Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

viernes, 27 de febrero de 2015

Solo, uno.

Un día antes de que se acabe el mes
veo a través de la lluvia un cielo gris
el verde de la selva contrasta en él
y en ella nubes oscuras creciendo sin fin

La gente corre por calles de charcos
lodo y desorden, entre ruidos de carros
se esconde, asalta al vecino abandonado
a la suerte de una competencia sin juez ni jurado.

Una desordenada carrera de afán darwiniano
donde todos quieren ser primeros
donde las reglas del infinito juego
las pone aquél que llega el primero
éste es el baile que todos bailan
la canción que todos cantan
el falso sueño que todos sueñan
y enseñan, las escuelas y en los colegios
en universidades, en los medios y en Congresos
Yo-mi-mio-conmigo, y Yo siempre primero.

Y al trote de esta carrera desenfrenada
unos destruyen idólatras estatuas
mientras el bulldocer arranca árboles
y a su paso aplasta, vasijas con rostros pintadas
el último recuerdo de una vida pasada
la de un hombre que no era uno sin el grupo
aquel que no corría sino que lentamente buscaba
siento la tierra, el calor de los otros
como única base para sembrar un futuro.

Quizá por eso hoy en esta carrera
siento que no llegará nadie primero
pues cuando ya sólo hay uno
igual es primero que último.