Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 10 de julio de 2013

Re-ciclando

Volver a utilizar, poner algo de nuevo en circulación. Algo que rara vez hacemos.

Alguno de los tantos cachivaches que tenemos por casa se "queda viejo" -o eso nos dicen-, y nosotros automáticamente lo desechamos y compramos uno más nuevo con los últimos -eso nos dicen- adelantos tecnológicos. Sentimos un remordimiento previo -chuta, otra vez a gastar plata-, y a continuación nos vamos a una de esas grandes superficies, donde un tipo vestido de sintético uniforme y sintética sonrisa, manejando un cerebro sintético pilotado por los hilos de la mercadotecnia neoliberal nos recomienda comprar cierto aparato -normalmente de oferta-. Y nosotros, como pez fuera del agua, lo compramos. Al principio nos parece que esa especie de "nave espacial" no va a encajar bien en el salón, y puede que acertemos, y seguramente pensemos que nunca vamos a utilizar las mil y un funciones que dicen que tiene, algo en lo que probablemente también acertemos. Pero la compra está hecha: en efectivo, con tarjeta, a plazos,... Como sea. El caso es que tenemos un nuevo aparato en casa, y un "viejo trasto" y un montón de cables, que después de coger polvo durante 15 días en un rincón, pasarán a dormir el sueño de los justos en el desván, porque a pesar de todo, nos sigue dando cierto remordimiento el tirarlo a la basura, y mucha más pereza aún cargarlo hasta el punto limpio. Ah, bueno, se lo podríamos regalar a alguien, pero la verdad, cada vez hay menos gente dispuesta a recibir un trasto viejo: nos hemos contagiado todos de esa enfermedad que lleva por nombre "estar a la última".

Recuerdo como hace algunos años, con la llegada a España de la Televisión Digital Terrestre (TDT) mucha gente se puso como loca a comprar nuevos televisores, de pantalla plana, compatibles con el nuevo sistema, cuando en el mercado existían multitud de adaptadores de TDT para los viejos televisores, incluso para esos sin euroconector que -según decían algunos- ya no tenían remedio. Y es que a la par que el mundo de la tecnología saca al mercado nuevos y más fantásticos aparatos, cambiando modelos de conectores, de pantalla, de soporte, aparecen mil y un aparatejos, conectores, cables y un sin fin de adaptadores para que nuestro viejo aparato siga vivo en los albores de esa nueva era tecnológica que nos muestran con cuentagotas (¿no será un camelo tanta palabrería?

Estos días me encuentro con un caso similar: Resulta que hay mucha gente cambiando de ordenador, porque se "ve lento y viejo a lado de las últimas máquinas con los últimos sistemas operativas, y sobre todo, por el anuncio de que a partir del año que viene el Windows XP va a quedar obsoleto. ¿Y ahora que hago? La respuesta de la mayoría de personas es y tristemente será comprar un nuevo ordenador, más nuevo, más rápido, con el último sistema operativo dominante en el mercado. Esa respuesta implica gastarse como mínimo unos 400 o 500 dólares o euros. Porque además el gran almacén donde se comprará el nuevo PC nos lo venderá con el grupo de periféricos completo: ratón, teclado, monitor, etc.
¿Y si les digo que pueden cambiar de computadora prácticamente sin gastar dinero? Les estaría mintiendo. Perdón. Quise decir reciclar su computadora sin gastar casi dinero. Creo que en estos momentos de crisis puede ser una buena manera de ahorrarse unos cuantos dólares y además decir a ese dios neoliberar que se guarde su supuesta post-modernidad para sí mismo. Está bien insultar al gobierno, protestar por las calles y compadecerse de los pobres parados, pero si el sábado por la tarde nos vamos de paseo al centro comercial y regresamos con un portátil nuevo en una elegante funda, toda nuestra protesta habrá quedado convertida en cenizas. ¿Les parece o no interesante la propuesta?

Como esta, hay mi alternativas para re-ciclar, reutilizar, mantener en uso tantas y tantas cosas que tenemos en casa y que aparentemente se quedan viejas. Sólo hace falta un poco de fuerza de voluntad para combatir a las fuerzas ocultas del mercado, y algo de buena mano con un destornillador y unos alicates. ¿Qué fue de la clase de pretecnología del colegio, ya la olvidaron? Hagan memoria. Piensen quizás en su padre, o en su abuelo, y busquen en el trastero esa caja de herramientas que heredaron y nunca abrieron. Y si tienen la mala suerte de venir de una familia en la que no hubo nunca ningún manitas, llamen a ese vecino del quinto que guarda en su casa la colección completa de bricomanía y seguro está dispuesto a echarles un cable (o dos)