Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 15 de enero de 2013

Hagámoslo por los de abajo

¿Por qué sólo cumplimos nuestras obligaciones cuando hay alguien supervisándonos desde arriba, cuando tenemos a un policia por encima del hombro viendo lo que hacemos?
Esta actidud nuestra, de la que muy pocos nos salvamos, creo que es una de las mayores muestras de egoismo y desconsideración hacia los demás de las que hacemos gala, aunque lo neguemos, y digamos que nosotros sí trabajamos por amor al trabajo, que nosotros si miramos por los demás.

Puede ser la fecha límite para acabar o entregar un trabajo, que se va acercando y entonces nos hace trabajar de una vez por todas. Puede el rector o el vicerrector de nuestro colegio, que sabemos que supervisará nuestro trabajo y nos pedirá cuentas; puede ser el supervisor de educación, o mejor dicho, el miedo a ese supervisor que puede se se asome algún día. Cada uno en su día a día, en su trabajo, puede encontrar ejemplos similares: en nuestro cumplimiento de la ley de tránsito, en nuestra colabaroación en la casa para manenerlo todo limpio y arreglado,... hay muchos ejemplos simialres, y en todos ellos, siempre econtramos alguien arriba, con la maza de la justica o una espada afilada, amenzante.

¿Por qué, por qué mramos siempre al de arriba? ¿Tan imponente aparenta? ¿Y abajo? ¿Alguien se a parado alguna vez a mirar abajo? Muy pocos lo han hecho, porque mirar abajo, mirar a los de abajo, es mirarnos a nosotros mismos, mirar en nuestro interior, y vernos como uno más de un mismo grupo de iguales, como parte de una cadena en la que todos los eslabones son iguales e indispensables los unos para con los otros. Mirar abajo es mirar al alumno que necesita crecer y enriquecerse, es mirar a nuestros padres, madres, abuelos, hermanos, y acompañarles en la taera de compartir realmente la casa-hogar, es mirar al otro conductor vecino, o al peatón que espera en la vereda, y trabajar y poner nuestros esfuerzos en ellos, rendir cuentas no al rector del colegio, sino a nosotros mismos, haciendo lo mejor que sepamos hacer para que el alumno camine y crezca.

Por eso, les invito a que, cuando piensen en su trabajo, en su responsabilidad, no lo hagan para rendir cuentas con el de arriba, sino para acercase al de abajo y a la vez a ustedes mismos. Entonces, todas las desiluisones, todos los malesares, los sinsabores de nuestro trabajo y nuestra vida diaria, irán poco a poco desapareciendo, y nosotros, sin darnos cuenta, creciendo y madurando en el proceso.