El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

sábado, 30 de mayo de 2026

CrónicadeQuito I: Un hombre con prisa

- Quiero recargar mi tarjeta del Metro, por favor. 10 dólares. 
- Ya está, pero tiene que esperar un ratito hasta que se actualice y pueda utilizar la tarjeta, porque tenía saldo negativo.
- ¿Cómo?
- Tenía señor -0.05 dólares de saldo.
- ¿Pero cómo es eso posible?
- A veces pasa, señor. Tiene que espera unos 15 minutos para poder usar la tarjeta..
 
Me quedo en blanco sin saber qué contestar cuando alguien me interpela por la espalda:
- ¡Tenga señor!
- ¿Perdón? - Un tipo me da dos monedas. Me quedo si saber qué hacer ni qué está pasando.
- Le estoy pagando el pasaje, muévase señor. Un boleto señorita. Gracias.
 
Un tipo vestido con traje gris, se cuela delante de mi y paga su boleto de metro y se va corriendo y yo me quedo aún con cara de pánfilo delante de la ventanilla de recaudación. En mi mano abierta brillan dos monedas de 25 centavos. Miro para atrás y veo la fila de unas diez personas esperando para comprar el boleto. El señor del traje gris se ha esfumado escaleras abajo hacia el andén del tren. Mi amiga Milagros me espera junto al ingreso si saber cuál es el motivo de la demora. Por fin reacciono y camino hacia el ingreso al anden mirando mi boleto y la moneda de 5 centavos del cambio. Me pregunto si debo buscar al tipo apurado y darle los 5 centavos, aún intentando reconstruir la escena.
- Un tipo apurado me acaba de comprar el boleto para quitarme de en medio - Le dijo a mi amiga que sonríe divertida.
 
Tres minutos más tarde llega el metro. Ya subidos al vagón miro al fondo y veo al tipo apurado del traje gris, con un maletín de cuero, agarrado a una de las barras del metal. "Tanto apuro y llegamos iguales", pienso, y vuelvo a mirar divertido y extrañado mi moneda de 5 centavos, todavía en la palma de mi mano. 
 
El tipo apurado del traje gris con maletín de cuero en una mano, se baja en la misma parada que nosotros. Le dejo pasar apurado y desaparece subiendo deprisa las escaleras de la estación. Yo camino con tranquilidad hacia realidad externa de esta ciudad de Quito, que guarda sorpresas sobre sus calles y también debajo de ellas.
 
¡Qué cosas! ¡Es realmente todo a una experiencia viajar en Metro! 

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