Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 25 de agosto de 2015

Histeria colectiva

El lunes pasado llegaba apurado (como siempre) al museo el lunes en la mañana. Dando vueltas por la plaza semicubierta del edificio había dos policías que ni se percataron de mi breve "buenos días". Creo recordar que siguieron caminando por el edificio buena parte de la mañana.

El martes, a la misma hora, yo con el mismo apuro, vuelvo a encontrarme con los mismos policías dando vueltas al patio del edificio. "Buenos días". No hay respuesta.

Es ya miércoles. Yo sigo apurado, no se porqué siempre llego con las justas. Saludo al conserje y reparo, sin querer, en los dos policías, los mismos de ayer, los mismos del lunes, ahora sentados tranquilamente en un banco de la entrada. Sonrío para mí y frunzo el ceño después. No está de más tener dos polis en la puerta, sobre todo después de que nuestro guardia es tan joven que no parece guardia y nosotros tan burocráticamente limitados que no podemos ayudarle con un uniforme, aún así ¿por qué dos policías así de pronto? En fin, no te metas en más asuntos que ya tienes la agenda (y la cabeza) a punto de rebosar.

Un día más. Ya es jueves. Hoy ha llovido de madrugada. Llego después de mi carrera de obstáculos típica de un día de lluvia para toparme en la puerta de museo ¡con los mismos dos maderos! Hoy un seca con la mano el banco mientras el otro mira de pié como su compañero seca el banco (o se mira los zapatos -relucientes-, no estoy seguro) Pero bueno, ¿que pasa aquí? Ya no aguanto más el misterio y me acerco a ellos:
- Disculpen ¿Ocurre algo por aquí, algún problema especial,.. ? Les veo por acá todos los días y...
- ¿Eh? No, no es por el internet gratis.

¡Toma ya! ¡Por el internet gratis! Casi me caigo para atrás. Luego me voy al baño y me miro al espejo y comparto mi sonrisa y sonrojo con mi yo reflejo. Qué país ¿Quiere seguridad en la oficina? Pues ponga una red Wi-Fi abierta y tiene poli asegurado...

Hoy para variar aparecimos rodeados de militares. Toda una revista militar en el malecón, posando junto a las palmeras con casco, escudo y fusil en mano, paseando como simples turistas, y haciendo guardia en la entrada del edificio, en el patio, en el auditorio. El primero que me topo lleva los audífonos puestos y pasa el dedo sin ningún disimulo por el celular. ¿Qué sucede, se han corrido la voz las fuerzas del orden, y todas vienen ahora a disfrutar del internet gratis del museo? Ni idea. Estos tampoco escuchan mi buenos días ni dan explicaciones.
A media mañana, mientras retiro una encomienda aprovecho mi paseo citadino para conversar con quien me encuentro de camino de la peculiar estampa del museo esta mañana. "Debe ser por el aviso de paro. Ya sabe, cuando parece que va a haber bronca, mandan protección a los edificios públicos para evitar cualquier tipo de altercado".
¿Bronca por paro? En fin, no estoy muy al día de las noticias locales. En el país hay quien dice que el río anda revuelto y que las cosas están muy mal, incluso a punto de estallar. Yo me regreso tranquilo al museo. Mis queridos milicos siguen tranquilos descansando en un banco, con la mirada perdida aunque serios, unos mirando su fusil como queriendo comenzar una conversación íntima con él, otros practicando algún deportes similar al candy-crush con su celular.

Por lo menos hoy tengo la sensación de que no va a pasar nada raro. Es todo histeria colectiva y rumores propagados por un par de ruidosos con ganas asustar a la gente para su propio beneficio. Seguro. Echo la mirada atrás y pienso en la última intentona de golpe. No había policías ni militares paseando por las calles. Llegó completamente sin avisar, como llegan esas cosas. Quizá me equivoque, pero mientras tengamos militares tiñendo de verde el malecón y disfrutando del Wi-Fi, el país funciona. No hay tanta "crisis" como los histéricos nos quieren hacer creer.