Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 4 de septiembre de 2016

La razón del poeta

Varios sé que son los que me leen y se preguntan porqué últimamente sólo pueblan poemas este blog. No les puedo dar una respuesta, quizá tendría que darles varias, intentar expresar con palabras todos los sentimientos que afloran, que vienen y van como hojas cargadas por el viento, que florece y se marchitan y nos dejan el recuerdo cálido o amargo para seguir creciendo.

Y sin embargo, no voy a escribir todas esas palabras. No voy a hacer de las páginas de este blog un diario al que confesarle con prosa y palabras de análisis todos mis amores y desencantos, todas mis pasiones y arrebatos. Todo eso ya está ahí, en los poemas arrancados al sentimiento y al alma. Quien quiera mirar dentro de mi, que los lea y haga sus interpretaciones.

Lo único que les puedo decir es que, por alguna razón que no puedo expresar sino es con el ritmo y la rima, estos días ya no me salen ensayos. Ya no me salen críticas o comentarios mordaces o punzantes a la sociedad, observaciones sobre la vida que veo más allá de la ventana o el televisor, o cuando paseo por las calles de mi ciudad. Ni siquiera me nace el sentarme y añadir una página más o escribir una crítica de algún disco o película. Todo lo que me nace estos días es poesía. Poesía que esconde en su interior todas esas pasiones, esas confesiones, esos análisis de la realidad. Porqué nace ahora así, no lo sé. Y creo que no quiero saberlo. Encuentro una facilidad enorme a expresarme en verso estos días. Es algo rápido, fluido. Una catarsis de ideas que de pronto toman forma con rimas y cadencias y aromas. Siento que me embriaga el arte y le da ritmo y razón a mi vivir. Siento que es la parte que faltaba para dejar salir parte de eso que uno lleva atrapado adentro, y una parte mucho más bonita de animar a la gente a olvidarse de materialismos y vivir con arte la vida que está por vivir.

Esta sociedad se vuelve cada día más gris: más tecnificada, estructurada, planificada. No queda sitio para el arte, la cultura, la poesía. Son estos elementos que no es fácil de cuantificar y valorar, y por lo tanto esta sociedad informatizada y económicamente liberada no sabe qué hacer con ellos y los va eliminando poco a poco, dejando enormes vacíos que intentan una y otra vez sin éxito llenar de más de lo mismo. No se puede reemplazar el arte y el sentimiento con otra cosas. No hay sustitutos de esto.

Quizá por eso me he unido al grupo de los artistas, de los poetas que dan forma a la vida para que la podamos mirar de otra manera, para que la podamos saborear y en ese saborearla cambiarla un poco también. En estos días de desencanto, en que el trabajo se vuelve gris, mecanizado y burocratizado, marcado por metas y resultados cuantificables; en estos días en que las palabras "crisis económica" quieren rodearnos con su miedo y controlar nuestras vidas; en estos días en que el juego político ha llegado a su fin y lucha inútilmente por sobrevivir en medio de un contexto social que ya se ha separado totalmente de él, siento que no hacen falta más ensayos, más críticas, más artículos, sino arte. Arte para dar forma a la vida, para devolver el arte al vivir, para devolver al hombre el soñar, para sembrar utopías que se transformen en realidades y en semillas para seguir viviendo.

Si algo va salvar al hombre del profundo abismo al que se precipita cada día, será el arte. El arte como expresión para construir casas, transformar el medio, criar los hijos, dirigir la empresa, enseñar, pensar, amar, crecer. La expresión artística que con colores, rimas, sabores, sonidos, vista todas nuestras incertidumbres del vivir y le de sentido. No necesitamos ya más teorías políticas, económicas y filosóficas, sino cuadros, fotografías, poemas, cuentos, edificios sacados de un Gauidí que rompan esquemas y que nos vistan de poesía el vivir. Aprenderemos mucho más cuando logremos estoy, sabremos mirar dentro de los ojos del otro y podremos caminar con él. Me vienen de nuevo a la mente las palabras de aquel terrícola que llegado a Marte descubría la verdad del misterio y la razón de los marcianos:
Renunciaron a empeñarse en destruirlo todo., humillarlo todo. Combinaron religión, arte y ciencia, pues en verdad la ciencia no es más que la investigación de un milagro inexplicable, y el arte, la interpretación de ese milagro. No permitieron que la ciencia aplastara la belleza. Se trata simplemente de una cuestión de grados. Un hombre de la Tierra piensa: "En este cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es sólo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma". Un marciano, mucho más inteligente, diría: "Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores vienen de la vida. Es una cosa buena".[1]
Será difícil que lean a partir de ahora en este blog a alguien que no sea el marciano que llevo dentro, como ejemplo del marciano que todos llevamos dentro y no dejamos salir. Ya hay suficientes libros de ensayo, suficientes teorías y aulas de universidad donde se enseña a se profesional y eficiente. Qué falacia. Cierren los manuales vuelvan a las novelas. Dejen a un lado las explicaciones psicológicas y lean poesías, pinten cuadros, disfruten del deporte y de la música. Miren la luna y piensen en ella. De un abrazo y un beso si se enamoran y envuélvanlo en un poema o una canción si no aún no sabe como darlo en persona. Y no se conforme con consumir el arte de los demás. Disfruten de ese arte, borren el verbo consumir del diccionario. Absorban el arte que les rodea a través de los poros de la piel, y casi como por ósmosis, fúndanse en él y creen su propio arte: escriban sus poemas, sus historias, pinten, canten, abracen. Coloquen flores en los escritorios de las oficinas y sonrisas en las mañanas. Y no escriban grandes discursos: sufran, rían, vivan la vida y delen las gracias cantando como Violeta.

Seguiré escribiendo contando cuentos, sacando poemas de mi chistera o de mi desgarrada o enamorada alma. Seguiré paseando, seguiré enamorándome, seguiré peleando día a día por cambiar este mundo y seguiré remando contracorriente, convencido de mis principios. Caminaré sin prisa, miraré a la luna y a esos ojos que me acompañan o a esos ojos que me ven pasar, y cuando llegue la noche, dejaré todo acá, con voz de poeta y escritor para decirles envuelto entre rimas y colores: Todo se puede, todo en la vida es arte y el arte es vivir.

[1] Ray Bradbury, Crónicas marcianas (1950)