Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 14 de febrero de 2015

La lógica de la deconstrucción

A veces me preguntan, directamente o con inquisitivas miradas ¿Por qué no puedes dejar de preocuparte tanto por este mundo y vivir tranquilamente tu vida en tu casa como todo el mundo? La respuesta es bien sencilla:

Sí, es fácil vivir cómodo en casa sin grandes preocupaciones por el mundo, disfrutando de la vida, cuidando de los tuyos, y de ti mismo, hasta que un día te das cuenta del principio que sustenta la vida que vives: unos deben vivir mal, sufrir, sobrevivir sin posibilidades de cambio en sus vidas, para que otros vivan la buena vida, cómoda y despreocupada que vivimos.

Hay algo en ese principio que nos incomoda. De pronto hemos abierto los ojos y la base que sustenta nuestro sistema de vida no nos gusta ¿cómo puede ser tan injusta? y lo peor ¿soy yo cómplice de esta situación? La respuesta a la última pregunta es un rotundo "sí" que resuena en nuestro interior y que la mayoría lucha por acallar toda su vida sin lograrlo. Entonces nos ponemos manos a la obra para solucionar esta atroz situación y decimos: manos a buscar la manera en que todos puedan vivir igual que vivimos nosotros. La respuesta del sistema es un cubo de agua fría: no se puede; no hay suficientes recursos en el mundo para que todos sus habitantes puedan llevar el modo de vida de los que hemos nacido en el llamado mundo occidental además de en familias de clase media o alta.

Decidimos entonces que, si es imposible que todas las personas del mundo vivan nuestro nivel de vida, lo que habrá que hacer es empezar a repartir, a renunciar a algo de ese nivel de vida para que los que malviven puedan vivir algo mejor y así poco a poco la desigualdad se vuelva igualdad, una igualdad basada en la pobreza material y no en la pobreza.

Cuando hemos llegado esta última conclusión cuenta de que, si bien es perfectamente factible y soluciona nuestro problema inicial, el sistema no nos permite tomar esta opción: va en contra de los principios del mismo, dinamita y destruye las bases que lo sustenta. Pero la ecuación lógica no tiene fallo, así que el pensamiento ilógico debe ser el miso sistema, así que nos ponemos manos a la obra: no queda otra de deconstruirlo, ir desmontando poco a poco todas piedras y componiendo con ellas el producto de nuestra ecuación.