El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

domingo, 13 de octubre de 2024

Pan y rosas

Pan y rosas cada domingo
y de lunes a sábado también,
desde que he nacido
estas ahí:
ni a la izquierda y a la derecha,
simplemente ahí:
para regalar las letras
para enseñar a leerlas
para gritarlas con fuerza
bien, bien alto.
 
Pan y rosas
no más desahucios,
un trabajo decente
un refugio para quien llegó en barco.
 
Gracias por el ejemplo,
gracias por recordármelo.
Pan y rosas
lo grito, lo reclamo.
No encuentro otras palabras
para decirte cuánto te quiero,
para escribirte este abrazo.

Padre

Yo soy tus ojos
y tu pies sobre la montaña,
y tu voz en las calles
y la canción en tabernas y bares.

Y el latido de tu corazón
ese que nunca se calla
aunque el mundo parezca mudo
y la niebla oculte el río:
sabes que corre el agua.

Agua que corre por la piel,
que se te mete en las entrañas
y calma la sed
y oxigena el alma.

Qué más puedo hacer
que cargarte siempre en la espalda,
llevarte donde vayan mis pies
y contarte a la tarde
que después de la noche
sigue saliendo el alba.

Basdo en hechos reales

Quiero ir al cine,
apagar a luz aposta
y desaparecer entre las sombras.
 
Afuera caen bombas,
y en los medios de comunicación
las mentiras abundan.
 
Y afuera en las calles,
la gente cautiva y engallada
vive de cuentos ministeriales.
 
Pausa, pausa, hagamos un paréntesis,
que quiero respirar aire.
 
Déjame soñar tranquilo
en una noche que se es mentira,
para después alzar el puño
y abrazarte en este mundo
basado en hechos reales.

Dragón de alas rotas

Si la vida nos hace jirones,
déjame coserte las alas
con hilo hecho de fuego,
con aguja de agua.

Déjame recorrer las cicatrices
así como hace los ciegos,
dejame abrazarme a tu cuello
y volar cuando las abras.

Volaremos a ras de suelo,
para sembrar kinwa y sara,
volaremos sobre campos y cerros,
sobre las calles y plazas.
 
La fuente que siempre corre
en esta noche tan larga
nos dirá que no estamos solos,
nos acompañará hasta el alba.
 
Y llegaremos muy lejos,
aunque se poca la distancia,
poco separan dos labios del beso
mas cuando se juntan todo lo alcanzan.

Siete

Sara, Sara Manuela
Sara de sonrisa,
Sara de maíz Kichwa,
Sara de viento,
Sara al viento cometa
 
con los colores del pueblo,
un arcoíris en tierra,
con un cordel sujeta
al mama y a la ñaña,
y siempre a la abuela.

Sara, Sara Manuela.
Que quisiera ir a Cayambe
o dónde tú estuvieras
para susurrarte al oído
feliz, feliz cumpleaños,
Sara Manuela.

sábado, 28 de septiembre de 2024

Que haya luz

Llueve en la selva,
el cielo gris trae esperanza,
sobre las tierras calcinadas,
sobre los árboles que se quejan
calma la fiebre y nos lava.
 
Mira ese pájaro en la ventana
golpeando con el pico en el cristal,
me despierta como la lluvia,
como la alegría a alba
con nueva luz, sonrisa blanca.
 
Vuelta entre las gotas
cuando me asomo a atraparlas
dejando que mi rostro se empape,
cierro los ojos, respiro profundo
y doy gracias.
 
Gracias al viento, y a los pájaros,
y a los árboles que siguen en pie
como yo en lucha contra los canallas
y pido que llegue a luz al pueblo,
que ya llueve en la selva
porque en la mente de los gobernantes,
solo hay oscuridad malvada.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

El reciclador de cartones

Le veo todos los días, con la espalda curva, los zapatos gastados, cargando un enorme fardo de cartón atado con cuerdas sobre sus hombros. Le veo, o la veo, rebuscando en la basura, recogiendo en las esquinas pedazos de cajas, envoltorios, carteles...
Hay de todo: lavadoras, televisores, galletas de salvado, Play Stations, presidentes, promesas falsas, ilusiones sin nada adentro. Todas juntas valen unos centavos, unos dólares para sobrevivir, para engañar al estómago y pasar el día como quien pasa una página donde las últimas palabras estarán escritas sobre una losa, o sobre una caja de cartón.
Dólares a cambio de cartón prensado. Dólares como billetes de Monopoly donde sólo el hombre del sombrero de copa hace dinero. Él si acaso tiene un sombrero como Carpanta, y unos zapatos raídos mientras cambia centavos por salchipapas en un carrito en la esquina de la calle. Noche sin luz ni techo, mañana vuelta al trabajo.
Reciclador de cartones, como su padre. Algún día cambiarán las cosas, piensa. Pero las falsas promesas electorales cada vez pesan menos en la romana.
¿No habría que reciclar otras cosas?