Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 9 de febrero de 2013

De imágenes y presencias

Escribía a mi tío Tasio este mes de enero, poco antes de regresarme a Ecuador, para disculparme por no poder llevarle un niño Jesús para el nacimiento, por problemas de bulto en la maleta y miedo de que se quebrase por el camino. Mi tío, con la sencillez y sabiduría que le caracterizan me contestó:
"No te preocupes, al niño no le necesitamos hasta diciembre (al de yeso, el Otro no necesita imágenes, anda por las calles)"

Palabras como esas, resuenan en mis oídos, como un eco que siempre está ahí, aunque a veces no le escuche, para recordarme la verdadera esencia de esta vida. Palabras como esas, me devuelven el ánimo y la fe, y me dan energía para seguir abriendo surcos, y seguir sembrando día a día.
Y sin embargo, de vez en cuando las olvido, y yo mismo me veo cambiándome de casa, de cuarto, acarreándo conmigo la imágen de la Virgen de Guadalupe, una pequña cruz decorada en Nicaragüa, y, colgándo ambas en el muro, para luego mirarlas fijamente y pedirle perdón. Perdón por volver a darle forma de imagen de yeso, de foto sobre el papel, de dos maderos cruzados. Sé que Él está aquí, ahora, presente en lo que hago, en lo que escribo, en el rostro de los muchachos y muchachas del colegio con ojos ávidos abiertos a aprender y comprender, en las manos de quienes aquí, a mi lado, y también lejos, trabajan por los demás, por ayudar a hacer de este mundo un lugar más humano, en los corazones y pensamiento de aquellos que nos guardan y nos envían su amor desde lejos, animándonos a continuar nuestro caminar cada día.

¿Es parte de nuestra esencia de humanos, de homo sapiens, -recuerdo indeleble de que somos todos los animales de este planeta parte de una misma evolución- esta necesidad de representar en yeso todas nuestras creencias? ¿Tan incapaces somos de sentir la presencia y dejarnos guiar por ella?
Siento que deberíamos cerrar los ojos y aprender a desarrollar más nuestros otros sentidos, en especial el del corazón.

Every Hour Here (a todas horas, aquí)
(Karen Peris)

Montamos en bici
alrededor del cementerio, en círculos, entrelazándonos.
Me inclino ante Ti en la cruz
¿Debo llegar ante Tí así de pronto, para siempre,
feliz, aliviada al ver que estás aquí
y puedo verte, puedo sentirte?

Eres como ese pedazo de boleto
que encuentro dentro del bolsillo de mi vieja gabardina
Ahí todo el tiempo, olvidado.
Tan amenudo parezco olvidarte en iglesias
y otras islas, y en las cuentas de mi rosario
donde puedo verte, puedo sentirte.

Saco el pedazo de boleto y lo pongo encima de la mesa, diciendo:
"Éste es dios, y el está aquí
en mis idas y venidas
pero vuelo siempre a mirar el boleto
vuelvo a mirar el boleto
vuelvo a mirar el boleto
igual que vuelvo siempre ante la cruz en nuestro muro"

Nuestra propia importancia crece tan cegadora que no te vemos
¿pero amable Jesús, no estás siempre,
no estás a todas horas aquí?

 

Del album de The Innocence Mission Umbrella (1991)