Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 23 de abril de 2008

Fahrenheit 451

Mi intención esta mañana era recomedar un libro -por eso de que es el día del libro- y acabé haciendo redactando todo un discurso sobre la calidad de lo que leemos y vemos y la manipulación que los medios de comunicación ejercen pasivamente sobre las personas.
Todo porque, el libro que yo quería recomendar versa, en el fondo, sobre ese tema.
Recomendar a estas alturas Fahrenheit 451 de Ray Bradbury puede parecer un poco inecesario. No sólo es la obra más conocida de su autor, si no que es de sobra famoso por si mismo, catalogado ya desde hace muchos años como una de las grandes novelas de ciencia ficción, que seguro que muchos ya ha leído y releído y que otros compran por simple curisidad.
He leído la mayoría de libros de este hombre que, con los pies en Los Ángles y la cabeza en Green Town, Illinoils, me hace pensar y soñar e imaginar. ¿Ciencia ficción? Algo ¿Fantasía? Sí, problmente sí. ¿Poesía? sin dudas ¿Moraleja, metáfora, inteción de hacer a la gente despertar y crear y trabajar por camibar las cosas? Sin dudas. Todo esto encuentro yo en la obra de Bradbury.

En Fahrenheit 451 Ray Bradbury nos describe una sociedad futura en la que está prohibido leer, y los bomberos se dedican a perseguir a lectores fugitivos y quemar libros. Todo envuelto en un marco de ciencia ficción, que permite al escritor plantear posibilidades imposibles y al lector soñar y dejarse llevar. Si embargo, lo importatne en la novela no es la tecnología futura, los minúsculos transmisores ocultos en la oreja, las grandes autopistas con anuncios descomunales, los perros mecánicos, las pantallas de televisión murales. No. Eso es el envoltorio, el casacarón. En Fahrenheit 451 vemos una sociedad que no lee, que no piensa, que se deja llevar por las normas establecidas sin cuestionar si son buenas o malas, si se podría cambiar esto o aquello, una sociedad que vive atrapada en sus casas, sintiéndose más próxima de una televisión mural con programas vacíos de contenido que de su propia familia de carne y hueso.
En 1953, cuando la televisión estaba todavia en sus primeros años de vida, Ray Bradbury imaginó una sociedad en la que la TV, como expersión máxima de los mass media, controlaba nuestras vidas de una forma pasiva. Esto es lo que me asusta, lo que me incomoda, y lo que me atrapa de la novela. La enorme similitud con el momento que vivimos hoy en el año 2008. No la similitud tecnológica (que es la primera que llama la atención) si no la similitud social y cultural.

Creo que es una de las mejores libros para descubrir el amor por la lectura, por descubrir los mundos, los personajes que viven en esas páginas blancas manchadas de negro y por el placer también de invitar después a otros a que ellos también los descubran. Y para pensar, sí, para pensar.

Un último apunte. Leed Fahrenheit 451, sí. Seguro que encontrais un hueco. Y luego, o antes, según vuestra elección, buscad la maravillosa adaptación al cine que hizo François Truffaut, quien consiguió plasmar en la pantalla el corazón y el alma de libro de Bradbury, algo muy raro de ver en el cine actual (y no tan actual)