Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 21 de agosto de 2013

Vientos de cambio

Nací a los siete meses. Es un momento difícil. No lo recuerdo, pero por las veces que me lo han contado, puedo recrearlo en mi mente.
Dice mi madre que desde ahí me viene mi insatisfacción constante, mi necesidad de salir, de cambiar, de buscar, de probar nuevas formas de vivir.
¿Será algo común entre los sietemesinos esta necesidad constante de cambio? Conozco ya a varios, entre ellos buenos amigos, y la verdad, no son gente que se quede con el culo pegado al mismo sitio durante mucho tiempo.
¿Y si es así, si mi sino es continuar siempre buscando, probando, por qué me cuesta tanto tomar la decisión del cambio? Admiro a amigos, que, sin pestañear dos veces, dicen "hasta aquí", y cogen la maleta de la vida y buscan otro lugar. Yo, para mi desgracia, busco seguridades (al menos a mi me parecen seguridades) y me ato a compromisos que me agotan y me llevan a puntos muertos, que no me atrevo a romper, como una pareja que, después de años de matrimonio, y reconociendo que "la cosa" ya no funciona, no se atreve a dar el paso y abrir de nuevo las alas, cada uno hacia nuevos rumbos.

Como el filósofo, yo pienso, escribo y medito sobre el momento que vivo, intentado buscarle una razón para seguir viviéndolo. ¿Será que espero demasiado de las personas, tanto que no soy capaz de aceptarlas como son, con sus bondades y defectos, dando lo mejor que saben en el lugar donde están? ¿Será que pongo metas demasiado altas a mis proyectos?
Tantas cosas dan vueltas en mi mente. Y al final la vida sigue, y como un nómada, sigo caminando, buscando nuevos lugares, tachando del mapa de mi vida aquellos en que ya he vivido, siempre avanzando sin volver atrás, salvo para reencontrarme con esa nostalgia que no deprime sino que da fuerzas y herramientas para continuar construyendo la vida en nuevos lugares, en nuevos proyectos.
Atrás van quedando vivencias, errores, arrepentimientos, amores satisfechos o no, momentos de júbilo, amigos, pasajeros que se cruzan a lo largo del destino. Al frente, la incertidumbre y esa pulsión eterna que hace seguir buscando.