Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 30 de agosto de 2015

Color en el blanco

Así lleva por título una bonita canción de Sergio Makaroff. Me la acaba de recordar una foto que me manda mi amigo Kiko, sonriente delante de casa, con el buzón repleto de propaganda, como el de Makaroff.

La verdad es que ya nadie escribe. Los buzones se llenan de propaganda de los supermercados, de las últimas ofertas del mes, de restaurantes, de cursos de idiomas a distancia y de mi y una tonterías más, pero ninguna carta. Ya ni los estados de cuenta del banco, ni el recibo de la luz. Los coleccionistas de filatelia han dejado de recortar sellos curiosos de sobres propios y ajenos y van a las oficinas de correos a comprar sellos nuevos para su colección. ¿Dónde quedó el romanticismo de las pequeñas cosas de la vida?

Escribir es romántico. Hasta el escribir un oficio de respuesta tiene su gracia y sabor, ese de crear el ambiente adecuado para responder, de elegir las palabras precisas. Hasta eso se está olvidando: jefes que contratan secretarias para que les redacte oficios que ellos sólo aprueban, memorándums escritos en versión telegrama e impresos en hojas tamaño mini-cuartilla, en los que se esconde un ahorro de palabras debajo de un ahorro del papel.

En nuestra cultura del dedo índice y el pulgar, nadie escribe. Nadie gasta papel, nadie empuña una pluma, ningunos dedos conocen de memora y sin intercesión de los ojos las tecas sonoras de una máquina de escribir o de un teclado. Mi casa no tiene buzón. No tengo casillero en la oficina de correos; triste es que las cartas entren por debajo de la puerta, pero más triste aún que no entren y el quicio se va atascado por la horrorosa propaganda.
Como triste es también que mi buzón de e-mail, el culpable acusado de matar a las cartas de papel, esté vacío de verdaderas cartas y sólo reciba telegrámas o correos automáticos que comienzan diciendo "do not reply" (no responda). No, ni siquiera en estos medios ecológicos la gente escribe. Todo se ha vuelto rápido y telegráfico: una foto, un guiño, un saludo con dos palabras mal escritas en un chat o en una red social. Un mensaje multimedia que hace daño a la vista. Una videollamada de 15 minutos. Un hola y una adiós fugaces. El eco del recuerdo de una breve conversación que se va apagando en nuestra cabeza según pasan las horas y los días.

Mi abuela decía que prefería las cartas a las llamadas de teléfono porque las primeras duraban más. Las podía guardar en un cajón en la mesita volverlas a leer de nuevo, descubriendo con cada nueva lectura nuevos matices, nuevos sentimientos. Ella sabía de la poesía y del romanticismo necesarios en nuestra vida para vivir felices y sanos. Ella sabía de la lentitud que da sabor y sazón a nuestras vidas, era conocedora de los peligros insípidos de una vida cocinada en olla exprés. Por eso hoy, que es domingo y el viento sopla lento en esta ciudad a orilla de un río que fluye a su ritmo, me hago a un lado del torbellino de mensajes en forma de palabras mutiladas e imágenes prestadas y, cuidando la ortografía y pensando cada palabra, dejo que los dedos baile armoniosamente sobre el teclado de este computador y hagan que surja una vez más la magia y el romanticismo, la poesía y la sal de esta vida cocinada, como debe ser, a fuego lento.

Ya van dos cartas enviadas hoy. No se si obtendré respuesta, no me importa. Sé que alguien las leerá, una, y luego otra vez, y luego otra más. Y en cada una de ellas descubrirá alguno nuevo, y en todas ellas se encontrará conmigo, como si todos los días me metiese en un sobre y llamase  a su puerta desde la saca de un cartero.

"I'm a-gonna wrap myself in paper,
I'm gonna daub my self with glue,
Stick some stamps on top of my head,
I'm gonna mail myself to you"

"Me voy a envolver en papel, me voy a aplicarme pegamento, me podré unos sellos encima de la cabeza, me voy a enviar por correo para ti" cantaba Woody Guthrie a sus hijos. Me uno a él.

A ver quién es el primero en abrir este sobre y escribir la respuesta.