Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 1 de abril de 2008

Graceland (1986) - Paul Simon

Este mes me he decido por un disco "famoso". Lo escribo entre comillas porque, quizá ya no sea tan conocido. Hoy día parece que, en lo que ha discos se refiere, la cosa se divide en dos grupos: los grandes clásicos de los 60-70, y las rarezas de culto. Yo suelo caer bastante amenudo en el segundo grupo al recomendar discos en este blog; me parece que los discos que en su día fueron famosos lo siguen siendo hoy y la gente los conoce y escucha. Quizá así era antes, pero ya no.
En parte por el paso del tiempo, en parte porque las emisorias de radio y demás medios de comunicación ya no ponen éxitos pasados, o los ponen orientados a ese público ya adulto que los descubrió en su juventud, trabajos como este Graceland de Paul Simon, que en su día marcó un antes y un después, pasan hoy desapercibidos en las estanterías de tiendas de discos. Recuerdo que mi amigo Luis, de la desparecida Discos Liverpool me decía. "Sí, es muy bueno, a mi también me encanta, pero sólo vendo un Graceland a año, y con suerte". La gente ha perdido su cultura musical.
Así que aquí estoy yo, compitiendo con los Mass Media para volver a sacar a flote música de un tiempo en que todavía era posible que la calidad se colase entre las rendijas que dejaban tras de sí los esperpentos televisivos.

En Graceland (1986) Paul Simon (mitad de los míticos Simon & Garfunkel) nos redescubrió la música africana. Enamorado de los rítmos que descubrió en discos llegados desde este continente olvidado, viajó a Johannesburgo y empezó a grabar canciones con músicos locales, mezclando los ritmos folk, rock y country de la música de su música con los ritmos de estos músicos africanos. La mezcla que surgió rompió fronteras y giró la cabeza de un montón de ejecutivos de casas discográficas y distribuidoras hacia África. Creo -que me corrijan si me equivoco- que fue el punto de partida para todo el boom de música étnica que ha invadido nuestros oídos occidentales desde entonces.
Hoy parece que la fiebre por la música étnica ya ha pasado. Recuerdo cuando sonaba Khaled en todos los pubs y discotecas, parece que fue ayer, pero la verdad es que de eso hace ya 10 u 11 años. Se ve que me hago viejo. Por suerte la música no envejece, y este disco en el que Paul Simon aparece envuelto en ritmos pegadizos, letras inteligentes, acompañado por músicos como Ladysmith Black Mamabazo, Stimela, Linda Ronstadt o los Everly Brothers, nunca se hará viejo. Puede que no se le escuche últimamente, pero seguirá ahí vivo, esperando a que alguien lo coja en la estantería de una tienda y lo escuche una y otra vez, una y otra vez, como hago yo sin darme cuenta muy de vez en cuando. *****

Videoclips: The Boy In The Bubble - You can call me Al

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encanta este disco. Creo que junto al Songbook, Paul Simon y There Goes... es lo mejor que ha hecho.

John Phillips.