Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 3 de agosto de 2008

Indignación

Yo era uno de los tantos que tenía entradas para ver a Chuck Berry en concierto en el monasterio de Carracedo hace ahora justo una semana. Y fui uno de los tantos que se quedó a cuadros cuando el mismo día del concierto, le informaban según salía del coche en el monasterio, que el concierto había sido cancelado porque Chuck Berry no estaba.
La verdad es que no me lo tomé a pecho, ni me lo tomo ahora. Lo acepté con total indiferencia. Últimamenete hay pocas cosas que me hagan enfadar o me preocupen más de 5 minutos; en seguida paso página y me pongo en marcha hacia la siguiente cosa. Admito sin embargo que fue un chasco no poder ver a Mr. Rock 'n' Roll el domingo pasado. Cuando me dijeron que venía no me lo creía, yo le hacía ya retirado, y, oir que venía a Carracedo sonaba a chiste. A chiste, o mejor dicho a chiquillada suena el desenlace del concierto que no hubo.
Nadie dió explicaciones concretas de porqué el domingo Mr. Berry estaba en Chicago cuando tenía que estar en Carracedo, aunque dicho así, suena bastante obio porqué eligió la ciudad del viento en lugar de un pequeño pueblo del noroeste de España. Bromas a parte, lo que todos pensamos fue que el abuelete ya estaba demasiado cascado como para dar 3 conciertos seguidos en tres ciudades distantes: Manchester - Estepona - Carracedo. Vamos, no firmo ni yo por semejante plan de ruta. Tiene uno que acabar machacado y más a los ochenta y pico años.
Podría haber sido cansancio o enfermedad, podría. Me ha dado hoy por echar un vistazo por internet a ver si se sabe algo nuevo y leo en El País que al parecer los motivos personales de la cancelación del concierto tienen que ver con cierta rencilla doméstica que puso de mal humor al cantante el día antes de volar a España desde Inglaterra. Y como se enfandó, pues se largo pa casita y que los fans españoles se jodan con perdón de la expresión. Qué culpa tendríamos nosotros de que se pelease con su hija o lo que fuese.
Acutar así es algo de lo más común entre las personas. Todo el mundo lo hace casi inconscientemente. Desplazar nuestro enfado a los demás siempre está mal (personalmente es una de las cosas que más detesto) pero hay momentos y situaciones en los que eso no tiene perdón. Considero a los músicos trabajadores como cualquier otro, y por lo tanto tienen que cumplir con los deberes y obligaciones de su trabajo.
Leo por ahí que simplemente es que Chuck Berry es así. Quizá sea la fama que se le ha subido a la cabeza, o quizá sea la edad que le hace actuar como un crío -a él y a la mayoría de los viejos. Ningua de las opciones me parece sin embargo justificación para sus actos. Ser famoso no le da a uno el permiso para hacer lo que le de la gana. Y ser viejo tampoco, aunque el 90% de los ancianos -y León, como ciudad senil es ejemplo viviente de ello- se empeñen en hacer lo que les sale de las narices cuando les sale de las narices. Se vuelven como niños pequeños de 80 o 90 años, y cómo tratarles es un reto nuevo al que tenemos que enfrentarnos. Quiza Mr. Berry se merezca una buena azotaina.
De momento aquí tiene a un fan un tanto disgustado, que lleva la mitad de su corta vida disfrutando de su música y que con seguridad seguirá disfrutando de ella años venideros pero no sin evitar recordar que, al margen de ser un magnífico músico es también un impresentable. Una cosa no quita la otra, pero tampoco la justifica.