Más alto que el Catoute,
más alto que los volcanes
que rodean Quito,
más alto que las nubes
que esta tarde lloran sobre los Andes,
más alto has llegado,
y sin embargo tus pies
nunca dejaron la tierra:
caminando entre la gente ibas
sin distinciones,
caminando con la gente,
guiando y enseñado
como llegar arriba
sin dejar la tierra.
Más alto que las montañas has llegado,
y yo quisiera alcanzarte,
tenderte esta mano
que hoy llora sobre el teclado.
Me quedan los recuerdos.
Los llevo por dentro:
me ayudan a seguir andando,
a veces cuesta arriba,
a veces cuesta abajo,
siempre con alguien,
hasta llegar a la cima,
pero sin dejar la tierra.