Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 25 de febrero de 2013

Locos por (la) televisión

Hay gente que no sabe qué hacer para matar el tiempo, y de tanto pensar, acaba haciendo las cosas más inverosímiles. No se si es bueno o malo, si es de alabar o no.

Recién ha llegado el telecable “vía satélite” a este rincón de la selva. Y hemos pasado de tener tres canales que van y vienen a merced del viento, ver tropecientos nítidos canales. A mi ni me va ni mie viene, cada vez gasto menos tiempo delante del televisor, y estoy contento de que en mi residencia no haya ni aparato de televisión, pero, esta semana pasada, mientras esperaba a que las cocineras de turno colocasen la olla sobre la mesa, me senté con el resto de la tropa a ver las maravillas de la ciencia y la tecnología en nuestra “nueva ventana abierta al mundo”.

¡Válgame Dios que mundo! Me dan ganas de cerrar la ventana, de tapiarla para no ver más. Claro que con tanto canal, al final los programadores ya no deben saber que emitir, y acaban sacando las cosas más inverosímiles: en menos de una hora puede usted aprender a doblar tubos de acero, descubrir el fascinante mundo del ensamblaje de cajas de herramientas, conocer a un tipo que es “maestro” en una escuela de francotiradores, o compartir las obsesiones de varias familias que se preparan para afrontar la próxima apocalipsis en refugios imposibles y granjas autosuficientes perdidas en medio en un bosque. Todo ello en un canal de verídicos documentales. No sabía si reir o llorar. Si cambiar de canal, con miedo a encontrarme con alguna locura mayor, si apagar la tele,...
¿Cómo puede haber semejantes esperpentos sueltos por este mundo? Al final, la realidad supera con creces a la ficción.

Pero, después del susto que supone el encontrarse con que de verdad existen ese tipo de personas que inspiran las más escalofriantes películas, lo que me deja pensativo es la necesidad de llenar nuestra vida con 300 canales de televisión, todos ellos emitiendo a la vez cosas parecidas. Porque, ¿Quién puede ser capaz de ver todo el día película tras película? ¿A quién le puede interesar el funcionamiento de una fábrica de galletas de higo, el proceso de doblaje de tubos de acero, o si Luis XVI y su santa esposa tenían problemas sexuales? De verdad que ya no saben qué inventar para sacar por televisión.
Y lo más triste, es que si lo sacan, es que hay alguien fagocitando programa tras programa, absorbiendo cada rayo de luz de los LED de la pantalla, mañana y tarde. ¿No podría alguien inventar o promocionar otra forma de pasatiempos para toda esa gente que pasa las horas en casa sin nada que hacer?
Si no queremos que los que están delante de la televisión acaben siendo mañana los locos que hoy salen por ella, habrá que empezar a hacer algo. ¿O ya es demasiado tarde?

1 comentario:

Jorge dijo...

Hola Álvaro, perdón que no te haya respondido, es que al igual que tú, el trabajo absorbe, incluso los fines de semana. En esta que pasó y la presente hemos estado preparando un sinnúmero de cosas por el aniversario de la institución. He leído tu escrito y me parecen como siempre cómicas y a la vez profundas, tus aseveraciones. Me alegro (no sé si será alegría) que ya cuenten con el embeleso de la TV,aunque como bien dices, hay canales que deberían ser censurados por las tonterías que emiten.
Álvaro, en este sábado por fin voy a estar un poco relajado (ya rimé sin querer) y quisiéramos invitarte a un almuerzo con arroz a nuestro hogar. Por supuesto, depende de que si no tienes otros planes, caso contrario, planearíamos otro día.
Me gustaría platicar contigo ye intercambiar anécdotas de estos meses que han pasado.
Te envío mis sinceros saludos
Jorge.