Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 18 de mayo de 2008

Consejos para escribir, consejos para la vida

Acabo de leer el libro de Ray Bradbury Zen en el arte de escribir. Y me ha dejado, una vez más, pensativo y ahora también con ganas de seguir sus consejos y escribir, enseñar, viajar, sacar mi yo interior cuando el me golpee en mis sueños y me diga "ahora, levántate, ve, hazlo, sin miedo". Mi admirado hombre de Illinois habla en esta colección de ensayos sobre sus musas, sobre el placer de escribir, de crear arte, ofreciendo un puñado de consejos de corazón a todo aquel que quiera dedicarse profesionalmente al arte, y también a todos aquellos que, como espectadores pasivos, consumidores desde el otro lado de la página, sienten en su interior esa punzada reprimida por crear algo propio pero no se atreven.
No son consejos desde un punto de vista técnico, sino humano, un soplo de aire fresco -o eso me ha parecido a mi, para animar a la gente a que sueñe, a que trabaje día a día por hacer sus sueños realidad a a través de su trabajo, consiguiendo que este sea menos mecánico y más humano, porque, -y esto es pensamiento mío ¿Sí no disfrutamos de alguna manera con el trabajo, si no ponemos en el algo de ese niño que todos llevamos dentro, si no buscamos el lado bueno del duro trabajo, entonces de qué nos sirve?
El libro versa de mucho más, por supuesto, y además, todos aquellos que ya hayan leído los más famosos cuentos de Bradbury, quedarán encantados descubriendo dónde encontró el autor -o mejor dicho su yo inconsciente- la inspiración para algunos de sus más célebres relatos.

No pienses, actúa, deja que salga de tí tu pansión más secreta, sin disfrazar, tal como duerme en tu cabeza, recomienda Bradbury. Yo escribo, escribo, para liberar a ese "yo" que me habla en sueños y me dice que no escuche y no piense tanto lo que los demás puedan pensar o creer a cerca de mi destino, pues es mío.
Este hombre-niño no deja de sorprenderme y animarme con su trabajo. Desde aquí le mando un abrazo fuerte, un GRACIAS enorme, por ayudarme desinteresadamente a salir adelante, a luchar por mis sueños, a no olvidar mis fantasías y a ese niño que soy y siempre seré, porque si no estaría muerto, y también a madurar, a enfrentarme a la vida y salir airoso, por muy dificil que sea el camino, y, de paso, invitar también a otros a segurilo.

[...]¿No consiste en eso la vida, en la capacidad de dar un rodeo y meterse en las cabezas de los otros para mirar el condenado milagro y decir: ¡Vaya!, o sea que vosotros lo veis así? Bien, pues lo tendré en cuenta.[...]
- Ray Bradbury, "A este lado de Bizancio <El vino del estío>" en Zen en el arte de escribir (1994)

Una magnífica reseña de Zen en el arte de escribir aquí.