Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 6 de febrero de 2013

Donde jueguen los niños

Donde jueguen los niños
ahí quiero estar,
donde se escuchen las voces
de caracolas de mar,
donde los días pasen rápido
como una estrella fugaz
pero el tiempo siga tranquilo
sin prisa por avanzar
hacia esa edad adulta
donde ya no se puede soñar.

Donde se escuche el viento
a través de cañaveral,
donde se escuche el canto
de hombres y mujeres al trabajar
dejando su vida, su impronta
en los campos con el sembrar;
donde la mesa sea pobre
mas la comida exquisito manjar
que cocinaron manos sabias
que poco tienen mas mucho dan.

Donde la luna vele mis noches
y las estrellas me hagan soñar,
donde me acunen los insectos
con su incesante cantar,
donde soplen lluvia y vientos frescos
que hagan a mi casa vibrar
con su ventanas y puerta
abiertas de par en par
para recibir al extraño
y compartir su soledad.

Donde una brisa corra mi cortinas
y me regale al despertar
la fragancia de flores frescas,
de voces dulces un tierno hablar
que viaje libre en el viento
sin aparatos faltos de señal;
de almas libres me traiga una risa
de labios suaves un cálido besar,
que deje en mí un sabor breve y eterno
como la espuma del mar.

No me lleven a islas desiertas
a sólidos palacios de oro y cristal
donde la gente no hable
absorta, perdida, buscando señal
Déjenme aquí donde la gente
sonríe y saluda al pasar
donde los niños, sin miedo
salen al campo a jugar
donde las diferencias no existen
y en el aire se respira la libertad.

1 comentario:

Jorge dijo...

Hola Álvaro, cada vez admiro y aplaudo tu facilidad de letras que muchas veces nos sirven para calmar un poco los avatares de la vida.
Así como tú, yo también en innumerables ocasiones quisiera estar en un lugar como lo describes en tu poema. Un lugar donde exista paz, sinceridad, inocencia sana, dulzura, cariño desinteresado, etc. Siempre he pensado que tenemos mucho en común, al igual que tú, a veces me golpea el viento de la nostalgia, y no sé por qué. De volar, volar, muy lejos, hacia otros rumbos donde el trajinar mercantilista de la vida no invada nuestro camino.
¿Será posible algún día o seguirá siendo una quimera en mi vida?
Pasando a otro campo, te has portado ingrato también conmigo, la amistad debe perdurar, o solo éramos amigos porque trabajábamos en el mismo lugar. Se te aprecia, eso tú lo sabes, pero meda la impresión que olvidas rápido a tus amigos.
Cuídate y saludos cordiales