El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara

viernes, 8 de agosto de 2008

Zapatero remendón

En este mundo en que todo es de usar y tirar, me sigue llamando la atención como algunas personas se niegan a dejarse llevar por el torrente consumista y aprovechan las cosas al máximo. Reutilizar, reparar. Dos verbos casi en desuso.
¿Que se estropea el móvil? Pues compro otro. Y lo mismo una tele, un reloj, una silla desfondada, etc. Añadid lo que queráis a la lista. Sin embargo, todavía quedan pequeños locales en los que una persona curiosa y dedicada se dedica remendar, coser, tapar, soldar, los más diversos útliles dejándolos cási como nuevos.
Por ejemplo, ¿A santo de qué voy a tirar yo unos zapatos sólo porque se les ha gastado la suela? Por suerte en mi barrio todavía queda uno de esos zapateros que no vende zapatos si no que se dedica repararlos. Qué satisfacción poder volver a calzar esos zapatos tan cómodos, volver a tocarlos, nuevos, pero con ese gustos especial que tiene la mercancía de segunda mano, cuidados, pero con años, como un viejo amigo, como nosotros mismos, sanos y nuevos cada día pero con las arrguas y las cicatrices años pasados.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Más ciencia ficción

Supongo que nunca acabaré de ver y leer ciencia ficción. Cuanto más veo, más descubro, la lista se hace más larga. No tengo prisa, me que aún mucha vida por delante, ultimamente se me pasa ya esa locura de acumular y ver y leer lo inabarcable antes de hacerme viejo. Hay otras cosas en la vida, supongo que de todo se cansa uno.
De cualquier modo, suelo alternar la ciencia ficción con otro tipo de literatura o de cine, que todo cansa, y después de 15 días viendo películas de CF o de leer 3 libros de CF segudidos, uno está hasta el moño. Será que no soy lo sufiiciente friki como dicen ahora. Qué poco me gusta esa palabra. Freaks eran los bichos raros, los personajes deformes de circo..., llamar a uno "bicho raro" sólo porque le guste la CF o cierto tipo de música, literatura o cine es una estupidez. Entonces los que gustan de coches de alta gama (que son aún menos que los amantes de CF) ¿También son frikis? ¿O los que disfrutan del cine clásico? ¿O las películas comerciales de Hollywood? ¿O los que acaban a hostia limpia o nadando en fuentes después de un partido de fútbol? Cada uno tiene sus gustos y es fanático, forofo de una u otra cosa.
En fin, al grano. Estos últimos días he añadido al listado de películas de ciencia ficción un par de películas que me han gustado bastante. The Man From Earth es de las cosas más sencillas y sorprendentes que he visto últimamente. A ver si la editan en España, aunque lo dudo. También he incluído Scanners de Cronenberg. Éste es un director que no acaba de convencerme, o mejor dicho de engancharme, porque en original y distinto, sale airoso. Scanners, es creo su película que mejor encaja en el apartado de ciencia ficción, es la que más me ha gustado junto a la provocadora Crash, y es muy muy buena.
Y también añadí ayer mismo Stranded (Naufragos) de Luna (alias María Lidón) Me resistía a verla porque todo el mundo decía que era muy mala hasta que al final ayer me decidí a alquilarla. ¿Mala? De ningún modo. Puede que cinematográficamente no sea ninguna joya, pero engancha, tiene argumento, una historia elaborada, algo de lo que carecen el 90% de las películas de CF actuales. ¿Lenta? Chico, a mi tras los 20 primeros minutos que parecían otro Planeta rojo o Misión a marte rollo patatero, me engancho. Es cine europeo, es distinto. En fin, gustos. A mi me recordó bastente a mis años de lector de Más Allá, loco por los misterios arqueológicos (aquellos que se desmoronaron cuando empecé a estudiar historia y que ahora me dan risa) y por los platillos volantes.
Curiosamente es la primera película española que incluyo en la lista, quizá meta también la Cabina de Mercero (aunque me resisto a incluir esta en ciencia ficción, es más terror o mejor dicho horror) y quizá alguna historia para no dormir. Hay poca CF decente en este país, que le vamos a hacer.

Rebuscando por internet acabo de encontrar un completísimo -y larguísimo- ensayo sobre el cine de ciencia ficción. Para los intersados: http://www.guzmanurrero.es/index.php/Cine/Ciencia-Ficcion-INDICE.html

domingo, 3 de agosto de 2008

Indignación

Yo era uno de los tantos que tenía entradas para ver a Chuck Berry en concierto en el monasterio de Carracedo hace ahora justo una semana. Y fui uno de los tantos que se quedó a cuadros cuando el mismo día del concierto, le informaban según salía del coche en el monasterio, que el concierto había sido cancelado porque Chuck Berry no estaba.
La verdad es que no me lo tomé a pecho, ni me lo tomo ahora. Lo acepté con total indiferencia. Últimamenete hay pocas cosas que me hagan enfadar o me preocupen más de 5 minutos; en seguida paso página y me pongo en marcha hacia la siguiente cosa. Admito sin embargo que fue un chasco no poder ver a Mr. Rock 'n' Roll el domingo pasado. Cuando me dijeron que venía no me lo creía, yo le hacía ya retirado, y, oir que venía a Carracedo sonaba a chiste. A chiste, o mejor dicho a chiquillada suena el desenlace del concierto que no hubo.
Nadie dió explicaciones concretas de porqué el domingo Mr. Berry estaba en Chicago cuando tenía que estar en Carracedo, aunque dicho así, suena bastante obio porqué eligió la ciudad del viento en lugar de un pequeño pueblo del noroeste de España. Bromas a parte, lo que todos pensamos fue que el abuelete ya estaba demasiado cascado como para dar 3 conciertos seguidos en tres ciudades distantes: Manchester - Estepona - Carracedo. Vamos, no firmo ni yo por semejante plan de ruta. Tiene uno que acabar machacado y más a los ochenta y pico años.
Podría haber sido cansancio o enfermedad, podría. Me ha dado hoy por echar un vistazo por internet a ver si se sabe algo nuevo y leo en El País que al parecer los motivos personales de la cancelación del concierto tienen que ver con cierta rencilla doméstica que puso de mal humor al cantante el día antes de volar a España desde Inglaterra. Y como se enfandó, pues se largo pa casita y que los fans españoles se jodan con perdón de la expresión. Qué culpa tendríamos nosotros de que se pelease con su hija o lo que fuese.
Acutar así es algo de lo más común entre las personas. Todo el mundo lo hace casi inconscientemente. Desplazar nuestro enfado a los demás siempre está mal (personalmente es una de las cosas que más detesto) pero hay momentos y situaciones en los que eso no tiene perdón. Considero a los músicos trabajadores como cualquier otro, y por lo tanto tienen que cumplir con los deberes y obligaciones de su trabajo.
Leo por ahí que simplemente es que Chuck Berry es así. Quizá sea la fama que se le ha subido a la cabeza, o quizá sea la edad que le hace actuar como un crío -a él y a la mayoría de los viejos. Ningua de las opciones me parece sin embargo justificación para sus actos. Ser famoso no le da a uno el permiso para hacer lo que le de la gana. Y ser viejo tampoco, aunque el 90% de los ancianos -y León, como ciudad senil es ejemplo viviente de ello- se empeñen en hacer lo que les sale de las narices cuando les sale de las narices. Se vuelven como niños pequeños de 80 o 90 años, y cómo tratarles es un reto nuevo al que tenemos que enfrentarnos. Quiza Mr. Berry se merezca una buena azotaina.
De momento aquí tiene a un fan un tanto disgustado, que lleva la mitad de su corta vida disfrutando de su música y que con seguridad seguirá disfrutando de ella años venideros pero no sin evitar recordar que, al margen de ser un magnífico músico es también un impresentable. Una cosa no quita la otra, pero tampoco la justifica.

viernes, 1 de agosto de 2008

The Beach Boys

Escuché a los Beach Boys por primera vez cuando tenía 13 años y desde entonces vuelvo a su música de vez en cuando. Nunca me ha dado la fiebre y me he puesto en plan fánatico ha completar su discografía, como me ha pasado con otros artistas, sin embargo siempre están ahí, en el fondo de mi cabeza. Da igual que artista acabe de descubrir o con cual la coja "llorona", los Beach Boys siempre acaban sonando en uno de esos momentos en que no se que escuchar, y no pasa año sin que compre algún disco suyo. Tengo la sensación de que me han venido acompañando media vida, y de que van a seguir así muchos años.
Aunque escucho a los Beach Boys todo el año, creo que es inevitable acordarse más de su música en verano. The Beach Boys, verano y playa son casi sinónimos, así que este mes de agosto os recomiendo un disco de estos chicos.
El elegido de entre su extensa discografía es The Beach Boys (1985) A los que no sean grandes fans del grupo y conozcan sus éxitos de los 60 les pillará por sorpresa ¿Beach Boys en el 85? Sí, y más adelante aún. Después de sus gloriosos años en Cápitol los Beach Boys grabaron un montón de discos en los 70 y 80 para su propio sello, Brother Records, algunos muy, muy buenos. Una lástima que esta parte de su discografía no sea conocida. Por otro lado, supongo que la elección me va a traer críticas, porque este trabajo no suele estar entre los mejores o si quiera los buenos discos de los Beach Boys. Me da igual. Puede que no sea una obra maestra, puede que peque de "disco comercial de los 80", pero a mi me encanta. Es fresco, alegre, divertido, sencillo, veraniego. Fue el disco que grabaron tras la muerte de Dennis Wilson (el primer Beach Boy que nos dejó) y el último com Brian Wilson como miembro permanente del grupo. Lo grabaron usando todo un ejército de sintetizadores para reemplazar casi todos los instrumentos, algo muy de moda a mediados de los 80, fue el primero en el que usaron grabación digital, y al margen de datos técnicos, creo que marca el incio esa etapa de los Beach Boys con Mike Love como líder absoluto, lo cual quiere decir que quedan a un lado perciosismos de estudio y música más "seria y trabajada" por sonidos de fiesta y playa. Hay a quien lo le gusta, a quien le parece inferior. A mi me encanta. Siempre me han gustado esas dos facetas de los Beach Boys: la música de fiesta veraniega de sus "Surfin USA", "I get around", "Fun Fun Fun", "Help me "Rhonda" y demás éxitos primerizos (y por qué no la del infravalorado álbum Summer in Paradise de 1992) y su vertiende más trabajada e inventiva: Pet Sounds, Smiley Smile, Sunflower... Esa capacida de moverse en los dos extremos de la balanza y salir airosos es algo que admiro en este grupo y que no oigo en muchos otros.
The Beach Boys (1985) entra en el primer grupo, y aunque tiene sus más y sus menos, os lo recomiendo como compañero veraniego; refresco para estos días de calor. Escuchado. Sin buscar maravillas sonoras de obra maestra. Es un disco para disfrutarlo como si fuera un refresco en la terraza de un bar. Incluso puede llegar a ser adictivo.
Getcha Back

Aprovecho para dejar nota también de que el pasado mes se reeditó por fin en CD Pacific Ocean Blue (1977), único disco de Dennis Wilson en solitario y uno de los discos más emotivos y personales que he escuchado. Disco de culto, joya olvidada, obra maestra... Es algo diferente. También es verano y Beach Boys, pero sobre todo es Dennis Wilson. Éste es para oirlo con clama, para sentirlo con cuerpo y alma, dejando que la música y las emociones penetren en vuestro cuerpo con cada nota. Yo aún estoy acabando de asimilarlo.

miércoles, 30 de julio de 2008

Velocidad

El mundo tiene prisa. Todo corre y con ello la gente. Vivimos en una sociedad en al que las cosas surgen y perecen en un instante mientras nosotros nos preocupamos constantemente por vivir más años.
Rápido y barato son las dos másximas: Restaurantes de comida rápida, ropa barata que dura seis meses, coches más rápidos y potentes que jubilamos a los cinco años por otros más rápidos y más potentes, ordenadores que se quedan obsoletos -se hacen lentos- al año de comprarlos, libros de lectura fácil y rápida que enganchen sin tener que poner mucho de nuestra parte, canciones de tres minutos pegadizas que no requieran que les prestemos demasiada atención mientras caminamos con nuestro ipod en el oído,...
Rodeados de bienes efímeros nosotros luchamos por llegar a los 90 años todavía con capacidad de razocinio y un estado físico más que aceptable, y esta larga vida nuestra que ya casi alcanza la centuria, la vivimos deprisa, porbando un poco de todos los platos, como si fuésemos a quedar incompletos por acabar nuestros días sin haberlo probado todo. No llegamos a saborear el contenido de cada experiencia, de cada día, sólo nos interesa la breve sensación del momento, del minuto concreto, y poder así tachar algo más en la lista y pasar rápidamente a lo siguiente.
La gente ya no tiene tiempo para vivir despacio. La vida es un viaje en un tren de alta velocidad haciendo veinte cosas al momento y mirando el relojde reojo para ver si llevamos o no retraso. Y claro, llega un punto en que tanta velocidad nos marea, sufrimos el consiguiente desgaste y entonces, entre nuestras múltiples actividades incluímos pequeñas pausas de relax que siempre nos saben a poco.

¿No sería mejor, digo yo, tomarse la vida más despacio, dejándonos placeres sin probar por el camino pero degustando a fondo otros?
Me creáis o no, lectores que pasáis la vista rápidamente por este blog intentando captar la escia de este texto en el menor tiempo posible, existe placer -un placer especial- en tomarse la vida con calma, en "perder un poco el tiempo" y vivir despacio; aunque parezca improbable, hay cosas que uno se pierde al vivir deprisa.
Probad un día a dejar el coche en casa y coged el bus urbano, o uno de esos trenes regionales que paran en todas partes. Y no llevéis con vosotros un libro en que esconderos y con que ocupar el tiempo en el viaje y menos aún un walkman, o mejor dicho ipod. Hay cierta magia en observar al viajero de al lado, intentar averiguar qué nos cuentan sus ojos, iniciar una conversación con un extraño diciendo simplemente hola o buenos días. O mirar a través de la ventana y detener nuestra vista en gentes y lugares en los que no nos bajamos. Viviendo así, peridiento el tiempo mientras viajo, encuentro yo, por ejemplo, la inspiración para los pensamientos, sueños, e historias que escribo en este blog, haciendo crecer más mi curiosidad por ver y conocer.
Y por qué no, compraros un buen pantalón que, aunque más caro, dure dos o tres años. Puede que pase de moda, pero cada vez que os lo pongáis os hablará de aquel viaje, de aquella fiesta, de aquel encuentro. Igual que el viejo coche o el sabor de aquella cena sin prisa con chistes y sonrojos, que vuelve a vuestro paladar cada vez que tomáis otra vez el mismo plato.

Compraros un buen pantalón que aguante tardes sentados en un banco del parque. Sacad un bonobús o comprar un calzado cómodo para caminar. Compraros un libro bien encuadernado y con buena letra (da igual que ocupe más sitio en la estantería) y pasar sus páginas lentamente, con cariño. Compraros ese disco y escuchad antenta y tranquilamente todas las canciones. Tomáos la vida tranquilamente. Caminad, movéos, sin pausa pero sin prisa. Saboread la vida. Es la mejor medicina para cuerpo y alma.

lunes, 21 de julio de 2008

La espera

Sentado. Esperando. Con las maletas casi listas, contando los días que faltan para empezar una nueva vida. Nervioso y ansioso por partir, también con miedo ante lo nuevo y lo desconocido, ante esa incertidumbre con que siempre se va desvelando el futuro poco a poco.
Pensando, observando los árboles a través de la ventana abierta, con la fresca brisa de la mañana en la cara surrándome de tierras nuevas y viejas que veo en sueños. Inentando mirar más allá de mi escritorio, rompiendo lentamente las cadenas que me atan aún a esta vida, haciendo listados de todo aquello que no he hecho y que de pronto siento necesidad imperiosa de hacer, temiendo no tener ya nunca más la oportunidad de realizarlo: libros que no he leído, paseos que no he dado, vinos que no he probado, melodías que aún no he escuchado. Todas mis aficiones presentes me agarran, temiendo quizás que escape para siempre al encontrarlas sustitutos que quizá me ofrezcan algo diferente, algo que ellas no han logrado darme.

Se que no hay respuestas concretas. No hay justificaciones totales, no cuando sientes que no sabes por qué, pero necesitas cambiar, beber de otras fuentes y respirar otros aires, y no hay nada ni nadie que te diga o te convenza totalmente de qué fuentes probar. La única certeza es la de lo que ya conoces y eso ya ha perdido su gusto y sabor. Pienso en las palabras del poeta: "Caminante, no hay camino, se hace el camino al andar". La vida es elección y elegir es renunciar a unas cosas para abrazar otras nuevas.
La elección ya está tomada. Quiero probar otras fuentes, quiero perseguir esos sueños que siempre he tendio y de los que mis miedos me han tenido apartado tanto tiempo, sin rumbo fijo hacia un futuro concreto, simplemente trabajando, moviendome, probando. Si encontraré mi camino, mi lugar, esa razón para vivir, ese porqué eterno, lo desconozco. Ni siquiera lo voy a buscar, porque eso me haría viejo y desdichado. Voy a vivir, que es lo único que conozco, y vivir trazando mi camino, no me gustan las autopistas, llevo mucho tiempo caminado por ellas.

El barco ya esta casi a punto. Sólo resta que lleguen los vientos favorables y pueda por fin soltar amarras. Y mientras tanto, sigo esperando, y la espera me atrapa en sus redes haciéndome pensar, temer, soñar...

jueves, 10 de julio de 2008

El piso

-Vaya aspecto. Menudas ojeras tienes, lo de decorar tu nuevo piso te está quitando el sueño, ¿eh?
-Calla, no me hables. Resulta que me cambio a un piso nuevo, apartado del ruido y el tráfico del centro y van y me tocan vecinos ruidosos abajo. Toda la maldita noche metiendo ruido. Todas y cada una de las noche de la semana.
-¿Y no les has llamado la atención?
-¡Por supuesto que les he llamado la atención! Pero ni caso. Da igual que des golpes en el suelo, que grites, que piques en el timbre... A principio parece que paran, pero luego, en cuanto estás ya de nuevo en la cama con los ojos como platos rezando para que te dejen d0rmir, empiezan otra vez esos malditos ruidos.
-¿Qué clase de ruidos? ¿Qué hacen exactamente?
-Ruidos... -Ramón estaba nerviosos, gesticulaba con cara y manos mientra hablaba- No hablan en voz alta ni gritan ni se pelean. Tampoco es que pongan música o la tele a todo meter. No. Son... ruidos...
-Como si moviensen muebles o arrastrasen sillas...
-Sí. No. No se. Ruidos... Quiero que los oigas, por eso te llamé.
-Ja, ja, ja. Me empieza a sonar a broma pesada. Si no fuese porque te conozco bien... En fin, aquí me tienes para aguantar lo que sea. -Dió un palmadita en el hombro a Ramón y caminó hacia el estudio con una caja de libros- Todos tenemos vecinos ruidosos de vez en cuando.
-Pero estos ruidos son diferentes.

Pasaron la tarde acabando de montar estanterías y colocando libros, riendo, charlando de viejas anécdotas atrapadas en álbumes de fotos. Cenaron pronto, acompañados por un sol enfermo de color naranja que se ocultaba léntamente tras los edificios de la ciudad, y luego se sentaron del nuevo televisor con home cinema para disfrutar de unas buenas películas acompañadas por una buena bebida. Era casi la una de la madrugada cuando acabó la última película. Ramón, que había dado sendas cabezadas durante las películas, volvía a estar completamente despejado y alerta, intentando oler algo en el ambiente, intentando captar algo con su sexto sentido. Apagaron el equipo. La casa estaba en completo silencio. Ni un solo tictac de reloj, ningún electrodoméstico de concina zumbado a horas intempestivas. Unos gatos pasaron por el patio trasero peleándose. Los dos amigos se sobresaltaron y rieron.
-De verdad, pareces paranoico. -dijo el amigo de Ramón- No me extraña que no duermas, mírate a un espejo: tenso nervioso, sudando como un enfermo o un loco. Tómate una tila, macho.
-He tomado de todo. Tila, pastillas para domir, me he puseto tapones,... es igual. Siempre esos malditos ruidos. Se te meten en el cerebro aunque no quieras, a veces tengo la sensación de oirlos todo el día en todas partes... sí, creo que me estoy volviendo loco. Ya oirás, ya.
Ramón encendió la luz del cuarto de invitados. Estaba todavía sin amueblar, salvo por dos camas vestidas únicamente con sábanas.
- He probado todas las habitaciones -Ramón caminó hacia la ventana, la cerró y bajó la persiana- Mi cuarto, el cuarto de invitados, el estudio, el salón. Da lo mismo. Una vez que empiezan, se oyen en toda la casa.
- En fin. Veremos. -Su amigo, esceptico se desvistió y se metió en una de las camas. Ramón hizo lo mismo y apagó la luz.
- Oye, -dijo su amigo encendiendo la luz- como sea una broma de las tuyas..
- No.
Serio, Ramón apagó la luz y se quedó boca arriba, mirando el techo en la oscuridad, esperando.

Había pasado media hora cuando empezó. Primero era un ruido debil, como una ventana mal engrasada que chirría movida por el viento. Sonaba abajo, suave, muy abajo. Poco a poco, el chirrido comenzo a aumentar de intesidad. De repente un golpe seco. Otro. Otro. Otro. Cada vez más fuerte.
Se incorporaron y quedaron quietos con la luz ecendida, expectantes. El ruido ahora varia de todo, era más metálico, un chillido suave, ahora también algo silvaba misteriosamente a lo lejos. Ramón miró a su amigo. Éste miraba con asombro, nervioso. Se incorporó y empezó a pasear por la casa mirando al suelo. Ramón le siguió. El ruido cada vez se hacía más intenso, más, más. Ahora se oía también un ruido a compasado, como los muelles de una cama, pero lento y fuerte. Un estraño ruido como un chillido gutural sono de pronto. Ramón vió cómo el rostro de su amigo se ponía blanco. Luego algo el sonido de algo que se arrastraba, un mueble, quzás. El chirrido, el golpe, el grito gutural, el chirrido, el golpe, el rudio gurual, el chirrido, el grito, el grito, el grito.
-¡¡¡Basta!!! ¡No se que coño haceis ahí abajo cabrones, pero ya vale!- Ramón dió dos patas con fuerta en el suelo.
-Es la cosa más rara que he oido en mi vida. ¿Quien demonios vive ahí abajo? ¿Ruidos de cama? Demasiado raro. ¿Muebles? No se. -Su amigo pegaba ahora el oído al piso de la habiación.- No se oye a nadie gemir, ni respirar, ni hablar...
-¡Unos malditos degenrados! -Ramón gritaba enloquecido al suelo mientras se tapaba los oídos- ¡Esos son los que viven abajo, unos locos, degenerados!
-¿Les conoces de algo?
-¡Qué les voy a conocer! ¡Aún no conozco a nadie en este edificio, sólo llevo aquí una semana y a este paso me voy a ir a vivir a manicomio!
Los ruidos seguían, seguían, seguían. No eran tremendamente algos, pero se metían en la cabeza, en el cerebro, concentrando todos los sentidos en ellos, haciendo enloquecer a cualquier ser humano.
Ramón golpeaba el suelo otra vez. Su amigo se asomó por la terraza de salón. En la calle no se oía nada, las ventanas del piso de abajo estaban cerradas y no se apreciaba luz dentro.
-Vamos a llamar a su puerta.
-Bien. Toma. -Ramón entregó a su amigo un bate de béisbol mientras el cogia una palanca-
-¿Te has vuelto loco?
-No se lo que habrá ahí dentro, pero o se calla por si solo o lo hago callar yo.

En la escalera del edificio tampoco se oía nada. Bajaron un piso y se pararon delante de la puerta. Pegaron el oído a ella. Nada. No se oía nada. Extrañados, tocaron el timbre. Nada. Siguieron tocando insisitentemente. Ramón, enfurecido empezó a aporrear la puerta.
-¡Se que estáis ahí, cabrones! ¡Abrid de una vez si teneis lo que hay que tener! Vamos, ayúdame -Ramon empezó a intentar abrir la puerta con la palanca mientras seguía gritanto improperios a sus vecinos. Su amigo, inmovil, observaba tenso la situación.
La puerta cedió, Ramón se precipitó dentro gritando.
-¡¡Hijos de...!!

-¡¿Se puede saber a que vienen todos esos gritos y golpes?!
El amigo de Ramón soltó el bate asustado y giro sobre si mismo para encontrarse con una vecina malhumorada en camisón.
-Esto... Mi amigo es el vecino de arriba... No nos dejaban dormir los de aquí abajo... unos rudios espantosos y bajamos a llamarles la atención a ver si hacen el favor de callarse.
-¡¿Aquí en el primero?! ¡Pero que dice, ahí hace años que no vive nadie!
- Que no vive...
- ¡No! Ese piso lleva vacio por lo menos 2 años. Váyase a su casa y deje de formar jaeleo en la escalera o llamo a la policía. Lo que nos faltaba ahora, vecinos nuevos escandalosos, fiesteros. ¡
¡Vah!
La mujer volvió a su piso dando un portazo. El amigo de Ramón nervioso, recogió lentamente el bate mientras miraba intranquilo la puerta abierta del primero izquierda.
-¡Ramón! ¡Ramón! ¿Estás ahí?
Comenzó a caminar lentamente por el piso. No había luz. No se oía un solo ruido. Seguía llamando a su amigo mientras caminaba por el piso apenas iluminado por la luz que se colaba por la escalera. Encontró los plomos y dió la luz. En la mitad del pasillo estaba la palanca de Ramón. Fue registrando las habitaciones léntamente. El piso estaba completamente vacio. Tan sólo había algunos muebles tapados con sábanas. Ramón no estaba. Se encotraba depié en el pasillo, nervioso, sin saber que hacer o decir, cuando se cerró la puerta a la vez que se apagaba la luz.
Comenzaron de nuevo los ruidos.