Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 1 de agosto de 2015

Somos distintos

Hay un río que corre silencioso bajo el concreto una red, un tapiz que urden miles de manos anónimas. Lazos libres y hermanos, lazos distintos y únicos,
manos se tocan, cuerpos que se abrazan y se funden, que ante los ojos no encajan pero se funden y alimentan la llama de la esperanza.

Es el río que da color a la ciudad, y la libera de su encierro gris monopolítico. Es el río de los que no cuentan porque no quieren contar, el río de los que se construyen desde el otro, el río de aquellos que se buscan a sí mismos para mantener vivo el conjunto.

Es un río que corre contracorriente, por las calles cuesta arriba de la ciudad, que salpica a los extraños y les deja pensativos, alarmados. Es un río hecho a mano. Un río de telas cosidas a mano, de manos de alfarero y artesano, un río que habla idiomas maternos, un río que canta mitos y siembra árboles perennes.

Un río que recicla, que viste ropas usadas, que enseña materias sin pénsum en las aceras, un río que baila descalzo, que ocupa casas olvidadas y les da vida, un río que no sabe de modas y de estándares, que se ha hecho a si mismo y vive.

Un río que abraza el futuro sin sentirse esclavo de él, que habla de libros que nadie lee, que escucha músicas que no están en la radio ni en la tv, un río reparte besos en persona, un río que no sabe vender, sólo compartir, un río que libera código y regala mundos a cambio de un gracias.

Son gentes de rostro nativo
son mestizos que buscan raíces
son jóvenes liberados de clases, abiertos al mundo
son programadores con amor al arte... y la humanidad
son artesanos sin torno ni máquinas
son costureras de palabras sabias
son pescadores agradecidos con las aguas
son sembradores que miman la tierra y son dones
son luchadores que alzan la voz y el rostro

son gente distinta
son la pincelada de color en un mundo gris
que ha olvidado quién es.