Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

jueves, 23 de julio de 2009

Librerías

Cada vez que llego a una ciudad nueva, a un país diferente, me gusta perderme en alguna librería. Tanto en las grandes cadenas donde uno encuentra casi de todo, como en las pequeñas librerías, de esas con cientos de libros usados que siempre tienen algún tesoro oculto entre sus paredes.
Leer es una de mis aficiones preferidas. Junto con escuchar música, es la mejor manera de matar tiempo, de relajarse o emocionarse, de viajar sin moverse de casa, de aprender, de desarrollar la imaginación y despertar el espíritu crítico.
Como me inculcaron el hábito a la lectura desde niño, como mi casa siempre estuvo repleta de libros, para mi era algo normal y habitual. Luego descubrí que no era así, que en algunas casas no se leía ni el periódico, que era algo habitual en la sobremesa de los domingos en mi hogar; recuerdo las palabras de uno de mis compañeros del instituto: "El peor regalo que me pueden hacer es un libro". Me impactó y sentí lástima por el. Cuántas cosas se estaba perdiendo. Hace años que no le veo, ojalá haya cambiado de parecer.

Cuando llegué a Ecuador, uno de mis principales intereses era entrar en alguna librería del país para rebuscar entre sus estantes y encontrar alguno de esos libros que, por estar publicados en sudamérica, son difíciles de localizar en España. ¡Que chasco me llevé cuando por fin entré en una librería! (y mayor aún cuando me decían que esa era la mejor) No había mucha variedad de libros. Era dificil encontrar algo que escapase a las vistosas publicaciones de los grandes sellos editoriales multinacionales, la mayoría estaban importados de España y eran relativamente caros, sobre todo para el bolsillo del Ecuatoriano medio. Yo esperaba encontrarme con más publicaciones sudamercanas, de Argentina, de Méjico, que, por proximidad geográfica pensé serían más fáciles de econtrar aquí que en España. Menuda decepción: lo mismo que encontraba en mi país, y además más caro.
En Ecuador no hay mucho hábito de lectura. La gente por lo general no lee. No lo digo sólo yo. Lo dicen los propios ecuatorianos. Pero por lo que oigo y veo tampoco hay muchas medidas que faciliten que aumente el número de lectores en el país, que los niños y niñas ecutorianos descubran el placer de leer: no hay buenas bibliotecas públicas o escolares, no hay muchas librerías, y los libros son caros. Yo me he pasado el año haciendo propaganda de lo sano que es leer en el colegio allá en la selva, donde tienen la suerte de contar con una biblioteca bastante bien surtida y probablemente sin comparación en los alrededores. Siempre estaba con un libro en la mano: en los descansos entre clases, en la residencia mientras los estudiantes miraban televisión o jugaban. ¿No te cansas de leer, profe? me decían. ¿Y no te cansas tú de mirar TV? Alguno al final se animaba a leer y muchos lo hubiesen echo si hubieran tenido más tiempo libre para encerrarse en la biblioteca a leer. Un comienzo es un comienzo.
Pero los libros en Ecuador siguen siendo pocos y caros.

Hace 10 días llegué a Chile. Aterrizaba en un país desarrollado, al menos más desarrollado en Ecuador. Las calles de Santiago el domingo en la madrugada así me lo confirmaron. La manera de vivir de la gente en el país, las carreteras, las construcciones... volví a la civilización occidental. O casí. Mi amigo chileno discrepa conmigo: él no conoce aún Europa, pero dice que en Chile aún falta mucho por caminar.
De nuevo, al margen de maravillarme con gentes y paisajes naturales y urbanos, una de mis inquietudes era colarme en alguna librería. De nuevo, decepción. Primero, los libros en Chile son muy caros, más aún que en Ecuador. Me dicen que tienen unos impuestos sobre el valor añadido muy altos. Y tampoco es que haya muchos: pocas librerías y con poca variedad. La mayoría de publicaciones vienen de España y en algunos casos de Argentina, o simplemente no vienen. Títulos que están disponibles sin problemas en los mercados español o argentino (que está a tiro de piedra de Chile como quien dice) no aparecen ni por asomo por las librerías chilenas. Parece que finalmente tendré que hacer algún viaje a Buenos Aires para encontrarme con esas joyas que no localizo.
Pero lo más triste es de nuevo ver que aquí la gente no leer, o no lee mucho. De nuevo no lo digo yo, lo dicen los chilenos, y la excusa es esa: los libros son muy caros. Yo mismo lo he comprobado: unos 15 o 20 dólares es el precio medio de cualquier libro.
Es una verdadera lástima que no se promocione más lectura en estos países, que los gobiernos no den ayudas (como bajar el IVA de los libros) y se promocione más la lecura en los colegios y en los medios de comunicación. Acá en Chile yo desconecto automáticamente cuando alguien enciende la tele y me pongo a leer: no hay más que telenovelas, seriales, reallitis y programas de tertulia donde el tema de conversación es lo que sucedió la noche anterior en la serie o el reallity de turno. Y en Ecuador es similar.
Apaga y vamos, coge un libro... ah.. ¿es tan caro? Y yo que me quejaba de mi país...