Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

miércoles, 23 de abril de 2008

Día del libro

Dice que leemos poco. Los españoles, me refiero, en comparación con otros países europeos. Quizá. Los de las encuestas sabrán. Libros se siguen vendiendo un montón. No se si buenos o malos. No creo tener conocimiento para posicionarme al respecto. Yo leo. Sin más. El períodico, un libro, un comic, o páginas web de lo más variopinto. El caso es leer, y pensar, y sacar nuestras propias conclusiones de lo que leemos, imaginarnos esas palabras con nuestras propias imágenes, darles movimiento y vida propia nosotros mismos en nuestra cabeza.
Creo que los medios de comunciación de masas, la televisión principalmente, nos está comiendo la mayor parte de nuestro tiempo libre, y, lo que es aún más alarmante, se está convirtiendo en nuestra principal fuente de información, incluso nuestro principal educador, pasivo y subliminal.
No digo que la tele sea mal en sí misma. Salvo que uno la vea a oscuras y de cerca, con el riesgo que esto acarrea de fastidiarse la vista, el aparato en sí no es dañino. El mal está en el otro lado de las ondas, en la mente de guionistas y programadores cuyo cerebro parece haberse secado, en las cabezas de ejecutivos y expertos en marketing que han convertido la caja tonta definitivamente en una fábrica de tontos, de gente aborregada que se deja convencer facilmente por las atrayentes imágenes de un televisor, sin pararse a pensar qué le están diciendo en realidad todos esos colores y formas y sonidos.
El problema es que nos lo dan todo ya digerido, masticado, trillado. Listo para que sea absorvido por nuestros ojos en un proceso de osmosis, sin ningún trabajo por nuestra parte, sin que nos demos siquiera cuenta. No sólo en la TV, también en el cine, o en los libros, sí, en los libros. Todas las historias son ahora sencillas, todas tienen personajes claramente definidos -muy buenos o muy malos- todas las historias tienen un final feliz, un argumento facil de seguir, y todas nos explican con peros y señales qué sucede, porqué sucede, y qué conclusión tenemos que sacar, qué moraleja tiene la hisotoria, si es que la tiene.
Se trata de que el individuo no piense, porque si el libro, el programa de televisión, la película, le hacen pensar, le obligan a tener que poner todos sus sentidos en lo que está viendo o leyendo, el individuo se aburre, se enfada dice "vaya mierda" y apaga la tele o no recomienda la película o el libro en cuestión. Y no digamos si encima el libro o film encima le deja con un montón de interrogantes sin explicar. O con moralejas que no atrapa y entiende. O si le cuenta actos y hechos que le incomodan porque con están pasados por el tamiz edulcorado por el que está acostrumbrado a ver las cosas.
Aunque cueste trabajo, hay que pensar, hay que poner nuestro cerebro a trabajar. Con ello no quiero decir que tengamos que leer novelas "duras", con lenguaje complicado, con temas difíciles de entender. No es necesario que leamos novelas o veamos películas con temática reivindicativa, social, con temas que incomoden al público. No. Simplemente que leamos y vemaos productos de "calidad". Un buen libro, una buena película, entretiente, enseña y hace pensar a partes iguales, sin que el lector se aburra. Puede ser un cuento infantil, una comedia, un libro de aventuras,... el entretenimiento no está reñido con la seriedad y el buen hacer.
El problema es que, como las másas dóciles son mejores que las masas pensantes, nos han educado poco a poco de manera que no pensemos que no nos interesemos por preguntar ¿Por qué?, de manera que no tengamos necesidad de buscar una posible solucción al problema porque ya nos dan la mejor -la única- posible. Hemos desandado un buen trecho de camino para dejarnos llevar ahora por una cómoda escalera mecánica. Nos va a costar aprender a mover las piernas otra vez y abrirnos camino entre la espesura literaria, pero es así. Tiene que ser así.
Así que hoy, día del libro, id a una librería, o, mejor aún a una biblioteca pública, pasad de largo de la sección de betsellers y novedades y libros de moda, y rebuscar en los estantes hasta encontrar alguno de esos libros clásicos, cuyo nombre llama al lector en sueños para descubrir porqué, a pesar del paso del tiempo, alguien se molesta en seguir publicando un libro tan viejo. El paso del tiempo es la mejor criba. Y, si por desgracia no sabe uno cuál o qué puede gustarle, cuál puede merecer la pena leer, buscad a un viejo bibliotecario, o un librero, uno que todavía use el cerebro y no la base de datos de un ordenador.
Y leed. Sin prejucios, sin ideas preconcevidas sobre si os va a gustar o no, sobre si os identificáis o no con lo que el autor relata. Leed hasta el final, dejaos llevar. Y luego, tomaros un tiempo mientras digerís lo que habéis leído y pensad en ello. Seguro que luego miraréis a día de una manera distinta.