Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 5 de diciembre de 2015

Por Fax

Oscar y Felix (Walter Matthau y Jack Lemmon), en la cuneta de una desierta carretera perdidos en algún desierto californiano, camino de la boda de sus hijos, pelean porque el primero ha olvidado en el aeropuerto la maleta del segundo. "No te preocupes, hoy día hay métodos muy rápidos para enviar las cosas, está de DHL, FedEx, Fax" "- ¿Fax? ¡¡Perfecto me enviarán mi maleta por fax! ¡A mi querido yerno le entregaré 10 maravillosos billetes de 100 dólares impresos en fax!"

Era uno de los tantos chistes escritos por el genial Neil Simon para la genial extraña pareja de actores, y, como tantas obras de Simon, es un fiel reflejo de la pura realidad.

Hace menos de un mes, recibía yo una carta del Centro Español, con el instructivo para solicitar el voto por correo en las próximas elecciones nacionales de España. Una hoja fácil de rellenar, que simplemente debía remitir por correo postal, por internet teniendo un certificado electrónico o DNI electrónico, o por fax. Por correo postal ya sabemos que llegaría, con suerte para las elecciones del 2019, el certificado electrónico, que si llegó por correo para los anteriores comicios, ahora no asomó: no sé si no enviaron o si se perdió el sobre por el camino. Mi DNI, caducado, y sin posibilidad de renovarlo en el extranjero, de poco sirve, por no decir del lío que es hacer funcionar esos benditos lectores de tarjetas inteligentes. En resumen, me quedaba el fax como última opción.
¿El Fax? ¿Pero es que alguien aún ocupa esas cosas? A mi mente vinieron esas hojas impresas de fax de los años 90 completamente borradas que dejé guardadas en el archivo documental de la misión hace un año por mera curiosidad, a mi mente vinieron también aquellas viejas máquinas de telex de los diarios y los enigmáticos tubos neumáticos de unas oficinas de la década de 1930. ¿De verdad alguien me estaba pidiendo enviar un documento por fax?
Sí, así era y no era chiste. La gente del Centro Español incluso decía que pondrían su máquina de fax a disposición de todos los españoles que quisiesen trasmitir su solicitud de voto, lo cual que causó aún más gracia: me imagino una pequeña oficina, un un viejo trasto chirriante, conectado a un módem telefónico, chupando y enviando hojas, y una fila de impacientes compatriotas observando trabajar al aparato.
No se cuántos españoles podemos estar residiendo hoy día en Ecuador, pero seguro somos unos cuantos miles. Y tampoco se dónde queda ese Centro Español, salvo que está en Quito, pero ¿no resulta un tanto ridículo decir que se pone una máquina de fax a disposición de los miles de españoles que viven en un país donde uno tarda 5, 6, 7, 9 horas en trasladarse a la capital?

Supongo que la amabilidad de semejante prestación social viene motivada por el hecho de que nuestros caritativos amigos del Centro Español saben que nadie va a encontrar una máquina de fax funcionando en kilómetros a la redonda, así que dicen, "no se preocupen, que nadie se quede sin poder votar, acá tienen la nuestra".

Me acongoja tanta disposición y amabilidad. Yo, como ciudadano con conciencia cívica, me dispuse a votar. Rellené la solicitud, cogí una foto de mi pasaporte y me puse a buscar un fax. Evidentemente, un viaje entre semana a Quito no estaba en mis posibilidades, así que me tocó patear por media ciudad del Coca preguntando en todos y cada uno de los cybers y locutorios si enviaban fax. En el 50% la respuesta fue una mirada de "que demonios es eso" proveniente de un o una joven que en su vida llegó a ver un fax. Algo así como aquel amigo de mi hermana que miraba intrigado uno de mis discos de vinilo y preguntaba para qué servía eso. En el otro 50% de cybers me contestaron  con un no que podía significar: "no, ya no tenemos eso" o "pregunte dos cuadras más allá a ver si tiene suerte".
Vista mis suerte, decidí preguntar a los compañeros por si en alguna institución pública tuviesen la preciada maquina, pregunta a la que obtuve respuestas como "creo que tienen una pero no lo usan" No lo usa quiere decir está guardada en un rincón o un cajón, llena de polvo, seguramente no haya donde enchufarla y vaya ud. a saber si funciona".
Sudado y cansando, me tuve que resignar a no votar. Resultado electoral: Gobierno Fascista 1 - Ciudadano honrado 0. Cómprese vaselina industrial y siga aguantando otros 4 años más.

Acordándome hoy de esa historia del fax, me ha dado por mirar y por internet y perplejo me quedo al ver que todavía hoy hay quién usa el fax, que el fax y no así el correo electrónico tiene valor legal porque no puede "hackearse", y que, no se cómo, pero hay servicios de pago que le permiten a uno mandar fax por internet. Toma ya. Si lo hubiese sabido hace 15 días, lo intentaba. Pero, ¿a quién se le iba a ocurrir?

A mi no, desde luego. Se le ocurrió a un gobierno acojonado, que no quiere que le lleguen votos no deseados, que nos ha condenado al ostracismo a todos los españoles que por un motivo u otro hemos decidido hacer nuestra vida fuera de las fronteras de nuestro país, negándonos el derecho a ser ciudadanos, porque si uno lo piensa ¿de qué sirven pasaportes, consulados, embajadas, si uno no puede ejercer fácilmente su derecho a participar en el gobierno de su país?

No faltan las voces fachas conservadoras que contestan con un "no te hubieras ido". Bueno, si así lo quieren volvamos todos a España. Yo hago las maletas y me regreso a España. La empresa española que está a punto de continuar las obras de construcción del metro de Quito, recoge sus bártulos y se vuelve a la madre patria, Repsol cierra el grifo de los pozos petroleros que tiene en la selva ecuatoriana y vuelve a casa, no se cuantos políticos españoles cierran sus cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales y llevan su dinero de vuelta a España, el resto de empresas, ejército y demás instituciones patrióticas hacen lo mismo, y listo, arreglado el problema. Todos volvemos a ser patrióticamente españoles. Un poco de chauvinismo no viene mal. ¡Perdón! utilicé un termino francés, perdón perdón..

Así que quedo la espera. Me avisan del retorno a casa para ir reservando el billete de avión.

Y si después del 20 de diciembre dejan de saber de mí, será porque les han cambiado el computador (y el cerebro) por una máquina de fax.