Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 20 de abril de 2010

Espacios urbanos

Este pasado fin de semana tuve la oportunidad de conocer Miranda de Ebro, gracias a la invitación de un viejo y querido amigo -mi más viejo amigo, no por su edad, sino por el hecho de que nos conocemos desde que ambos teníamos 4 años-.
Cuestiones de amistad a parte (se me ocurre ahora un posible artículo en el blog al respecto), Miranda de Ebro, era, por alguna razón una ciudad cuyo nombre venía de vez en cuando a mi mente. No había estado antes, sin embargo, por aquello que le dicen a uno de "allí no hay nada" en el sentido de que no hay nada artístico que ver: no hay grandes monumentos ni barrios antiguos de piedra dignos de admirar. Sin embargo, ahí estaba ese nombre, en negrita sobre el mapa de España, como punto capital del extremo norte de la provincia de Burgos.
No voy a entrar en la historia de la villa y su importancia en siglos pasados. Ni siquiera la conozco. Alguno me tirará de las orejas, por eso de que soy historiador, y por ende debo preocuparme de conocer esos datos, pero, por un lado, en estos días que vivo me interesan más las gentes de ahora que los personajes pasados, y por otro, historiador no es sinónimo de cronista o de enciclopedia andante. Lean a Enrique Moradiellos si quieren saber qué es realmente la historia y el historiador. (Argumento para otro articulo de blog, tomo nota)
Veo que me voy por las ramas de una manera más que la habitual en mi. Pero he visto que a veces hay que establecer los parámetros en los que uno va a hablar de un tema para así evitar comentarios fuera de lugar.

La razón por la que Miranda de Ebro esté resaltada en los mapas políticos de España, y la razón de que su nombre ocupe parte de mi inquietud personal por viajar y conocer, se debe aque es un punto de enlace importante en la red de ferrocarriles española. Ese hecho de ser encrucijada en las vías férreas es seguramente lo que llevó en su día a mucha gente a vivir en Miranda, y lo que hizo también que se instalasen en sus alrededores varias industrias; industrias hoy día deprimidas y casi en desparición (una papelera, una azucarera,...) por dejar de ser rentables según los cánones de esta economía neoliberal que vivimos, por cuestiones de competencia y mejores oportunidades en otros lugares donde la administarición autonómica da más ayudas a las empresas según me dicen.
Así, Miranda de Ebro es hoy día una pequeña ciudad deprimida que intenta conservar algo de su anterior esplendor. Situada al norte de la provincia, está más vinculada para bien y para mal a Vitoria, en el País Vasco, que a Burgos capital, de quien los mirandeses se quejan de cierto avandono. Para bien y para mal porque las mejores oportunidades para la instalación de industrias en el vecino País Vasco han contribuído a la depresión económica de Miranda, para bien, porque gran parte de los habitantes de Miranda residen en la ciudad gracias a que trabajan en Vitoria.

Miranda tiene aún su vida diaria y nocturna, sus gentes, no me malinterpreten, y también su encanto, su rincones curiosos, graciosos, e incluso dignos de ver artísticamente. Me llamó especialmente la atención la clara división entre la ciudad moderna, crecida a apartir de mediados del siglo XX, y situada a una orilla del río, y la ciudad antigua, la Miranda de toda la vida, situada a la otra orilla del Ebro, lo cual le da a la segunda un aspecto tranquilo de pequeño pueblo de provincias, con sus calles estrechas y sus casas de piedra.
El otro asunto que me llamó especialmente la atención fue, en una ciudad donde no hay a penas monumentos artísticos de destacar, el empeño del ayuntamiento, supongo, en catalogar y destacar todos los edificios de la ciudad que puedan tener algún interés arquitectónico por remoto que este sea. Así, un lee constantemente: Edificio del s. XVIII, o casa de viviendas del s. XIX, o edificio de principios del s. XX. Acaba resultando, desde mi punto de vista, un tanto monótono y excesivo. ¡Imagínense si al alcalde de León, por poner un ejemplo, se le ocurriese hacer lo mismo! Creo que hasta en la puerta de mi casa encontraría un letrerito describiendo su singularidad arquitectónica.
A decir verdad, hay que reconcer, además, que en Miranda del Ebro, sí que tienen auténticas singularidades arquitectónicas, y es que, en pocos sitios he visto ejemplos como los que hay en Miranda, de reutilización y reconversión de edificios a lo largo de la historia. El castillo, por ejemplo, fue derruído casi totalmente a principios del pasado siglo y convertido en depósito de agua, o como ejémplo máximo, una iglesia gótica que, vendida en el siglo XVIII, fue reconvertida en viviendas y así, aunque ahora abandonada, se conserva actualmente. Todo un ejemplo de que el gusto estético, el valor artístico que damos a la arquitectura, o incluso el valor histórico y cultural de la misma, es una concepción muy reciente. Hoy día imágenes como las de esta iglesia nos causan asombro y horror y nos hacen preguntarnos cómo pudieron permitir que eso sucediese, o como pueden mantenerlo así, pero, sin embargo no es nada tan raro: la misma catedral de León presenta añadidos barrocos o neoclásicos que rompen sus pulcras líneas góticass.
Personalmente, lejos de una restaruación artística de la iglesia de Miranda, yo abogaría porque la dejasen así, pues tanto o más es ejemplo de nuestro pasado y de nuestras gentes pasadas, con su ideolgía y costumbres -tan válidas como las nuestras actuales-, como ejemplo del pasado sería una perfecta e intachable artisticamente iglesia gótica.

Como ven, todos los rincones de la geografía de un país tiene su encanto, aunque no destaquen en las guías turísticas por tener monumentos, parajes naturales o algún plato gastronómico especial. Sólo hay que probar suerte y dejarse llevar entre callejuelas y gentes. Una manera de hacerlo puede ser como hice yo, o mejor dicho, como la amistad y la casualidad quiseron que hicese yo: hospedense en una pequeña ciudad "sin encanto" para ver una gran ciudad monumental que esté próxima. Matarán dos pájaros de un tiro. Se llevarán dos sorpresas en una, y no sabrán decir cuál es más grande.

1 comentario:

Kiko dijo...

Queremos más fotoos!
Todas las ciudades tienen su encanto, sin duda.