Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 18 de febrero de 2015

Palabras en el viento

Un accidente en moto. Una vida que se va.
Así, en una fracción de segundo. Sucede cientos de veces, demasiadas veces. Unas no es más que otra noticia más de la crónica de sucesos, otras veces nos duele en los huesos y el alma.

Hoy siento que una parte de mí de alguna manera iba en esa moto. No es la pena y el llanto por la pérdida de un ser cercano, de la familia. Es la pérdida de una de esas semillas que uno cuidó con tanto cariño durante aquellos días de colegio. Es el dolor de esa pregunta que hace ecos en mi interior esta tarde ¿en qué fallamos? ¿no le mostramos el mejor de los caminos, ese en el que caminamos con convicción? ¿que sucedió entonces?

Cuán fútiles se me hacen hoy las palabras de la escuela. Son como astillas que se quiebran contra las duras paredes metálicas de la sociedad, como voces acalladas por el estruendo de una forma de vida-propaganda que nos ensordece. Y sin embargo..., sí, sin embargo sigo creyendo que esa educación, esas palabras diferentes que salen de la escuela, que deben salir de la escuela, son el único remedio para evitar que más vidas se vayan por caminos sin salida a la velocidad de moto de este sistema.

Cierro los ojos y veo su cara, y a continuación veo los rostros de sus compañeros, aquellos jóvenes que un día echaron a volar lejos del colegio, y no puedo sino preguntarme ¿dónde están? ¿están bien? ¿caminan íntegros por esta vida? ¿cuando dudan, cuando sufren, cuando sienten necesidad de compartir su alegría; encuentran a quién acudir?

No se si alguno leerá estas líneas. Y no quiero sonar a discurso de profe. Pero no puedo dejar de deciros otra vez: no os dejéis convencer por los espejismos de esta vida: el dinero, el éxito, las motos, el alcohol, no son más que mentiras, caminos sin salida. Aunque suene a sueño de infancia, pensad en aquellas palabras, aquellos modelos, aquellas vidas de quienes os acompañaron cuando aún no tenías la edad de caminar sólos, e intentad construir vuestra vida con ellas.
Se puede, sí, se puede. Caminad con paso lento pero firme. Y si necesitáis alguna vez consejo, si necesitáis palabras que os reafirmen, no dudéis en echar la vista atrás, en dejar mensajes en el viento, o atrapados en la red.

Las respuestas, las palabras de aliento, llegarán.