Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 12 de febrero de 2013

Como la princesa

La princesa está triste, ¿que tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa...

Estos días me siento como la princesa de Rubén Darío. Siento que me falta algo, y no se bien el qué, o mejor dicho, no quiero reconocer el qué. Busco a mi alrededor, y no hecho en falta nada, y en mi interior, me repito una y otra vez que también está todo completo y en su sitio, pero, en el fondo sé que no es así.
Cuando pensé que ya lo tenía todo, cuando creí haber encontrado un lugar, un motivo, un camino que trazar, me encuentro con que me falta esta otra mitad que camine y abra los surcos empujando mi mismo arado.
Y, es ahora, claro, ahora que todo lo demás está aquí, menos mi otra mitad, que la hecho en falta. No se donde está, no la encuentro. O quizás me miento a mi mismo, sé donde está, pero no le entrego la última llave, esa que tanto necesita para llegar finalmente hasta mi. En el fondo, creo que tengo miedo al compromiso, a ese importante compromiso en el que voy a dejar que una parte de mi cambie, sin remedio, poniendo un nuevo rumbo desconocido para mí, y a su vez, miedo a cambiar una parte importante de otra persona, que igual que yo, no será la misma una vez que ambos comencemos a abrir una nueva senda.

Siempre me he reclamado, y parece que siempre me reclamaré, el no ser una persona más impulsiva, capaz de dar saltos al vacío, capaz de girar la esquina de la vida con los ojos cerrados y abrazar lo que venga. Busco siempre seguridades, tengo miedo a provocar en mi mismo y en los demás cambios que quizá no sea capaz de controlar, o que pongan fin a la seguridad que ya tengo.

Y al final, me quedo en la cama, con los ojos abiertos, soñando despierto, esperando a que alguien bote piedras a mi ventana, a que una princesa valiente venga y me libere con su beso de este encierro.