El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

domingo, 12 de abril de 2015

Oficio de respuesta

Hace unos días leía un titular de prensa donde un cargo oficial del gobierno de España, decía que "si Podemos gana las elecciones, se acaba la democracia como la conocemos".
Personalmente, y haciendo paráfrasis con aquella publicación de La Codorniz, -si bombín es a bombon....- a mi me importa 3x lo que diga semejante persona, que para mi, dicho sea de paso, no tiene crédito ni es merecedora de reverencia ninguna; pero me dio también rabia que alguien que no es nadie se crea ser tanto y hable con tanta grandilocuencia como si sus palabras fueran las únicas, que he decidido callarle y darle contrarréplica, pues si bien yo tampoco soy nadie importante, sí soy -igual que nuestros necios gobernantes-, ciudadano español y tengo los mismos derechos y obligaciones que ellos.

"Si Podemos gana las elecciones, se acaba la democracia como la conocemos". La frase asusta ¿no? La Democracia, ese noble invento que dese las polis griegas, ha sido la que ha edificado y construido una forma de gobierno y de vida más digna, más justa, más equitativa. La Democracia, aquella que guiaba al pueblo levantando con su fuerza los principios de la Ilustración en su bandera. ¿Se va a acabar todo esto si Podemos gana las elecciones? ¡Que desastre! ¡Es como si viniesen los rusos -esos que nunca llegaron- y nos quitasen las 4 vacas que tenemos!
Terrible. Dan ganas de salir corriendo y arrodillarse y pedir que no suceda. Pero antes de salir corriendo y votar sin pensar movidos simplemente por el miedo, leamos de nuevo la sentencia:

"Si Podemos gana las elecciones se acaba la democracia como la conocemos". Dice que "se acaba la democracia como la conocemos". Osea, que no se acaba la democracia, sino una forma de democracia concreta. Dicho de otro modo, ¿existen varias democracias? ¡Eso si que suena raro, peor incluso que lo de la llegada de los rusos!
No me miren mal a mí, que ha sido nuestra compañera política la que lo ha dicho. Y miren por donde, por una vez en la vida y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con ella: hay varias democracias.

Dicho esto, la frase no es tan grave, pues de acuerdo a ella no se acaba la democracia, sólo dice que va a cambiar, que las cosas van a cambiar. ¿Y no es eso lo que queremos, que las cosas cambien? ¿A qué tenemos miedo entonces, dónde están nuestros temores? En el miedo al cambio, me diréis. Y sí, tenéis razón los cambios asustan. Bueno, pues vamos a hacer un pequeño ejercicio para ver si conseguimos derrotar a nuestros miedos. Con un poco de matemáticas, y tomando de nuevo la ecuación de La Codorniz, vamos a despejar la x de la ecuación de nuestra democracia.

¿Qué entendemos por democracia? Vaya pregunta más difícil. Lo voy a poner más fácil. ¿Qué identifica, que da forma esta democracia que tanto tememos perder, que tanto tememos que cambie? A esta democracia nuestra con sentencia de muerte le identifica: el paro, la gente sin trabajo, sin casa, sin comida, la disminución de las prestaciones sociales, las colas interminables de personas como vosotros y yo en la puertas de comedores sociales de la Iglesia o distintas ONGs, las colas de espera interminables en la seguridad social, los hospitales mal equipados, los profesionales mal pagados, el aumento del IVA y los impuestos directos, el aumento del costo de matrícula en las universidades, la reducción o eliminación de las becas de estudios, la eliminación o reducción de las ayudas a las personas mayores o con discapacidades, la privatización del agua, de la luz, de la sanidad, del Registro Civil, los desahucios, los pisos vacíos en manos de los bancos, las exenciones fiscales a las personas con mayor renta o que pertenecen a grupos privilegiados, los sueldos desorbitados de los políticos, la usura y estafas bancarias, los contratos basura,.. La lista es larguísima !cuántos adjetivos tiene nuestra adorada democracia! Osea, que si la democracia como la conocemos es todo esto, la sentencia "Si Podemos gana las elecciones, desaparece la democracia como la conocemos", es igual a decir:

"Si Podemos gana las elecciones, desaparece el paro, la gente sin trabajo, sin casa, sin comida, la disminución de las prestaciones sociales, las colas interminables de personas como vosotros y yo en la puertas de comedores sociales de la Iglesia o distintas ONGs, las colas de espera interminables en la seguridad social, los hospitales mal equipados, los profesionales mal pagados, el aumento del IVA y los impuestos directos, el aumento del costo de matrícula en las universidades, la reducción o eliminación de las becas de estudios, la eliminación o reducción de las ayudas a las personas mayores o con discapacidades, la privatización del agua, de la luz, de la sanidad, del Registro Civil, los desahucios, los pisos vacíos en manos de los bancos, las exenciones fiscales a las personas con mayor renta o que pertenecen a grupos privilegiados, los sueldos desorbitados de los políticos, la usura y estafas bancarias, los contratos basura,.."

¡Oye, ahora ya no me suena tan mal la frase! ¡Incluso me gusta! Y si además lo que desaparece no es la democracia en sí, sino esta democracia concreta que huele tan mal, ¡pues genial! ¿A qué tenemos miedo, a qué estamos esperando para hacer que se cumpla la sentencia?

Mirad, la democracia, como tantas otras palabras bonitas que acaban en boca de todo el mundo (dios, amor, justicia,...) ha sido manipulada, tergiversada, golpeada, mancillada, y nunca ha sido ni será perfecta. La democracia de las polis griegas dejaba bastante que desear, la democracia de la Ilustración, a pesar de todos los beneficios que nos dejó como herencia, nos dejó también un proceso convulso lleno de sangre. El verdadero valor y virtud de la democracia está en su significado, en su etimología: demos = pueblo, cratos = gobierno. Es decir, el gobierno  del pueblo, el gobierno que ejercemos por derecho todos y cada uno de nosotros pues nosotros, todos nosotros, somos el pueblo. Que no nos vendan otras democracias, que no nos engañen y nos hagan creer en otras democracias. Y que no nos asusten diciendo que la democracia se va a acabar. Nunca se acaba, pues la democracia somos nosotros, y con gusto construiremos una nueva, esa que no es como la conocemos, sino como la soñamos.

Espero haber aclarado algunas dudas, y sembrado otras nuevas para poder construir un nuevo futuro.

Atentamente,
"un ciudadano cualquiera"

sábado, 14 de marzo de 2015

Carrera de obstáculos

A la 6 de la mañana rompe el alba. Mi despertado suena como un frenético grillo y mi brazo como un resorte lo atrapa y lo apaga, no se si para no negar que estoy despierto o para no despertar al vecindario: hace ya unos minutos que escucho en duermevela los rezos de cuaresma de las vecinas.

Me miro en el espejo mientras abro el grifo de la ducha y espero a que el agua se enfríe: la ducha eléctrica se ha propuesto desde hace un tiempo poner el agua a hervir. Hoy no me toca afeitarme así que puedo pasar más tiempo bajo el chorro de la ducha. Duchado y vestido, el espejo rebela una mancha en mi camisa recién puesta ¡No puede ser!
Después me 5 minutos frotando frenéticamente con un poco de saliva, me doy cuenta de que la mancha está en el espejo. "Bien, bien, hoy estamos bien despiertos ¿eh?"

El desayuno, aunque me proponga llegar antes y hacerlo más tranquilo, tiene lugar a cien por hora y casi sin conversa. Mochila al hombro, parto hacia la carrera de obstáculos de la mañana. Hoy no llueve, pero ha llovido toda la noche y lloverá en cualquier momento, la calle, en obras sempiternas, es un charco enorme de aguas sucias, rodeado salpicado de pequeñas islas y rodeado de veredas irregulares y desechas. Las vecinas de la entrada comienzan a colocar en la poca acera que aún está sana sus carritos con la colada, o el café o el desayuno recalentado del día de hoy para aquellos (aparentemente el 90% de la población) que prefieren desayunar de pié en una calle de barro con ruido de excavadoras y tránsito de camionetas y personas, en lugar de hacerlo tranquilamente en casa.

En la esquina no hay como pasar. El hueco de la tubería, ese que taparon ayer, hoy es aún más grande. Alguien se equivocó ayer. El charco en la acera también es más grande, intento no caer en él, pero no hay remedio: el frío del agua en mi sandalia me recuerda que estoy en medio de la selva, en una ciudad de esas construidas siempre a medias, donde la gente, por no haberlo conocido nunca, no parece tener amor a disfrutar de una ciudad limpia, ordenada y bien traza. El inculcar ese amor propio es parte de mis propósitos aquí.

Mientras pienso en cosas quizá irrealizables, camino raudo esquivando personas y charcos. Desde hoy no se puede ir por la calle del centro, se ha sumado a la larga lista de calles cortadas por obras. Por la izquierda está la tela de araña de cuerdas tendidas de farola a farola preparadas para colgar unos horribles plásticos negros que protejan de sol y lluvia a los vendedores, o para cortar la cabeza a los que medimos más de 1,70 y caminamos despistados. Me voy dando un rodeo por el parque. Los comercios empiezan a abrir, descargan mercancías, sacan de su interior los mil y un tereques que guardaron a presión la tarde anterior y los colocan de nuevo en ese anexo de la tienda que es la acera. Salto entre los coches, los camiones, los perros y los cajones repletos de frutas, de materiales de ferretería, y de mil y una cosas más, En la puerta del colegio se apelotonan varias docenas de madres acompañando a sus hijos a la escuela un día más. Hoy por lo menos está el municipal desafiando el tráfico de la calle peatonal para que no haya desgracias. Dos cuadras más y llego al trabajo. Prefiero no mirar la hora del reloj.

El barro de ayer es hoy un chocolate espeso mezclado con arena a la puerta del trabajo. Hoy parece que los obreros se han dormido, aún no tiembla la calle con el pasar de las máquinas. Sin pensarlo, dos veces, cruzo por donde puedo y me cuelo por la puerta lateral del edificio donde voy a pasar las próximas cinco horas. El guardia sonríe y me alcanza la hoja para firmar y fichar. Con un buenos días hecho y garabato y suspiro. Mientras subo las escaleras hacia el segundo piso, miro por la cristalera hacia esta ciudad de cielo gris encapotado. "En unos meses lucirá más elegante" pienso. Me viene a la mente aquella llegada a Lago Agrio, ciudad gemela de ésta, un día de tremendo sol, saliendo de un bus para caminar por unas polvorientas calles a medio arreglar, las obras, las interminables obras de aquel primer año, las carreras de obstáculos, los charcos...
Sí, los charcos. Aquí siempre hay charcos cuando llueve, y llueve casi todos los días. Al otro lado del río, en la orilla verde, la lluvia no deja charcos, los niños descalzos corren por trochas, por caminos de tierra y lodo, para llegar a la escuela, mientras los autos de los petroleros avanzan impasibles hacia el interior de la selva, ajenos al espectáculo del nuevo día, ese que de nuevo, sigue siendo gris, salpicado de verde.

Voy a pintar un poco más de verde hoy, a ver que pasa. Y mañana también. Y pasado mañana. Voy a seguir esquivando obstáculos contracorriente, sonriendo al estúpido progreso, diciéndole con una mirada pícara "a ver si me atrapas".

domingo, 8 de marzo de 2015

Rostros de mujeres


 Compañeras de lucha, en este día de la mujer trabajadora,
con cariño.

Se llamaba Elizabeth
y era pirata en sin patria ni ley
surcando los mares
del caribe del sur

En el espejo Anouk
se pintaba para un hombre
tarde, en un café de París
fin de siglo, buscando libertad.

Y en las noches de Marrakech
cantando a la luna Fátima
sensual cimitarra sin miedo
escapaba liderando el harén.

Mientras Soledad leía los libros
prohibidos al sexo femenino
viajando a bordo de un tren
más cerca de la vida, más lejos de él.

En una calle en Nueva York
dos niños decían adiós a Edith
un silbido de factoría textil
tejiendo sueños, un nuevo vivir.

Cien policías de rostro tapado
calles con humo y barricadas
rostros llorando, hambrientos
Rosa, impasible, firme, sin miedo.

Pasa la página, la de muñecas,
la de la plancha y la rueca,
y la del príncipe azul, y
Sara abre los ojos y sueña:

hoy tiene por heroína a su maestra,
una sindicalista es su princesa
quiere dar nueva forma al mundo
quiere ser pirata, de sí misma dueña.

Diferentes y por eso iguales,
me veo yo también reflejado en ellas
comparto sus luchas y lágrimas
las reivindico en estas letras.

sábado, 7 de marzo de 2015

Capitalist Republic of China

He comprado una linterna barata en una de esas cacharrerías que abundan en tantas ciudades, uno de esos bazares donde todavía se puede encontrar de todo, pero que han perdido todo lo exótico que tuvieron -por eso quizá nadie los llama ya bazares- y se han vendido a la moda del plástico y la caducidad.

Igual sirven para engañarnos a los tontos con linternas de 6 dólares que durarán 6 meses. Me asusta pensar que ese sea el precio y la duración de nuestra sociedad, pero así es: llevamos cuánto ¿200, 300 años? desde que Adam Smith escribo el condenado libro y una y otra vez nos empeñamos en borrar nuestro pasado para vender un nuevo presente. Del futuro, nadie habla ni hablará.

El caso es que al llegar a casa, observando mi linterna de plástico sin tornillos (soy de esos que se entretienen leyendo las letras pequeñas de las cosas) leo Made in P.R,C, ¿Qué demonios es eso? O mejor dicho, ¿dónde demonios está eso? Al cabo de unos minutos, me doy cuenta: P.R.C,: People's Republic of China, es decir República Popular de China. Parece que a los chinos les ha dado porque se les llame por su nombre y apellidos. Me hace gracia, la verdad, el juego de eufemismo seguramente usado para ocultar el denostado Made in China de toda la vida. Hay que vender, y si un nombre huele mal, lo cambiamos por otro, y si además el oficial suena mejor, perfecto. Aún así hecho la carcajada pues es como si en lugar de Fabricado en España escribiésemos "Fabricado en el Reino de España", aunque en este otro caso no funcionaría económicamente, más bien supondría la ruina de las fábricas españolas.

Después de reírme, y mientras dejo la linterna en la mesa, me pongo a pensar ¿Qué le queda a esa China de República y de Popular? ¿Y acaso no es lo mismo República que Popular? La redundancia supongo que se debió a la prostitución del término República que en nuestra sociedad capitalista acabó convertida en Res privata, y por ello las repúblicas socialistas tuvieron que empezar a hablar de "repúblicas del pueblo" para marcar la diferencia.
Pues bien ¿Qué le queda a China de república del pueblo? Solamente un nombre, un título oficial que vale lo mismo que un título universitario comprado a peso por alguno de nuestros corruptos políticos.

China es el único país comunista con el que nadie se mete. ¿Por qué? Porque su economía es tan capitalista como la que más, es adalid del neoliberalismo y del crecimiento desenfrenado y excluyente, de esa globalización para unos pocos.
De China me llegan noticias de partido único, falta de libertad de expresión, de represión. Llegan también noticias de condiciones laborales pésimas, de trabajadores viviendo y trabajando en condiciones deplorables, produciendo productos de pésima calidad a muy bajo costo, de tremendas desigualdades sociales, de trabas insuperables para superarlas.
No se cuánto de esto es cierto. No me he metido de lleno a leer sobre la realidad social de China en la actualidad, pero por las pincelas de China que llegan hasta aquí, mucho me temo que todo ellos totalmente cierto y real, y que no es más que la punta del iceberg.

Aquí, en Ecuador y en otros países, China no llega en forma de noticias, o en forma de los productos de dos centavos made in China (perdón, P.R,C,) llegan en forma de cuerpos de ingenieros y trabajadores que hacen puentes, complejos hidroeléctricos, que explotan nuevos -y viejos- campos de petróleo; en forma de empresas que venden tecnología, maquinaria industrial, vehículos, etc. Toda una fuerza avasalladora cuyo fin no es exportar un nuevo modelo, una nueva forma de hacer las cosas (ese otro camino del pueblo tantas veces soñado), no, su fin es competir con las empresas norteamericanas, europeas, rusas, ecuatorianas, competir como sea por hacerse por el mercado. Y así, las chifas (restaurantes chinos) se vuelven "populares", entendiendo por ello "bajar los precios, ofrecer peores alimentos para ganar más", los campos petroleros chinos empiezan a ganarse la fama de ahorrar en medidas de seguridad y remediación ambiental, y los patronos de estas empresas petroleras de la República Popular de China empiezan por bajar el sueldo a los trabajadores.

¿Les suena de algo el cuento? Seguro que sí, es el que ya vivían y vivíamos antes de que llegaran los chinos. Al final, al otro lado de lo poco que queda de ese telón de acero, viven igual que nosotros. El pueblo no importa, no es más que efímera mano de obra par servir a los fines de unos pocos.

Ya va siendo hora de acabar con viejas imágenes y falsa propaganda, y de empezar a llamar a las cosas por su verdadero nombre. Bienvenidos a la República Capitalista de China. Gracia por ayudar a construirla con tu consumo diario.

viernes, 27 de febrero de 2015

Solo, uno.

Un día antes de que se acabe el mes
veo a través de la lluvia un cielo gris
el verde de la selva contrasta en él
y en ella nubes oscuras creciendo sin fin

La gente corre por calles de charcos
lodo y desorden, entre ruidos de carros
se esconde, asalta al vecino abandonado
a la suerte de una competencia sin juez ni jurado.

Una desordenada carrera de afán darwiniano
donde todos quieren ser primeros
donde las reglas del infinito juego
las pone aquél que llega el primero
éste es el baile que todos bailan
la canción que todos cantan
el falso sueño que todos sueñan
y enseñan, las escuelas y en los colegios
en universidades, en los medios y en Congresos
Yo-mi-mio-conmigo, y Yo siempre primero.

Y al trote de esta carrera desenfrenada
unos destruyen idólatras estatuas
mientras el bulldocer arranca árboles
y a su paso aplasta, vasijas con rostros pintadas
el último recuerdo de una vida pasada
la de un hombre que no era uno sin el grupo
aquel que no corría sino que lentamente buscaba
siento la tierra, el calor de los otros
como única base para sembrar un futuro.

Quizá por eso hoy en esta carrera
siento que no llegará nadie primero
pues cuando ya sólo hay uno
igual es primero que último.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Palabras en el viento

Un accidente en moto. Una vida que se va.
Así, en una fracción de segundo. Sucede cientos de veces, demasiadas veces. Unas no es más que otra noticia más de la crónica de sucesos, otras veces nos duele en los huesos y el alma.

Hoy siento que una parte de mí de alguna manera iba en esa moto. No es la pena y el llanto por la pérdida de un ser cercano, de la familia. Es la pérdida de una de esas semillas que uno cuidó con tanto cariño durante aquellos días de colegio. Es el dolor de esa pregunta que hace ecos en mi interior esta tarde ¿en qué fallamos? ¿no le mostramos el mejor de los caminos, ese en el que caminamos con convicción? ¿que sucedió entonces?

Cuán fútiles se me hacen hoy las palabras de la escuela. Son como astillas que se quiebran contra las duras paredes metálicas de la sociedad, como voces acalladas por el estruendo de una forma de vida-propaganda que nos ensordece. Y sin embargo..., sí, sin embargo sigo creyendo que esa educación, esas palabras diferentes que salen de la escuela, que deben salir de la escuela, son el único remedio para evitar que más vidas se vayan por caminos sin salida a la velocidad de moto de este sistema.

Cierro los ojos y veo su cara, y a continuación veo los rostros de sus compañeros, aquellos jóvenes que un día echaron a volar lejos del colegio, y no puedo sino preguntarme ¿dónde están? ¿están bien? ¿caminan íntegros por esta vida? ¿cuando dudan, cuando sufren, cuando sienten necesidad de compartir su alegría; encuentran a quién acudir?

No se si alguno leerá estas líneas. Y no quiero sonar a discurso de profe. Pero no puedo dejar de deciros otra vez: no os dejéis convencer por los espejismos de esta vida: el dinero, el éxito, las motos, el alcohol, no son más que mentiras, caminos sin salida. Aunque suene a sueño de infancia, pensad en aquellas palabras, aquellos modelos, aquellas vidas de quienes os acompañaron cuando aún no tenías la edad de caminar sólos, e intentad construir vuestra vida con ellas.
Se puede, sí, se puede. Caminad con paso lento pero firme. Y si necesitáis alguna vez consejo, si necesitáis palabras que os reafirmen, no dudéis en echar la vista atrás, en dejar mensajes en el viento, o atrapados en la red.

Las respuestas, las palabras de aliento, llegarán.

sábado, 14 de febrero de 2015

La lógica de la deconstrucción

A veces me preguntan, directamente o con inquisitivas miradas ¿Por qué no puedes dejar de preocuparte tanto por este mundo y vivir tranquilamente tu vida en tu casa como todo el mundo? La respuesta es bien sencilla:

Sí, es fácil vivir cómodo en casa sin grandes preocupaciones por el mundo, disfrutando de la vida, cuidando de los tuyos, y de ti mismo, hasta que un día te das cuenta del principio que sustenta la vida que vives: unos deben vivir mal, sufrir, sobrevivir sin posibilidades de cambio en sus vidas, para que otros vivan la buena vida, cómoda y despreocupada que vivimos.

Hay algo en ese principio que nos incomoda. De pronto hemos abierto los ojos y la base que sustenta nuestro sistema de vida no nos gusta ¿cómo puede ser tan injusta? y lo peor ¿soy yo cómplice de esta situación? La respuesta a la última pregunta es un rotundo "sí" que resuena en nuestro interior y que la mayoría lucha por acallar toda su vida sin lograrlo. Entonces nos ponemos manos a la obra para solucionar esta atroz situación y decimos: manos a buscar la manera en que todos puedan vivir igual que vivimos nosotros. La respuesta del sistema es un cubo de agua fría: no se puede; no hay suficientes recursos en el mundo para que todos sus habitantes puedan llevar el modo de vida de los que hemos nacido en el llamado mundo occidental además de en familias de clase media o alta.

Decidimos entonces que, si es imposible que todas las personas del mundo vivan nuestro nivel de vida, lo que habrá que hacer es empezar a repartir, a renunciar a algo de ese nivel de vida para que los que malviven puedan vivir algo mejor y así poco a poco la desigualdad se vuelva igualdad, una igualdad basada en la pobreza material y no en la pobreza.

Cuando hemos llegado esta última conclusión cuenta de que, si bien es perfectamente factible y soluciona nuestro problema inicial, el sistema no nos permite tomar esta opción: va en contra de los principios del mismo, dinamita y destruye las bases que lo sustenta. Pero la ecuación lógica no tiene fallo, así que el pensamiento ilógico debe ser el miso sistema, así que nos ponemos manos a la obra: no queda otra de deconstruirlo, ir desmontando poco a poco todas piedras y componiendo con ellas el producto de nuestra ecuación.