Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 31 de marzo de 2008

Cambio de hora

"... y recuerden que hoy adelantamos la hora, esta madrugada a las 2 serán las tres. Que pasen muy buena noche."
Mario apagó el televisor y se dejó escurrir en el sillón. Estaba molido. Muerto. Menuda semana. Otra más así y tendrían que llevarle al hospital. El único remedio que conocía para olvidarse de las penas laborales de la semana, era, engañar al cansacion con unas cuantas horas de marcha el sábado por la noche. Lentamente se levantó y empezó a caminar hacia el cuarto de baño. Hoy estaba aún más harto de su trabajo de jefes insoportables, de clientes insatisfechos, de una jornada laboral de 10 horas o más, y encima, hoy la noche era más corta. ¡Qué bobada! Nunca había entendido eso de cambiar la hora. ¿Ahorro de energía? ¡Pero si la mitad de la población baja las persinas y da la luz aunque haga un sol radiante! ¡Si todo el mundo pone el labaplatos, la labadora, la vitrocerámica, enciende el secador de pelo y le sube el volumen a la tele, todo al mismo tiempo!
¡Ahorro de energía! Ganas de fastidiar más bien.
Al cabo de un rato despertó de su enfado interno y empezó a levantarse lentamente.Se duchó y se afeitó perezosamente. Se vistió. Estaba atándose los zapatos cuando sonó el portero automático. Miró el reloj de pulsera. 23:15. "Me dan ganas de adelantarlo ya, va, luego..." pensó para si mismo. En el visor del telefonillo Julio esperaba impaciente con las manos en los bolsillos. No se molestó en contestarle. "Hace frío" Cogió su abrigo negro de paño y salió de casa dejando tras de sí la luz del baño encendida y el televisor mudo con algún presentador estridente danzando por un plato lleno de gente rara con mente de televisor panorámico en busca de sus 5 minutos de absurda gloria.
Llamó al ascensor. Estaba entrando en él, cuando la hija de los del 3º C se coló como un huracan, haciéndole tambalearse.
-Lo siento.
La miró de arriba abajo. No sabía si él pillaría algo esa noche. Pero ella seguro que sí. ¡Y sólo tenía 16! No recordaba que cuando él era un adolescente lleno de acné las chicas se vistiesen así. Durante unos instantes la envidió, y también a su novio, o a los chicos que saliesen en su grupo. "Vampiresa -pensó- ¿Qué vas ha hacer esta noche?"
La puerta del ascensor volvió a abrirse y la chica del 3º C voló hacia la noche. Mario salió del portal mirando a ambos lados intentando localizar al ángel de la muerte que le había acompañado en el trayecto de descenso a ese infierno que podían ser las calles de la gran ciudad. La noche se la había llevado ya.
-Sigo diciendo que las visten de putas.
Mario sonrió a su amigo.

Caminaro rapidamente hasta la parada del bus urbano. Hacía frío para ser finales de Marzo.
-Bueno. ¿Y que tal la semana?
Mario devolvió una mirada asesina a su amgio. Julio rió y le dió una palmada en la espalda.
-Vamos, ahí viene el número 2. Verás como en la fiesta de Jose se te olvidas de todo el mal humor de la semana. Creo que ha invitado a no se que ejecutivas danesas de su curro...

Se sentaron en los primeros asientos del bus. Al fondo una tropa de universitarios y casi-universitarios reía y bromeaba. Mario les miró de reojo.
-A veces creo que me gustaría perderme por ahí con ellos. Hecho de menos lo de los pubs y el ruido... ¿No nos hemos vuelto demasiado carrozas con fiestas privadas en casa y luego el tradicional fin de fiesta en el Crazy Floor?
-A cada edad lo suyo- contestó Julio- Tienes 32 tío, eso ya pasó.
-En mi clase, en la facultad había un tío con treintaitantos y no veas como se lo montaba.
-Hombre excepciones siempre hay. Piensa en todas las cosas que no podías hacer cuando tenías 20...
Bajaron 15 minutos después, el autobus se marchó avenida adelante llevándose todas las risas infantiles con él. Portal 33, 2º piso, puerta 1. Parecía un chiste. Sólo Jose podía haber acabado viviendo allí. Era un edificio viejísimo. Ni siquiera tenía portero automático, sólo una colección de timbres antediluvianos que parecían dispuestos a dejar al visitante con los pelos de punta. Llamaron con insistencia.
-¡Ahora mismo baja mi mayordomo a abriros camballeros!
Miraron hacia arriba. Jose con una copa en la mano y una chispeante camisa hawayana brindaba al aire de la noche.

-¿A quién debo anunciar?- Marcos, vestido de punta en blanco, pajarita incluida, apareció al poco en la puerta del portal.
- A las Hermanas Pajarito- Dijo Julio riendo.
Marcos subía la escalera con elegancia de marqués de segunda.
- Señoras y señores, las hermanas Pajarito. Gertrudis y...
- Gwendolyn -dijo Julio.
- Déjalo.- Mario se quitaba el abrigo y echaba un vistazo rápido al piso. Había un montón de gente. A más de la mitad no les conocía. Y probablemente no llegara siquiera a decirles hola a muchos de ellos, y los que le fueran presentados serían otra vez otra vez extraños cuando el domingo amaneciese con resaca...
- ¡Hermosas damiselas! -Jose apareció con dos copas una en cada mano- Venid, venid, os persentaré a dos gemelas que dicen que son lesbianas.

La fiesta transcurrió como todas las fiestas. Mario se dejó llevar por la música y el alcohol y la charla insulsa de siempre. Rió, grito, insulto a su jefe un millón de veces, se hacercó otro millón de veces más a las gemelas lesbianas y vailo Yummy Yummy Yummy de Ohio Express con Jose una y otra vez hasta que alguien quitó el disco y lo lanzó por la ventana. El martini con vodka se le empezaba a subir a la cabeza, camino del baño, tropezó con las gemelas en el pasillo. Empezaba a pensar que sí eran lesbianas pero no gemelas... toda la noche juntas. Julio salió del baño con una cerveza en la mano gritando.
-¡Esperad, esperad! Hola tio.
Mario, sonriente le miro mientras marchaba dando tumbos por el pasillo y se encerro en el baño. Se miró en el espejo. Parecía un muerto viviente. Se aclaró la cara con agua fría. De repente le dio un mareo. Todo daba vueltas.... martini con vodka ¿sólo?... Jose.... Gemelas.... Hola tío.... Lo siento... Yummy Yummy Yummy.... A las 2 serán las 3... Chewy Chewy.... Gwendolyn, Gwendolyn y Cecilly... A las dos serán las tres.... ¡Soul Finger!... hermanas pajarito.... a las dos serán las 3, a las II serán las III, alasdoseránlastres....

Despertó de repente. ¿Acababa de darse un golpe? Afirmativo. Contra el lababo. Miró a su alrededor. Estaba sentado en la taza del váter, le dolía la cabeza horrores, lo veía todo un poco borrorso. Por lo menos tenía los pantalones subidos. Se levantó agarrándose de toallero y agarró con la mano su copa hasta que se dió cuenta de que era la escobilla del váter. "Menudo caballero andante estás hecho". Se lavó las manos y se dispuso a salir del baño. Quedó quieto con la mano en el pomo. No se oía música, risas, gritos. Nada. Sacudió la cabeza y salió fuera. El piso estaba en penumbras. Parecía muerto. "¿Cuanto tiempo llevo ahí dentro" se dijo a sí mismo. Avanzó hasta el salón. En un sillón había un tipo gordo durmiendo la mona delante de un televisor con la pantalla en niebla. No le recordaba de la fiesta, quién sabe.
¿Qué hora era ya? Miró su reloj de pulsera. ¡Las 2 en punto! Llevaba en el baño... bueno, no sabía a que hora había entrado... daba lo mismo. Las 2. Miró de nuevo su reloj... la dos, osea las tres. Un momento. Giñó ambos ojos a la vez. Se hacercó a la lámpara que había en una esquina del salón, la encendió y miró el rejol. Seguía borracho, no había duda. 1, 3, 2, 4, 5, 6, la esfera del reloj no seguía un orden muy matemático que se dijese. Sacó la cornona para adelantar la hora... no podía ser ¡Las 13! ¡Coronando la esfera ahora había un 13! Empezaba a marearse otra vez. Se apoyó contra la pared al principio del pasillo. ¡¡Plum!! Risas. Risas de mujer. Venían de una de las habitaciones. La segunda puerta a la derecha se abrió Y Julio salío riendo acompañado de las gemelas, que ahora eran... ¡Trillizas! Mario tuvo que agarrase fuerte al muro mietras con la otra mano se apretaba en la sien.
-¡Hola tío, menuda cara que tienes! ¿Ya no aguantamos nada eh, Vejestorio? Jajaja- Rio Julio rodeado por tres rubias de ojos verdes.
-Oye... Dónde ¿Dónde está todo el mundo?
-¡Y yo que sé! ¿Has mirado debajo de las colchas? Ja ja ja
-Yo... creo que me he dado un golpe...
-Pobre- Dijo la tercera gemela mientras le acariciaba la barbilla.
-Chicas, a la disco. La necrofilia para más tarde.
Julio y las gemelas-que-eran-tres abandonaron el piso entre risas. Cansado y aturdido, Mario se miró en el espejo del recibidor. Sí, parecía un muerto.
-Menuda la hemos hecho hoy ¿eh? -le dijo a su propio reflejo- ¡Los dos mosqueteros, los dos moqueteros-zombies, los dos...! En una esquina del espejo, al fondo, había un tercer Mario con cara de zombie. Se sintió fatal, se mareó. Vomitó en el paraguero de Jose y empezó a reirse como un tonto tirado en el suelo.

Despues de lavarse la cara con agua fría ya estaba mejor. Se puso el abrigo y salió del piso. Al cerrar la puerta se quedó pensativo en el descanso de la escalera. No podía ser. No. TERCERO. Lo ponía con todas las letras. TERCERO. Miró de nuevo su reloj, Las tres y media. Pero el 3 estaba donde antes estaba el 2 y el 2 estaba donde... Bajó corriendo la escalera, TERCERO. También ponía TERCERERO. Siguió bajando. TERCERO, TERCERO. ¿Es que en este edifcio no había Segundos? Tropezo y cayo rodando escalera abajo, cuando recobró el conocimiento se entoró en el suelo ante la puerta del portal. Se levantó. No tenía nada roto. Miró hacia la escalera, algo le decía que subiese a comprobar de nuevo el número de cada piso. No, mejor no.
Salió a la calle. Estaba desierta, sólo un coche pasaba veloz de vez en cuando. Miró la hora otra vez las tres y media, pero las tres y media que eran las dos que... Se dió media vuelta. 22. El portal era ahora el ¡22!

1 comentario:

Mario dijo...

Te superas con cada historia que escribes. Ésta por ejemplo es muy envolvente. Me dio a ratos la sención de estar borracho mientras leía.
Mario.