Hay un río que corre silencioso bajo el concreto una red, un tapiz que urden miles de manos anónimas. Lazos libres y hermanos, lazos distintos y únicos,
manos se tocan, cuerpos que se abrazan y se funden, que ante los ojos no encajan pero se funden y alimentan la llama de la esperanza.
Es el río que da color a la ciudad, y la libera de su encierro gris monopolítico. Es el río de los que no cuentan porque no quieren contar, el río de los que se construyen desde el otro, el río de aquellos que se buscan a sí mismos para mantener vivo el conjunto.
Es un río que corre contracorriente, por las calles cuesta arriba de la ciudad, que salpica a los extraños y les deja pensativos, alarmados. Es un río hecho a mano. Un río de telas cosidas a mano, de manos de alfarero y artesano, un río que habla idiomas maternos, un río que canta mitos y siembra árboles perennes.
Un río que recicla, que viste ropas usadas, que enseña materias sin pénsum en las aceras, un río que baila descalzo, que ocupa casas olvidadas y les da vida, un río que no sabe de modas y de estándares, que se ha hecho a si mismo y vive.
Un río que abraza el futuro sin sentirse esclavo de él, que habla de libros que nadie lee, que escucha músicas que no están en la radio ni en la tv, un río reparte besos en persona, un río que no sabe vender, sólo compartir, un río que libera código y regala mundos a cambio de un gracias.
Son gentes de rostro nativo
son mestizos que buscan raíces
son jóvenes liberados de clases, abiertos al mundo
son programadores con amor al arte... y la humanidad
son artesanos sin torno ni máquinas
son costureras de palabras sabias
son pescadores agradecidos con las aguas
son sembradores que miman la tierra y son dones
son luchadores que alzan la voz y el rostro
son gente distinta
son la pincelada de color en un mundo gris
que ha olvidado quién es.
Realidad y ficción, una mirada personal al mundo exterior, una puerta de salida para pensamientos atrapados.
El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara
Páginas
sábado, 1 de agosto de 2015
domingo, 26 de julio de 2015
Públicamente en privado
"Busquemos la manera de que el dinero no se quede siempre en los bolsillos de los cuatro amigos de siempre". Esto es lo que debió pensar un burócrata o estadista bienintencionado hace unos años. Da rabia cuando las contrataciones se hacen a dedo y entre amigos, eliminando la posibilidad de otras personas de participar del pastel, y con esa rabia se decidió cambiar las cosas.
Se ideó un nuevo sistema, algo revolucionario, que permitiría a todos en igualdad de oportunidades acceder al dinero público. Presenten varias ofertas, rellenen informes y más informes, súbanlo todo al web y los analistas elegirán al mejor postor. Todo perfecto. Pero ¿y si sale elegido el mayor estafador, un zote inútil, qué hacemos? No se preocupen. Hagan un informe con unos términos bien acentuados de manera que sólo el amigo de turno encaje con lo que se solicita y listo, todos tranquilos y contentos.
Personalmente, no veo la diferencia entre el método tradicional y el actual. Algo así sucede con la "eliminación de la tercerización". Contrataciones directas para eliminar intermediarios. Pero como el proceso es muy largo y tedioso, busquemos mejor un proveedor para que él vea dónde contrata todo lo que necesitamos. ¿perdón? Sí, sí. No pierda el tiempo haciendo pequeños contratos con artistas y proveedores, incluso le puede llamar la atención por ineficiencia, por perder el tiempo haciendo procesos de compras y contrataciones; mejor elabore un gran proyecto, haga un gran pack y sáquelo a concurso de proveedores que luego le provean a usted de todo lo que necesita.
¿Dónde quedó aquello de la eliminación de los intermediarios?
Alguien me dirá "no te quejes, hecha la ley, hecha la trampa" o me dirán "no es lo mismo, hay otros detalles". ¿Qué detalles, qué ley ni qué trampa? Lo único que hacen ustedes con sus nuevas leyes, sus nuevos métodos, y sus nuevos principios es lo mismo de siempre: mentir y engañar. Siguen siendo una panda de mentirosos y ladrones. Y además, una panda de mentirosos y ladrones "acojonados". Unos mentirosos que se aferran a la Ilustre verdad y equidad cuando el sistema no les reparte lo que ustedes quieren, o no les reparte lo suficiente, pero que en realidad no tienen ningún interés en cambiar el sistema, todo lo contrario, todo lo que quieren es seguir chupando de él, medrando como los asquerosos trepas que siempre han sido, y acojonados y siempre a la defensiva ante el miedo de ir más allá y cambiar ese sistema que les da de comer (sólo a ustedes, y no a otros)
Vuelvo a repetir lo que siempre digo: si el sistema no reparte igual para todos, si es tan fácil de modificar para que sirva unos intereses particulares y privados, el sistema no nos sirve. No hay diferencias, no hay derechas ni izquierdas, no hay revoluciones si al final lo único que se intentan es que el sistema reparta un poco más a unos pocos elegidos. Por mucho que lo disfracemos, el sistema sigue sin funcionar.
No voy a negar los logros en mejoras para la ciudadanía obtenidos por este gobierno. Soy testigo de los cambios en los apenas siete años que llevo por acá; pero cuando uno se mete en los entresijos de este sistema público y ve lo privado que es por dentro, el único pensamiento que le queda es: "estos reparten un poco más que los anteriores, pero en el fondo son lo mismo: unos acomodados más que no quieren perder su poder, que no quieren compartir su parcela de bienestar social".
A la luz pública muchos me condenarán, me llamarán vendido a la derecha, aunque saben bien que no lo soy. Es parte del juego del sistema: o estás con ellos estaś con los de enfrente. No hay más, no puedes no estar, no puedes estar con un tercero. No hay cabida para esto. No hay un no sistema, no hay un otro sistema. No hay afuera, y el adentro ya está totalmente definido (y podrido) y si uno se empeña en demostrar que sí hay algo afuera, le tratarán por loco y le encerrarán bien adentro, bien escondido pero expuesto a la luz "pública", para que todos sepan que se volvió loco y por eso no disfruta del sistema.
Los locos, estos locos que no padecen trastornos físicos, sólo existen en las mentes de aquellos que les corrompen, abusan, excluyen y luego condenan por locos. Están bien cuerdos y su único crimen es negarse a adoptar un sistema que han descubierto lleno de mentiras, abusos, robos, codicia, lascivia y toda la lista de pecados capitales.
Seguiré pues defendiendo a este puñao de locos soñadores, hasta que me encierren o me entierren. Seguiré dejando al dinero al fondo de mi lista de prioridades vitales, bien lejos, allá donde no se le vea, y trabajaré para obtener bienes gratuitos. Enseñaré y aprenderé nuevas destrezas en lugar de pagar a alguien para que haga lo que no se o no sabemos, marearé al burócrata con todos sus papeles para poder dar la mano a aquel que pretenden ahogar tras ellos, viviré mi futuro en el presente, sembrando para que cosechen nuevos presentes aquellos que vendrán después y que yo no conoceré. No daré limosnas. Daré la mano. No trabajaré por inercia. Trabajaré porque quiero y porque creo en el propósito de mi trabajo. Hasta donde me llegue el aliento.
Hasta ahí llegamos todos. Nadie se perpetúa ni merece perpetuarse en sus actos. La historia ya está cansada de ellos, está cansada de ser patrimonio de unos pocos.
Llenemos las enciclopedias de personas anónimas. Cantemos esa canción vieja como el mismo hombre. Esa cuyo autor desconocemos porque su nombre se perdió en el viento o porque nunca firmó como propietario. Esa canción anónima, sin dueño, pero que a su vez sentimos tan nuestra.
Se ideó un nuevo sistema, algo revolucionario, que permitiría a todos en igualdad de oportunidades acceder al dinero público. Presenten varias ofertas, rellenen informes y más informes, súbanlo todo al web y los analistas elegirán al mejor postor. Todo perfecto. Pero ¿y si sale elegido el mayor estafador, un zote inútil, qué hacemos? No se preocupen. Hagan un informe con unos términos bien acentuados de manera que sólo el amigo de turno encaje con lo que se solicita y listo, todos tranquilos y contentos.
Personalmente, no veo la diferencia entre el método tradicional y el actual. Algo así sucede con la "eliminación de la tercerización". Contrataciones directas para eliminar intermediarios. Pero como el proceso es muy largo y tedioso, busquemos mejor un proveedor para que él vea dónde contrata todo lo que necesitamos. ¿perdón? Sí, sí. No pierda el tiempo haciendo pequeños contratos con artistas y proveedores, incluso le puede llamar la atención por ineficiencia, por perder el tiempo haciendo procesos de compras y contrataciones; mejor elabore un gran proyecto, haga un gran pack y sáquelo a concurso de proveedores que luego le provean a usted de todo lo que necesita.
¿Dónde quedó aquello de la eliminación de los intermediarios?
Alguien me dirá "no te quejes, hecha la ley, hecha la trampa" o me dirán "no es lo mismo, hay otros detalles". ¿Qué detalles, qué ley ni qué trampa? Lo único que hacen ustedes con sus nuevas leyes, sus nuevos métodos, y sus nuevos principios es lo mismo de siempre: mentir y engañar. Siguen siendo una panda de mentirosos y ladrones. Y además, una panda de mentirosos y ladrones "acojonados". Unos mentirosos que se aferran a la Ilustre verdad y equidad cuando el sistema no les reparte lo que ustedes quieren, o no les reparte lo suficiente, pero que en realidad no tienen ningún interés en cambiar el sistema, todo lo contrario, todo lo que quieren es seguir chupando de él, medrando como los asquerosos trepas que siempre han sido, y acojonados y siempre a la defensiva ante el miedo de ir más allá y cambiar ese sistema que les da de comer (sólo a ustedes, y no a otros)
Vuelvo a repetir lo que siempre digo: si el sistema no reparte igual para todos, si es tan fácil de modificar para que sirva unos intereses particulares y privados, el sistema no nos sirve. No hay diferencias, no hay derechas ni izquierdas, no hay revoluciones si al final lo único que se intentan es que el sistema reparta un poco más a unos pocos elegidos. Por mucho que lo disfracemos, el sistema sigue sin funcionar.
No voy a negar los logros en mejoras para la ciudadanía obtenidos por este gobierno. Soy testigo de los cambios en los apenas siete años que llevo por acá; pero cuando uno se mete en los entresijos de este sistema público y ve lo privado que es por dentro, el único pensamiento que le queda es: "estos reparten un poco más que los anteriores, pero en el fondo son lo mismo: unos acomodados más que no quieren perder su poder, que no quieren compartir su parcela de bienestar social".
A la luz pública muchos me condenarán, me llamarán vendido a la derecha, aunque saben bien que no lo soy. Es parte del juego del sistema: o estás con ellos estaś con los de enfrente. No hay más, no puedes no estar, no puedes estar con un tercero. No hay cabida para esto. No hay un no sistema, no hay un otro sistema. No hay afuera, y el adentro ya está totalmente definido (y podrido) y si uno se empeña en demostrar que sí hay algo afuera, le tratarán por loco y le encerrarán bien adentro, bien escondido pero expuesto a la luz "pública", para que todos sepan que se volvió loco y por eso no disfruta del sistema.
Los locos, estos locos que no padecen trastornos físicos, sólo existen en las mentes de aquellos que les corrompen, abusan, excluyen y luego condenan por locos. Están bien cuerdos y su único crimen es negarse a adoptar un sistema que han descubierto lleno de mentiras, abusos, robos, codicia, lascivia y toda la lista de pecados capitales.
Seguiré pues defendiendo a este puñao de locos soñadores, hasta que me encierren o me entierren. Seguiré dejando al dinero al fondo de mi lista de prioridades vitales, bien lejos, allá donde no se le vea, y trabajaré para obtener bienes gratuitos. Enseñaré y aprenderé nuevas destrezas en lugar de pagar a alguien para que haga lo que no se o no sabemos, marearé al burócrata con todos sus papeles para poder dar la mano a aquel que pretenden ahogar tras ellos, viviré mi futuro en el presente, sembrando para que cosechen nuevos presentes aquellos que vendrán después y que yo no conoceré. No daré limosnas. Daré la mano. No trabajaré por inercia. Trabajaré porque quiero y porque creo en el propósito de mi trabajo. Hasta donde me llegue el aliento.
Hasta ahí llegamos todos. Nadie se perpetúa ni merece perpetuarse en sus actos. La historia ya está cansada de ellos, está cansada de ser patrimonio de unos pocos.
Llenemos las enciclopedias de personas anónimas. Cantemos esa canción vieja como el mismo hombre. Esa cuyo autor desconocemos porque su nombre se perdió en el viento o porque nunca firmó como propietario. Esa canción anónima, sin dueño, pero que a su vez sentimos tan nuestra.
lunes, 6 de julio de 2015
Gracias por decir NO
Tenemos que pagar nuestras deudas. De acuerdo. Pero, ¿a quién debemos nuestras deudas? ¿Quién es el que dice cuándo vencen los préstamos? ¿Quién nos hizo los préstamos?
A fin de cuentas, ¿tenemos deudas?, se preguntarán muchos.
Y es que hoy día en nuestra sociedad se nos hace deudores de todos nuestros males, se nos hace responsables ante otros por todos los beneficios que hemos gozado hasta ahora, como niños despilfarradores.
Al principio, uno calla, agacha la cabeza arrepentido y paga sus deudas. Luego, cuando ve quiénes son los que se alzan como acreedores, empieza a dudar si realmente les debía dinero a ellos. Unos entonces negarán la deuda, otros seguirán con la cabeza gacha.
Ninguna de las dos posturas, por desgracia, es la acertada. Negar la deuda es un error: sí, somos deudores. Callarse, es dejar de existir como ser humano y convertirse en un subproducto de aquellos que piensan por uno, no es admitir culpa, es dejar que nos asignen una culpa, propia o ajena, y esto es más terrible que la negación.
Hoy muchos ciudadanos, esos que aún no han agachado la cabeza y olvidado que lo son, reniegan de falsas acusaciones y se declaran libres de deuda: ¡no debemos un sólo centavo a los bancos, las multinacionales! Y tienen razón, pero eso quiere decir que estén libres de deuda. Es falso negarse a pagar.
No, no debemos a los bancos. Pero sí, tenemos deudas pendientes. Nuestras deudas están con nuestros padres, con aquellas personas que junto a ellos y antes que ellos, invirtieron vidas, tiempo, recursos, energía, sangre, en conseguir que nosotros estemos hoy donde estamos. Nos debemos a todas las personas que, después de la 2ª Guerra Mundial se sentaron y escribieron los artículos de la declaración de los derechos humanos, a las personas que lucharon por lograr la actual jornada laboral de 40 horas semanales, las que trabajaron por sueldos dignos en los distintos trabajos, por caminar hacia la igualdad entre hombres y mujeres, por el derecho a la tierra, por el derecho a la educación pública y gratuita, por el derecho a la sanidad pública y gratuita, por las pensiones y la seguridad social, y por un largo etcétera más.
No creo que haya ninguna persona en mi círculo de amistades que haya nacido con un plato sobre la mesa, nadie que haya heredado un enorme latifundio o cortijo, que sea descendiente de algún título nobiliario; nadie cuyos padres hayan vivido de réditos sin trabajar, nadie que no haya tenido que hacer cuentas para llegar a fin de mes, nadie que no venga de un pasado donde no había nada, salvo un pueblo donde la gente aplastaba terrones sembrando campos en una vida y una economía de pura supervivencia, movidos por al inercia del vivir, y el sueño de que las futuras generaciones no viviesen sólo por esa inercia.
Todo lo que tengo se lo debo a esas personas que soñaron y sembraron en contra de la inercia. Que desamortizaron, que cortaron cabezas a los reyes, que creyeron en un estado sin diezmos ni tributos, sin sangres de otro color que la roja. Es con ellos mi deuda diaria, y sé que esa es la deuda de todos los que me leen en estas líneas.
Soy deudor. Somos deudores. Pero nuestros acreedores no son los bancos, no es un estado movido por intereses oligárquicos y corporativos. No tenemos que pagar de nuevo diezmos ni tributos, esos ya fueron pagados y abolidos por aquellos a los que nos debemos. Paguemos nuestra verdadera deuda, no esa que nos imputan falsos acreedores ávidos de mantener un modelo social y económico que no guarda relación alguno con nosotros. En Grecia ya lo están haciendo. Es fácil. Nuestra deuda no necesita dinero para desaparecer, solo necesita coraje para levantarse, acallar todas las mentiras y decir un rotundo NO.
A fin de cuentas, ¿tenemos deudas?, se preguntarán muchos.
Y es que hoy día en nuestra sociedad se nos hace deudores de todos nuestros males, se nos hace responsables ante otros por todos los beneficios que hemos gozado hasta ahora, como niños despilfarradores.
Al principio, uno calla, agacha la cabeza arrepentido y paga sus deudas. Luego, cuando ve quiénes son los que se alzan como acreedores, empieza a dudar si realmente les debía dinero a ellos. Unos entonces negarán la deuda, otros seguirán con la cabeza gacha.
Ninguna de las dos posturas, por desgracia, es la acertada. Negar la deuda es un error: sí, somos deudores. Callarse, es dejar de existir como ser humano y convertirse en un subproducto de aquellos que piensan por uno, no es admitir culpa, es dejar que nos asignen una culpa, propia o ajena, y esto es más terrible que la negación.
Hoy muchos ciudadanos, esos que aún no han agachado la cabeza y olvidado que lo son, reniegan de falsas acusaciones y se declaran libres de deuda: ¡no debemos un sólo centavo a los bancos, las multinacionales! Y tienen razón, pero eso quiere decir que estén libres de deuda. Es falso negarse a pagar.
No, no debemos a los bancos. Pero sí, tenemos deudas pendientes. Nuestras deudas están con nuestros padres, con aquellas personas que junto a ellos y antes que ellos, invirtieron vidas, tiempo, recursos, energía, sangre, en conseguir que nosotros estemos hoy donde estamos. Nos debemos a todas las personas que, después de la 2ª Guerra Mundial se sentaron y escribieron los artículos de la declaración de los derechos humanos, a las personas que lucharon por lograr la actual jornada laboral de 40 horas semanales, las que trabajaron por sueldos dignos en los distintos trabajos, por caminar hacia la igualdad entre hombres y mujeres, por el derecho a la tierra, por el derecho a la educación pública y gratuita, por el derecho a la sanidad pública y gratuita, por las pensiones y la seguridad social, y por un largo etcétera más.
No creo que haya ninguna persona en mi círculo de amistades que haya nacido con un plato sobre la mesa, nadie que haya heredado un enorme latifundio o cortijo, que sea descendiente de algún título nobiliario; nadie cuyos padres hayan vivido de réditos sin trabajar, nadie que no haya tenido que hacer cuentas para llegar a fin de mes, nadie que no venga de un pasado donde no había nada, salvo un pueblo donde la gente aplastaba terrones sembrando campos en una vida y una economía de pura supervivencia, movidos por al inercia del vivir, y el sueño de que las futuras generaciones no viviesen sólo por esa inercia.
Todo lo que tengo se lo debo a esas personas que soñaron y sembraron en contra de la inercia. Que desamortizaron, que cortaron cabezas a los reyes, que creyeron en un estado sin diezmos ni tributos, sin sangres de otro color que la roja. Es con ellos mi deuda diaria, y sé que esa es la deuda de todos los que me leen en estas líneas.
Soy deudor. Somos deudores. Pero nuestros acreedores no son los bancos, no es un estado movido por intereses oligárquicos y corporativos. No tenemos que pagar de nuevo diezmos ni tributos, esos ya fueron pagados y abolidos por aquellos a los que nos debemos. Paguemos nuestra verdadera deuda, no esa que nos imputan falsos acreedores ávidos de mantener un modelo social y económico que no guarda relación alguno con nosotros. En Grecia ya lo están haciendo. Es fácil. Nuestra deuda no necesita dinero para desaparecer, solo necesita coraje para levantarse, acallar todas las mentiras y decir un rotundo NO.
miércoles, 1 de julio de 2015
Llevado por la marea
Como si fuese una ventana abierta a otra dimensión. Un portal mágico me permite cruzar en un instante miles de kilómetros de distancia y sentarme entre la gente, en un teatro, en una lejana ciudad que no conozco, mientras él, de pie sobre el escenario, desencadena una melodía en su guitarra y llena todo el espacio, y me hace sentirme allí, vivo.
En el mismo espacio, yo, a miles de kilómetros, en la selva, sentado en un teatro de una ciudad del norte de Estados Unidos, aquí, sí, y allá también, atrapado por la magia de unas notas que saltan en mi interior y me hablan con fuerza.
No sé qué tiene la música de este hombre que me atrae de tal modo. La magia del internet, de un "enlace en tiempo real" y la magia oculta en la música de David Crosby, que traspasando los ceros y unos del internet, llegó hasta mí hace unas noches, haciéndome partícipe de un compartir maravilloso. Parecía más vivo que nunca. Podía tocar el aire del teatro con mis dedos, sentía el aire llevar las notas hasta mis oídos. Durante unas horas, olvidé mi selva, se borraron sus sonidos y todo lo ocupó la marea de sonidos de la guitarra y la voz de este hombre, que, desde la primera vez que lo escuché se quedó en mi médula y sigue estremeciéndola por dentro con cada nota. Un hombre que a sus más 70 años es aún capaz de coger su guitarra, y sin nada más llenar la estancia y vibrar con fuerza, de seguir hablando ese idioma único y comprometido. Nadie, nadie escribe canciones como este hombre. El viaje siempre resulta incierto y reconfortante. Un viaje mágico por aguas profundas, desconocidas y cercanas a la vez.
Rusty and blue (tristes y oxidados)
David Crosby
Cómo puedo agrupar estas palabras en un racimo
juntarlas en un montón, como plumas en tu suelo
Viajes y bosques marinos, de azul profundo y oxidado,
coserlas en una funda, y dejarlas en tu puerta
Vidas de gente, gente cuyas vidas
me fascinan
Toda mi vida, toda me vida
he querido entender
Hay un hombre en la esquina, tiene la luna en sus ojos
Viene de visita, y lleva un disfraz
me pregunto si está buscando amigos o verdades.
Creo que está llamado a alguien desde esa cabina.
Y la mujer sonriente contesta,
vence al miedo con sus ojos
piensa que la vida está bien, por eso creo que es sabia
y mi corazón quiere darle un regalo tan grande
que hablará por mi y le dirá donde estoy parado.
Y yo estoy de pié en una columna
y ésta se derrite como el hielo
de años que he vivido y algunos que he vivido dos veces
y tengo todas estas plumas y hojas en mi piso
y no quiero seguir volando dando vueltas, perdido.
Y siento la necesidad de juntarme, de revolver y buscar
de sacudir mi vida y darle un estirón
para traer conchas a la superficie y mostrártelas a ti,
regalos del fondo del mar, tristes y oxidados.
Estas dos vidas guardan mi atención bastante bien,
ya sabes, las vidas casi nunca corren paralelas
como las tablas en el piso, todas ajadas y gastadas,
predestinadas y encajadas mucho antes de que naciésemos.
Vidas de gente, gente cuyas vidas,
me fascinan.
Toda mi vida, toda mi vida
he intentado comprender,
comprender.
En el mismo espacio, yo, a miles de kilómetros, en la selva, sentado en un teatro de una ciudad del norte de Estados Unidos, aquí, sí, y allá también, atrapado por la magia de unas notas que saltan en mi interior y me hablan con fuerza.
No sé qué tiene la música de este hombre que me atrae de tal modo. La magia del internet, de un "enlace en tiempo real" y la magia oculta en la música de David Crosby, que traspasando los ceros y unos del internet, llegó hasta mí hace unas noches, haciéndome partícipe de un compartir maravilloso. Parecía más vivo que nunca. Podía tocar el aire del teatro con mis dedos, sentía el aire llevar las notas hasta mis oídos. Durante unas horas, olvidé mi selva, se borraron sus sonidos y todo lo ocupó la marea de sonidos de la guitarra y la voz de este hombre, que, desde la primera vez que lo escuché se quedó en mi médula y sigue estremeciéndola por dentro con cada nota. Un hombre que a sus más 70 años es aún capaz de coger su guitarra, y sin nada más llenar la estancia y vibrar con fuerza, de seguir hablando ese idioma único y comprometido. Nadie, nadie escribe canciones como este hombre. El viaje siempre resulta incierto y reconfortante. Un viaje mágico por aguas profundas, desconocidas y cercanas a la vez.
Rusty and blue (tristes y oxidados)
David Crosby
Cómo puedo agrupar estas palabras en un racimo
juntarlas en un montón, como plumas en tu suelo
Viajes y bosques marinos, de azul profundo y oxidado,
coserlas en una funda, y dejarlas en tu puerta
Vidas de gente, gente cuyas vidas
me fascinan
Toda mi vida, toda me vida
he querido entender
Hay un hombre en la esquina, tiene la luna en sus ojos
Viene de visita, y lleva un disfraz
me pregunto si está buscando amigos o verdades.
Creo que está llamado a alguien desde esa cabina.
Y la mujer sonriente contesta,
vence al miedo con sus ojos
piensa que la vida está bien, por eso creo que es sabia
y mi corazón quiere darle un regalo tan grande
que hablará por mi y le dirá donde estoy parado.
Y yo estoy de pié en una columna
y ésta se derrite como el hielo
de años que he vivido y algunos que he vivido dos veces
y tengo todas estas plumas y hojas en mi piso
y no quiero seguir volando dando vueltas, perdido.
Y siento la necesidad de juntarme, de revolver y buscar
de sacudir mi vida y darle un estirón
para traer conchas a la superficie y mostrártelas a ti,
regalos del fondo del mar, tristes y oxidados.
Estas dos vidas guardan mi atención bastante bien,
ya sabes, las vidas casi nunca corren paralelas
como las tablas en el piso, todas ajadas y gastadas,
predestinadas y encajadas mucho antes de que naciésemos.
Vidas de gente, gente cuyas vidas,
me fascinan.
Toda mi vida, toda mi vida
he intentado comprender,
comprender.
lunes, 29 de junio de 2015
Vida
En el aroma de un café
hoy he visto reflejados tus ojos
¿o eran los míos?
no lo sé.
Sólo sé que preguntaban otra vez
porqué estamos aquí sentados
si en la calle no hace frío
y no hay nada que esconder;
porqué es fácil responder
a los golpes del destino
a las mentiras del poder
en este café de esquina;
y porqué la vida es un doler
de días eternos, de pies cansados
de rostros ausentes, vacíos,
de preguntas sin responder.
Porqué los sueños no pueden ser,
y los necios ser pasado
y los hipócritas olvido
y la vida sólo nacer.
No, no lo sé.
Sólo siento bajo la piel
sangre hirviente, sueños vivos
sólo escucho un latido
¿es tuyo, es mío? o...
¿es ese que escuchamos afuera
ese que quiere nacer
que nos llama desde las aceras
que clama en los rostros
sin nombre de esta ciudad?
Haz tu casa de papel
pon a hervir agua para café
yo agarraré el viento,
y al tiempo, le pediré
un minuto más
una lucha más,
hasta que el llanto
no se escuche más
hasta que no hayan heridas
ni golpes para sanar.
¿Llegará quizá un día
sin casas altas ni bajas,
sin fin ni inicio la ciudad?
¿Ese día en que para vivir
no tengamos que pelear?
No, no lo sé.
Quizás nunca lo sabremos,
pero con sangre, comprometidos
lo prometimos.
hoy he visto reflejados tus ojos
¿o eran los míos?
no lo sé.
Sólo sé que preguntaban otra vez
porqué estamos aquí sentados
si en la calle no hace frío
y no hay nada que esconder;
porqué es fácil responder
a los golpes del destino
a las mentiras del poder
en este café de esquina;
y porqué la vida es un doler
de días eternos, de pies cansados
de rostros ausentes, vacíos,
de preguntas sin responder.
Porqué los sueños no pueden ser,
y los necios ser pasado
y los hipócritas olvido
y la vida sólo nacer.
No, no lo sé.
Sólo siento bajo la piel
sangre hirviente, sueños vivos
sólo escucho un latido
¿es tuyo, es mío? o...
¿es ese que escuchamos afuera
ese que quiere nacer
que nos llama desde las aceras
que clama en los rostros
sin nombre de esta ciudad?
Haz tu casa de papel
pon a hervir agua para café
yo agarraré el viento,
y al tiempo, le pediré
un minuto más
una lucha más,
hasta que el llanto
no se escuche más
hasta que no hayan heridas
ni golpes para sanar.
¿Llegará quizá un día
sin casas altas ni bajas,
sin fin ni inicio la ciudad?
¿Ese día en que para vivir
no tengamos que pelear?
No, no lo sé.
Quizás nunca lo sabremos,
pero con sangre, comprometidos
lo prometimos.
jueves, 4 de junio de 2015
¿Y la musa?
Dónde estará estos días mi musa,
no encuentro palabras, y el tiempo
se pierde en nada y no vuelve.
Dónde estarán esperando las palabras
esas que me impiden ir a la cama
empujando por salir de mi mente.
Dónde estará la pasión, el éxtasis
a punto de desbordar estas líneas
rompiendo esta noche esta luna silente.
Me siento atrapado en la escucha
Me siento cautivo en la lucha,
guerrero quijote sin sueño
de sí cada vez menos dueño.
¡Ven a buscarme oh Calíope,
llena mis páginas Clio!
contad mi historia profana
mis días de recluso sistémico
y sembrad en mí la poesía,
la burla, gracia, la risa,
la libertad.
no encuentro palabras, y el tiempo
se pierde en nada y no vuelve.
Dónde estarán esperando las palabras
esas que me impiden ir a la cama
empujando por salir de mi mente.
Dónde estará la pasión, el éxtasis
a punto de desbordar estas líneas
rompiendo esta noche esta luna silente.
Me siento atrapado en la escucha
Me siento cautivo en la lucha,
guerrero quijote sin sueño
de sí cada vez menos dueño.
¡Ven a buscarme oh Calíope,
llena mis páginas Clio!
contad mi historia profana
mis días de recluso sistémico
y sembrad en mí la poesía,
la burla, gracia, la risa,
la libertad.
jueves, 28 de mayo de 2015
Tiempo de pacto
Todos los diarios ofrecen análisis de las pasadas elecciones. Todos hablan estos días sobre los rumores de los posibles pactos entre los distintos partidos en muchos ayuntamientos y comunidades autónomas. El resultado final parece ser el que nadie dice: no hay vencedores ni vencidos, no ha ganado nadie, al menos dentro de las "reglas" de un juego en el que cada vez lo que prima es parecer que se aplasta al rival, que es en sí igual a nosotros mismos.
En sí, me alegra que no haya ganadores absolutos, y que los distintos partidos se vean forzados a pactar entre sí para poder llevar a cabo un proyecto político y social, no solamente para gobernar; y que pacten realmente para poder sacar adelante una propuesta conjunta, sopesada, socializa y razona en común, y no simplemente por el ansia de gobernar, de figurar como vencedores, o de castigar a una u otra fuerza política, pues si no hay diálogo, ¿dónde queda entonces la democracia?
Sin embargo, y si me preguntase a mí, les diría que realmente sí ha habido un perdedor en estas elecciones, y ese perdedor somos todos. Todo el mundo se vanagloria de la bajada de la derecha, o del partido monolítico PPSOE, o de la caída de la izquierda, o de la ascensión de nuevos políticos. Para mí la clave está en quiénes han elegido esto: que suban o bajen unos u otros partidos políticos. Y la realidad es que esto lo han elegido un 49% de los ciudadanos españoles en edad de voto. En otras palabras, el futuro gobierno de nuestros ayuntamientos y comunidades autónoma lo ha decidido la mitad de la población, a la otra mitad no les importa lo que pase en su país.
Poco bueno dice de los españoles este 49% de votantes. Poco de su compromiso, de su conciencia de ciudadanos, de su amor a su país. Pensar que hay un 50% de ciudadanos a los que les importan tres pitos todo y pasan olímpicamente participar en la vida de su país, es muy, muy triste. ¿Desencanto con el sistema, con los partidos? No lo creo, para nada. No es más que triste conformismo y comodidad.
Recuerdo estos días aquellas discusiones en la universidad, organizando las manifestaciones en contra de la LOU y el plan Bolonia Todo lo que la inmensa mayoría de mis compañeros querían era suspender las clases y manifestarse temprano en la mañana. Cuando propusimos ir a clase con normalidad y manifestarnos en al tarde junto al resto de trabajadores y habitantes de la ciudad, hubo una sonada pitada y abucheo. Se decidió suspender las clases al día siguiente y convocar a una manifestación a las 9 de la mañana. Cuando al día siguiente dieron las nueve, en la manifestación estábamos los cuatro gatos de siempre, los que queríamos ir clase y marchar a las 8 de la noche. El resto se habían quedado en casa durmiendo, que es lo que realmente querían.
El pasado domingo la mitad de España se quedó en casa durmiendo tranquilamente, pues es lo único que les importa. Se han pinchado a sí mismos con una rueca y esta vez no va a venir ningún príncipe azul a despertarles. Más bien llegará un ogro y les sacará a golpes de su dulce sueño. Gritarán entonces, patalearán y reclamarán, pero ya saben: los cómodos no tienen derecho a queja, no tienen ya ningún derecho, no han cumplido con sus deberes, y por ello obligados agacharán la cabeza sin rechistar.
¿Qué queda del ser humano si pierde su voluntad?
En sí, me alegra que no haya ganadores absolutos, y que los distintos partidos se vean forzados a pactar entre sí para poder llevar a cabo un proyecto político y social, no solamente para gobernar; y que pacten realmente para poder sacar adelante una propuesta conjunta, sopesada, socializa y razona en común, y no simplemente por el ansia de gobernar, de figurar como vencedores, o de castigar a una u otra fuerza política, pues si no hay diálogo, ¿dónde queda entonces la democracia?
Sin embargo, y si me preguntase a mí, les diría que realmente sí ha habido un perdedor en estas elecciones, y ese perdedor somos todos. Todo el mundo se vanagloria de la bajada de la derecha, o del partido monolítico PPSOE, o de la caída de la izquierda, o de la ascensión de nuevos políticos. Para mí la clave está en quiénes han elegido esto: que suban o bajen unos u otros partidos políticos. Y la realidad es que esto lo han elegido un 49% de los ciudadanos españoles en edad de voto. En otras palabras, el futuro gobierno de nuestros ayuntamientos y comunidades autónoma lo ha decidido la mitad de la población, a la otra mitad no les importa lo que pase en su país.
Poco bueno dice de los españoles este 49% de votantes. Poco de su compromiso, de su conciencia de ciudadanos, de su amor a su país. Pensar que hay un 50% de ciudadanos a los que les importan tres pitos todo y pasan olímpicamente participar en la vida de su país, es muy, muy triste. ¿Desencanto con el sistema, con los partidos? No lo creo, para nada. No es más que triste conformismo y comodidad.
Recuerdo estos días aquellas discusiones en la universidad, organizando las manifestaciones en contra de la LOU y el plan Bolonia Todo lo que la inmensa mayoría de mis compañeros querían era suspender las clases y manifestarse temprano en la mañana. Cuando propusimos ir a clase con normalidad y manifestarnos en al tarde junto al resto de trabajadores y habitantes de la ciudad, hubo una sonada pitada y abucheo. Se decidió suspender las clases al día siguiente y convocar a una manifestación a las 9 de la mañana. Cuando al día siguiente dieron las nueve, en la manifestación estábamos los cuatro gatos de siempre, los que queríamos ir clase y marchar a las 8 de la noche. El resto se habían quedado en casa durmiendo, que es lo que realmente querían.
El pasado domingo la mitad de España se quedó en casa durmiendo tranquilamente, pues es lo único que les importa. Se han pinchado a sí mismos con una rueca y esta vez no va a venir ningún príncipe azul a despertarles. Más bien llegará un ogro y les sacará a golpes de su dulce sueño. Gritarán entonces, patalearán y reclamarán, pero ya saben: los cómodos no tienen derecho a queja, no tienen ya ningún derecho, no han cumplido con sus deberes, y por ello obligados agacharán la cabeza sin rechistar.
¿Qué queda del ser humano si pierde su voluntad?
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