Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 11 de abril de 2010

Censura

¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? es el florido (o más ilustrativo) título español de la película Avanti!, una comedia de 1972 dirigida por Billy Wilder y protagonizada por Jack Lemmon y Juliet Mills. Aquellos de los lectores de este blog que no la hayan visto o tenga (o puedan tener) intención de verla, que no sigan leyendo, porque voy a destripar el argumento del film y por lo tanto algunas de sus sorpresas. Avisados están.
Avanti! (uso el título original que es más breve) narra la historia de un ciudadano estadounidense, Wendell Armbruster (Jack Lemmon) que viaja a italia para retirar el cadáver de su padre, que ha muerto en un accidente de tráfico. Lo que el ingénuo Armbruster desconoce es que su padre no iba a Italia todos los veranos a descansar un mes en un hotel/balneario, sino a encontrarse con una mujer inglesa con la que mantenía affair que duraba ya diez años.
No destripo más. Se pueden imaginar lo que sucede en la película el divertido -por qué no- dilema moral de un recto y conservador americano, marcado por todos los esquemas de padre familia y trabajador hombre de negocios, cuyo padre está en los más altos estándares de la decencia y el American way of life; sobre todo si el dilema se ve aderezado por la presencia de la hija de la difunta y toda una larga serie de pintorescos personajes italianos en las más pintorescas situaciones, como las que sólo sabe realizar el inigualable Billy Wilder (director de Con faldas y a lo loco, Uno, dos, tres, El apartamento, ...) En sí, una típica comedia romántica, eso si, de las buenas, de las muy buenas, de las que por desgracia ya no se hacen.

Bien. Anoche estaba volviendo a ver la película, ahora en DVD, doblada castellano porque el DVD no trae subtítulos en español, cuando, en una determinada escena, el idioma cambia a inglés y aparecen subtítulos. ¿Qué es esto? ¿Un error de edición? No. Todo lo contrario, una rectificación. La reposición en su lugar, del el trozo de película que se llevaron las tijeras del censor.
Pongámonos en situación. Estamos en los años 70 (parece que la película se estrena en España en enero de 1974), años liberales, sí, liberación de la mujer, liberación sexual, cambio en los roles en el hogar..., claro que, en Europa. En España aún mandaba El Abuelo, como decía un profesor mío de la universidad, y las libertades estaban bastante más recortadas. En el cine, estos recortes los hacía un oscuro -supongo- personaje llamado censor que estaba encargado de ver toda película y decidir si el público español podía verla o no, o si podía verla tal cual, o por el contrario necesitaba ciertos retoques debido al contenido político, subersivo, poco moral, ofensivo, etc... que hubiese en el film. No es de extrañar que películas como El gran dictador de Chaplin o Z de Costa-Gavras, no se viesen en España hasta después del régimen franquista, los mismo con clásicos de moral cuestionable como Gilda. Pero, sobre todo, lo que se censuraba era la pecaminosa carne. Besos, desnudos, etc eran recortados de prácticamente cualquier película, temerosos no se de qué exáctamente. ¿Una ereción en masa del reprimido público masculino de entonces? No, supongo que no, más bien, ejemplo de moral casta y conservadora para tener contenta a la sociedad casta y conservadora y dar sensación de que las cosas seguían funcionando.

Lo que llama la atención de este caso particular, es que el argumento de Avanti! es totalmente censurable bajo los cánones de la época en España, pues la película narra una situación poco moral y encima la justifica: ¿por qué no echar una cana al aire, tener una pequeña aventura, auque se esté casado? El espectador incluso acaba haciéndose complice de los protagonistas, y acaba, como ellos, con una sonrisa en la cara. No, al censor no le interesa el argumento, es una comedia a fin de cuentas, lo que le lleva de las iras son los desnudos, y así, toma las tijeras y elimina de la película los pechos denudos de Juliet Mills y el trasero de Jack Lemmon.
Hoy día causa gracia. Al menos a mí. No por el tijeretazo en sí, sino por el contesto en que se hace. Al fin de cuentas, a ninguna parte van dos tetas al aire, ni entonces y menos aún ahora. La gracia me la causa la maestría de gente como Billy Wilder para disfrazar una historia, para hacer malabarismos y darle vueltas, y pasar así ante las narices del censor sin que éste se de cuenta de lo que realmente sucedía en la película.

Me encanta ver películas de décadas pasadas en las que la censura, explícita como en España, o implicita como sucedía en las democracias europeas o en Estados Unidos, hacía a guinistas y directores estrujarse el cerebro para lograr contar lo que querían contar, y además, hacer pensar al espectador, plantearle dilemas, problemas, abrirle a un sin fin de opciones que la moral, siempre conservadora, le escondía bajo llave en los baúles más recónditos de su cerebro.
Hoy día ya no hay censura, o eso se dice. Yo no estoy de acuerdo. Más bien creo que la censura de hoy en día es mucho más dificil de detectar, es una censura subliminal, encuvierta. Parece que los señores censores están ahora en todas partes y han aprendido la lección: lo que deben hacer es impedir que el espectador piense. "Sr. director puede sacar usted toda la sangre, desnudos y sexo que quiera, pero nada más. Que sea algo directo, sencillo y que no implique usar el cerebro." Así, nos creemos en la sociedad más libre, porque podemos ver sexo en las películas, mientras que no nos damos cuenta de que el argumento de estas es cada vez más simple y de que cada vez se ponen más trabas a aquellos directores que quieren contar "una histoira diferente". "No esa película que quiere hacer usted es complicada, no vende, no la van a entender, no se la producimos, no la distribuímos."

Nos han engañado, hipnotizado. Cegado con sangre, vísceras, desnudos, sexo. Nos creemos libres, sin ataduras, y sin embargo, somos marionetas colgadas de un hilo, con nuestras libertades aun más recortadas, pues si hay algo peor que no ser libre, es el no tener interés por ser libre.

Acá dejo los pechos desnudos de Juliet Mills como recuerdo y aviso.