familiar, cada vez sentimos más miedo de hablar con extraños, quizá porque la sociedad no nos muestra más que lo malo de estas relaciones, en las que, si bien, hay "malos", creo que las buenas experiencias prevalecen.
Animo a la gente a que elimine las barreras de acceso a sus blogs, a que comparta perfiles, experiencias. Últimamente recibo cada vez más comentarios en el blog. Debe ser que me hago famoso.... La mayoría de estos son anónimos. Hace tiempo decidí permitir comentarios anónimos para que así puediese dejar su saludo todo el mundo, independientemente de que fuese usuario de blogger o no, me parece esencial este punto también. Odio todos esos otros servicios de blogs que obligan a registrate para dejar un saludo. Sin embargo, animaría a todos los anónimos a que, si tienen blog o web, dejasen la direción para que así pudíesemos devolverles la visita.
Me despido ahora, pero volveré mañana o quizás dentro de unas horas, o dentro de unos días, para volver a pintar negro sobre blanco y dar forma a alguna idea nueva y compartira con todos vosotros.
[...]
dice "no hables con extraños"
yo digo "¿porqué demonios no?"
si no hablas con extraños
dime, ¿qué es lo que obtienes?
un mundo sin sabiduría
una vida sin risas
una sensación de soledad
y amistades a medias.
[...]
De la canción "Through Here Quite Often" de David Crosby y Dean Parks. En el álbum Crosby*Nash (2004)

