Volver a utilizar, poner algo de nuevo en circulación. Algo que rara vez hacemos.
Alguno de los tantos cachivaches que tenemos por casa se "queda viejo" -o eso nos dicen-, y nosotros automáticamente lo desechamos y compramos uno más nuevo con los últimos -eso nos dicen- adelantos tecnológicos. Sentimos un remordimiento previo -chuta, otra vez a gastar plata-, y a continuación nos vamos a una de esas grandes superficies, donde un tipo vestido de sintético uniforme y sintética sonrisa, manejando un cerebro sintético pilotado por los hilos de la mercadotecnia neoliberal nos recomienda comprar cierto aparato -normalmente de oferta-. Y nosotros, como pez fuera del agua, lo compramos. Al principio nos parece que esa especie de "nave espacial" no va a encajar bien en el salón, y puede que acertemos, y seguramente pensemos que nunca vamos a utilizar las mil y un funciones que dicen que tiene, algo en lo que probablemente también acertemos. Pero la compra está hecha: en efectivo, con tarjeta, a plazos,... Como sea. El caso es que tenemos un nuevo aparato en casa, y un "viejo trasto" y un montón de cables, que después de coger polvo durante 15 días en un rincón, pasarán a dormir el sueño de los justos en el desván, porque a pesar de todo, nos sigue dando cierto remordimiento el tirarlo a la basura, y mucha más pereza aún cargarlo hasta el punto limpio. Ah, bueno, se lo podríamos regalar a alguien, pero la verdad, cada vez hay menos gente dispuesta a recibir un trasto viejo: nos hemos contagiado todos de esa enfermedad que lleva por nombre "estar a la última".
Recuerdo como hace algunos años, con la llegada a España de la Televisión Digital Terrestre (TDT) mucha gente se puso como loca a comprar nuevos televisores, de pantalla plana, compatibles con el nuevo sistema, cuando en el mercado existían multitud de adaptadores de TDT para los viejos televisores, incluso para esos sin euroconector que -según decían algunos- ya no tenían remedio. Y es que a la par que el mundo de la tecnología saca al mercado nuevos y más fantásticos aparatos, cambiando modelos de conectores, de pantalla, de soporte, aparecen mil y un aparatejos, conectores, cables y un sin fin de adaptadores para que nuestro viejo aparato siga vivo en los albores de esa nueva era tecnológica que nos muestran con cuentagotas (¿no será un camelo tanta palabrería?
Estos días me encuentro con un caso similar: Resulta que hay mucha gente cambiando de ordenador, porque se "ve lento y viejo a lado de las últimas máquinas con los últimos sistemas operativas, y sobre todo, por el anuncio de que a partir del año que viene el Windows XP va a quedar obsoleto. ¿Y ahora que hago? La respuesta de la mayoría de personas es y tristemente será comprar un nuevo ordenador, más nuevo, más rápido, con el último sistema operativo dominante en el mercado. Esa respuesta implica gastarse como mínimo unos 400 o 500 dólares o euros. Porque además el gran almacén donde se comprará el nuevo PC nos lo venderá con el grupo de periféricos completo: ratón, teclado, monitor, etc.
¿Y si les digo que pueden cambiar de computadora prácticamente sin gastar dinero? Les estaría mintiendo. Perdón. Quise decir reciclar su computadora sin gastar casi dinero. Creo que en estos momentos de crisis puede ser una buena manera de ahorrarse unos cuantos dólares y además decir a ese dios neoliberar que se guarde su supuesta post-modernidad para sí mismo. Está bien insultar al gobierno, protestar por las calles y compadecerse de los pobres parados, pero si el sábado por la tarde nos vamos de paseo al centro comercial y regresamos con un portátil nuevo en una elegante funda, toda nuestra protesta habrá quedado convertida en cenizas. ¿Les parece o no interesante la propuesta?
Como esta, hay mi alternativas para re-ciclar, reutilizar, mantener en uso tantas y tantas cosas que tenemos en casa y que aparentemente se quedan viejas. Sólo hace falta un poco de fuerza de voluntad para combatir a las fuerzas ocultas del mercado, y algo de buena mano con un destornillador y unos alicates. ¿Qué fue de la clase de pretecnología del colegio, ya la olvidaron? Hagan memoria. Piensen quizás en su padre, o en su abuelo, y busquen en el trastero esa caja de herramientas que heredaron y nunca abrieron. Y si tienen la mala suerte de venir de una familia en la que no hubo nunca ningún manitas, llamen a ese vecino del quinto que guarda en su casa la colección completa de bricomanía y seguro está dispuesto a echarles un cable (o dos)
Realidad y ficción, una mirada personal al mundo exterior, una puerta de salida para pensamientos atrapados.
El ir y venir luchando por las cosas más queridas, sin bien nos gasta las manos, nos deja abierta la vida.
- Víctor Jara
Páginas
miércoles, 10 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
La lucha silenciosa
Hay luchas que están ahí, y nunca acaban. Unas veces salen a la calle, y aunque parece que son barridas por los camiones de la basura, la lucha sigue, en mentes, en hogares, en sueños que nunca se apagan. Es una presión constante, una disconformidad que va creciendo hasta convertirse en el pensamiento de muchos, y entonces, eso que era algo "prohibido", un movimiento subversivo, una rebeldía equivocada e injustificada a ojos de muchos; se convierte ahora en un hecho veraz, tan válido y digno de respeto como cualquier otro.
Y todo gracias a esa lucha que nunca acaba, a esa gente que dice, "Sé que tengo derecho, sé que no estoy equivocado" Y continua navegando contracorriente, llueva o haga sol, aguantando como aquel manifestante contra la guerra de Vietnam que, cuando le preguntaban si pensaba que iba a cambiar algo contestaba "por lo menos lograré que no me cambien a mi".
Siempre he creído y puesto mi fue y mi trabajo en estas luchas silenciosas. No soy un revolucionario. No creo en revoluciones que se construyan con un fusil, en cambios producidos de la noche a la mañana. Esos cambios son sólo golpes de estado, que se vienen abajo tan rápido como sucedieron o se mantienen en el tiempo en una pantomima constante hasta que el payaso es ya tan viejo que ya no hace gracia a nadie.
Creo en la gente que sueña, que trabaja por los demás y por si mismo, que cambia un poco su vida, a pesar de que los demás le digan que no llegará a ningún lado, y así, cambiando él un poco, va cambiando poco a poco su alrededor y se convierte en una de esas fuerzas anónimas que finalmente salen a la luz en forma de grandes conquistas para la humanidad.
Y entre todos estos luchadores-soñadores, admiro a aquellos a los que el sino les puso en una batalla terrible contra la sociedad por ser reconocidos como iguales con todas sus diferencias: pienso en las luchas por los derechos de la mujer, la abolición de la esclavitud y el racismo, los derechos de gays y lesbianas, la potestad de abortar, la eutanasia incluso. Lo más duro son los tabúes en la sociedad. Cuán difícil es combatirlos de una manera sana y justa. La palabra tabú da miedo. Para mí, es casi sinónimo de miedo. Cuando la sociedad aprenda a educar sus miedos, en lugar de convivir bajo ellos, entonces será una sociedad sabia.
Mientras tanto, la lucha silenciosa continua, para ir logrando poco a poco pequeñas victorias. Estos días escuchamos que en Estados Unidos se reconoce ya que el matrimonio puede ser entre personas de un mismo sexo. Y ello gracias a la tesón de varios amantes-soñadores que nunca abandonaron la lucha. Sirva esto como ejemplo. Sé que como éste muchos otros miedos irán despareciendo en una sociedad cada vez más sabia.
Puede tardar mucho tiempo, pero al final llega.
It won't take long (Ferron, 1984)
Y todo gracias a esa lucha que nunca acaba, a esa gente que dice, "Sé que tengo derecho, sé que no estoy equivocado" Y continua navegando contracorriente, llueva o haga sol, aguantando como aquel manifestante contra la guerra de Vietnam que, cuando le preguntaban si pensaba que iba a cambiar algo contestaba "por lo menos lograré que no me cambien a mi".
Siempre he creído y puesto mi fue y mi trabajo en estas luchas silenciosas. No soy un revolucionario. No creo en revoluciones que se construyan con un fusil, en cambios producidos de la noche a la mañana. Esos cambios son sólo golpes de estado, que se vienen abajo tan rápido como sucedieron o se mantienen en el tiempo en una pantomima constante hasta que el payaso es ya tan viejo que ya no hace gracia a nadie.
Creo en la gente que sueña, que trabaja por los demás y por si mismo, que cambia un poco su vida, a pesar de que los demás le digan que no llegará a ningún lado, y así, cambiando él un poco, va cambiando poco a poco su alrededor y se convierte en una de esas fuerzas anónimas que finalmente salen a la luz en forma de grandes conquistas para la humanidad.
Y entre todos estos luchadores-soñadores, admiro a aquellos a los que el sino les puso en una batalla terrible contra la sociedad por ser reconocidos como iguales con todas sus diferencias: pienso en las luchas por los derechos de la mujer, la abolición de la esclavitud y el racismo, los derechos de gays y lesbianas, la potestad de abortar, la eutanasia incluso. Lo más duro son los tabúes en la sociedad. Cuán difícil es combatirlos de una manera sana y justa. La palabra tabú da miedo. Para mí, es casi sinónimo de miedo. Cuando la sociedad aprenda a educar sus miedos, en lugar de convivir bajo ellos, entonces será una sociedad sabia.
Mientras tanto, la lucha silenciosa continua, para ir logrando poco a poco pequeñas victorias. Estos días escuchamos que en Estados Unidos se reconoce ya que el matrimonio puede ser entre personas de un mismo sexo. Y ello gracias a la tesón de varios amantes-soñadores que nunca abandonaron la lucha. Sirva esto como ejemplo. Sé que como éste muchos otros miedos irán despareciendo en una sociedad cada vez más sabia.
Puede tardar mucho tiempo, pero al final llega.
It won't take long (Ferron, 1984)
Dijeron que algunos hombres serían
guerreros y algunos hombres serían reyes
y algunos hombres poseerían tierras y
otras cosas de hombres
y el amor falso como la llama eterna
haría a algunos pensar en anillos
y el oro sería nuestra fuerza y otras
tonterías.
Pero vosotros que soñáis con la
libertad, no os dejéis engañar
antes de que os dejen pedir la
libertad, habréis aceptado ser gobernados
si el cuerpo está atado entonces la
mente es una cadena
que te une a un destino donde todas las
almas buenas son asesinos
y no tardará mucho, no, no tardará
mucho
no tardará mucho y tú podrías decir:
“¿Qué tiene esto que ver conmigo? Y
yo digo:
¿Intentas decirme que te da igual?
De tres hombres que vagan por un
desierto, uno sabe dos están asustados
dicen que el tiempo está en el río,
pero el río no está allí
secos en espíritu, secos en cuerpo,
dos se conducirán a si mismos a la muerte
y lleno de rabia uno llora en sus manos
y bebe sus amargas lágrimas
porque no tardará mucho, no, no
tardará mucho
no tardará mucho y tú podrías decir:
“No sé de qué hablas” y yo digo
¿Intentas decirme que te da igual?
Y mientras estoy parado ante tí, tengo
esperanza en mi ira
sabes que el amor finalmente me ha
llamado, no me marchitaré en su escenario
pero todavía más pequeña que mi
pesadilla, escribo en la página
¿Tenemos que vivir dentro de estos
muros para identificar la jaula?
Porque tarda mucho tiempo, ¿por qué
tarda mucho tiempo?
Pero se necesita mucho tiempo y tú
podrías decir
Realmente no me importa lo que estás
diciendo, y yo digo
¿Me intentas decir que no te sientes
parte de esto?
Soy la hija de mi madre, pero me he
visto a mi misma en ti
Es una bendición que te siga ahora, y
por ello debo hablar con sinceridad
Soñé con millares que morían, eran
tú y tú y tú,
y mientras la ciudad duerme tranquila
hay algo que tenemos que hacer
y no llevará mucho tiempo, no, no
llevará mucho tiempo
no llevará mucho tiempo y tú dices:
“No se si quiero saber lo que estás
consiguiendo”
y eso me hace decir “adiós”
Porque el dolor llegará desmensurado,
sólo conoceremos dolor
y lo verás en tu familia, crecerá en
tu cara
y ellos intentarán mantenerte
hambriento, y luego te dirán que comas nieve
Sabes que el orgullo puede mover
montañas si aprendemos la fuera del “NO”
y no tardará mucho, no, no tardará
mucho
no tardará mucho y tú podrías decir
“No creo que esto tenga nada que ver
conmigo”
Pero ¿Alguna vez pensaste que podrías
estar equivocado?
Al medio día de un día cercano, la
fuerza humana llenará las calles
de cada ciudad en nuestro planeta, se
oirá el sonido de pies enfadados
con los negocios congelados en la
bahía, los reyes se tirarán de los pelos
y los bancos se estremecerán al llegar
su fin, y los artistas estará allí
porque no tardará mucho tiempo, no, no
tardará mucho tiempo
no tardará mucho tiempo y tú podrías
decir:
“No creo que yo pueda ser parte de
eso” y eso me hace querer decir:
“No quieres verte a ti mismo así de
fuerte?”
La división entre los pueblos
desaparecerá en tan importante día
y aunque entro nosotros existan
océanos, velas encendidas iluminarán el camino
La mitad unirán sus manos bajo la luz
de la luna, la otra mitad bajo el sol naciente
como si bajo el sol y la luna hubiese
comenzado un ritual de protesta
y no tardará mucho tiempo, no, no
tardará mucho tiempo
no tardará mucho tiempo y tú podrías
decir:
“No se como ser parte de lo que estás
hablando”
y eso me hace decir: ¡Vamos!
Y vosotros flojos diplomáticos,
prestad atención pues no escucharéis ningún disparo
y aunque nuestros hogares sean
desgarrados y saqueados, no habremos sido derrotados
porque mientras nos dejemos ser
comprados, vamos a dejar que seamos libres
y si piensas que estamos solos, mira de
nuevo y verás:
Somos niños en las columnas, somos
bebés en el parque
somos amantes en los cines, somo velas
en la oscuridad
somos cambios en el tiempo, somos copos
de nieve en julio
somos mujeres que hemos crecido juntas,
somos hombres que lloran con facilidad
somos palabras que no se dicen
fácilmente, somos el lado tenaz del intentar
somos soñadores construyendo, no
tememos preguntar “¿por qué?”
Rompiendo monopolios
La vida cada vez se parece más al futuro descrito en la película Rollerball de 1975. Recuerdo que el subtítulo en español de la película era ¿Un futuro próximo? Pues, casi 40 años después, la respuesta es sí. Casi lo estamos viviendo ya.
Hagamos recuento: ¿Cuántas compañías de avión conoces? ¿Cuántos bancos? ¿Cuantas empresas de informática? ¿Cuántas editoriales? La respuesta posiblemente sea "muchas". Sí, aparentemente son muchas, pero, cuando uno se para y lee la letra pequeña, se da cuenta de que no son tantas como parece: resulta que la mayoría ya no son más que marcas registradas, nombres cuyo "copyright" es propiedad de una misma empresa o persona, de modo que, en resumidas cuentas, acaba siendo un gigante con múltiples máscaras.
Resulta que LAN, Ibiera, American Airlines y seguro alguna compañía más son miembros de OneWorld, que los bancos y cajas de ahorro desaparecen para fusionarse en compañías más grandes, en el mercado editorial parecen existir a penas una docena de "grupos editoriales" que poseen lo que un día fueron pequeñas editoriales construidas con cariño de viejos libreros, que en el mundo de la informática todo es una dualidad Microsoft - Apple.
Parece no haber ya mucho donde elegir. Si no quieres blanco, entonces negro, y para colmo resulta que el dueño de blanco está conchabado con el dueño de negro. El consumidor, entre la espada y la pared, rebota de uno a otro, sin quedar nunca completamente satisfecho, intentado buscar en negro lo que blanco no ofrece, sin darse cuenta que realmente ambos ofrecen lo mismo: su propio egoísmo, ése que no intenta ayudar al consumidor sino sacarle jugo sin que el pobre consumidor se de cuenta.
Algunos me dirán que soy exagerado, que aún no hemos llegado a esos extremos, que hay otras alternativas. Si bien tienen parte de razón -existen las alternativas-, dichas alternativas tienen tan poca fuerza, tan poca voz, que prácticamente es como si no existiesen, y además, a menudo exigen sacrificios demasiado grandes para el acomodado (¿resignado, adoctrinado, manipulado,...?) consumidor. Y si no me creen, piensen: ¿Cuánta gente conoce linux en informática, o mejor dicho cuánta se ha atrevido a usarlo? ¿Cuántos conoces cooperativas o modelos bancarios alternativos, o regresan a formas económicas como la solidaridad familiar como alternativa al crédito? ¿Cuántos se unen al club de los libros viajeros, abogan por el crecimiento y gratuidad de las bibliotecas públicas, rebuscan libros de segunda mano? Si en la compañía aérea x son unos hijos de mala madre, pero en y sucede lo mismo y en z otro tanto ¿Como hago para volar de Europa a América, por ejemplo? Tomar un barco es algo ya imposible, aún pensando en el sacrificio (de tiempo) que eso supone.
El futuro, siguiendo estos caminos que parecemos seguir sin darnos cuenta (o sin querer darnos cuenta) parece conducirnos a ese mundo dirigido por dos grandes corporaciones que controlan todos y cada uno de los aspectos de la sociedad. ¿Cuánto tardará en llegar ese día? ¿Qué será entonces "sociedad", o quiénes serán entonces sociedad?
Son preguntas que me inquietan y me incomodan, pero no puede dejar de hacérmelas. Y a la par que acabo las líneas de este pequeño artículo, no puedo si no invitar a la gente a que rompa con las costumbres que han monopolizado su quehacer diario y su tiempo libre y se anime a caminar por otras sendas: frente al monopolio del caminar por los centros comerciales, caminen por las calles del centro, busquen pequeños restaurantes, pequeños cafés con identidad propia y única, degusten platos preparados con amor y filosofía personal, elijan aquel libro que alguien ya leyó y espera en la tienda de segunda mano con mil y una historias adicionales en sus páginas amarillas, hablen con aquel librero de mirada quijotesca,... Salgan y respiren un aire que no salga de un tubo y escuchen su propia música. Encuentren poco a poco su propia esencia y encontrarán caminos y formas de luchar poco a poco con este monopolio a veces autoimpuesto por nosotros mismos.
Hagamos recuento: ¿Cuántas compañías de avión conoces? ¿Cuántos bancos? ¿Cuantas empresas de informática? ¿Cuántas editoriales? La respuesta posiblemente sea "muchas". Sí, aparentemente son muchas, pero, cuando uno se para y lee la letra pequeña, se da cuenta de que no son tantas como parece: resulta que la mayoría ya no son más que marcas registradas, nombres cuyo "copyright" es propiedad de una misma empresa o persona, de modo que, en resumidas cuentas, acaba siendo un gigante con múltiples máscaras.
Resulta que LAN, Ibiera, American Airlines y seguro alguna compañía más son miembros de OneWorld, que los bancos y cajas de ahorro desaparecen para fusionarse en compañías más grandes, en el mercado editorial parecen existir a penas una docena de "grupos editoriales" que poseen lo que un día fueron pequeñas editoriales construidas con cariño de viejos libreros, que en el mundo de la informática todo es una dualidad Microsoft - Apple.
Parece no haber ya mucho donde elegir. Si no quieres blanco, entonces negro, y para colmo resulta que el dueño de blanco está conchabado con el dueño de negro. El consumidor, entre la espada y la pared, rebota de uno a otro, sin quedar nunca completamente satisfecho, intentado buscar en negro lo que blanco no ofrece, sin darse cuenta que realmente ambos ofrecen lo mismo: su propio egoísmo, ése que no intenta ayudar al consumidor sino sacarle jugo sin que el pobre consumidor se de cuenta.
Algunos me dirán que soy exagerado, que aún no hemos llegado a esos extremos, que hay otras alternativas. Si bien tienen parte de razón -existen las alternativas-, dichas alternativas tienen tan poca fuerza, tan poca voz, que prácticamente es como si no existiesen, y además, a menudo exigen sacrificios demasiado grandes para el acomodado (¿resignado, adoctrinado, manipulado,...?) consumidor. Y si no me creen, piensen: ¿Cuánta gente conoce linux en informática, o mejor dicho cuánta se ha atrevido a usarlo? ¿Cuántos conoces cooperativas o modelos bancarios alternativos, o regresan a formas económicas como la solidaridad familiar como alternativa al crédito? ¿Cuántos se unen al club de los libros viajeros, abogan por el crecimiento y gratuidad de las bibliotecas públicas, rebuscan libros de segunda mano? Si en la compañía aérea x son unos hijos de mala madre, pero en y sucede lo mismo y en z otro tanto ¿Como hago para volar de Europa a América, por ejemplo? Tomar un barco es algo ya imposible, aún pensando en el sacrificio (de tiempo) que eso supone.
El futuro, siguiendo estos caminos que parecemos seguir sin darnos cuenta (o sin querer darnos cuenta) parece conducirnos a ese mundo dirigido por dos grandes corporaciones que controlan todos y cada uno de los aspectos de la sociedad. ¿Cuánto tardará en llegar ese día? ¿Qué será entonces "sociedad", o quiénes serán entonces sociedad?
Son preguntas que me inquietan y me incomodan, pero no puede dejar de hacérmelas. Y a la par que acabo las líneas de este pequeño artículo, no puedo si no invitar a la gente a que rompa con las costumbres que han monopolizado su quehacer diario y su tiempo libre y se anime a caminar por otras sendas: frente al monopolio del caminar por los centros comerciales, caminen por las calles del centro, busquen pequeños restaurantes, pequeños cafés con identidad propia y única, degusten platos preparados con amor y filosofía personal, elijan aquel libro que alguien ya leyó y espera en la tienda de segunda mano con mil y una historias adicionales en sus páginas amarillas, hablen con aquel librero de mirada quijotesca,... Salgan y respiren un aire que no salga de un tubo y escuchen su propia música. Encuentren poco a poco su propia esencia y encontrarán caminos y formas de luchar poco a poco con este monopolio a veces autoimpuesto por nosotros mismos.
lunes, 24 de junio de 2013
Comprometerse
La noción que tenemos de los hechos que vivimos cambia bastante según la óptica que tomemos al vivirlos, pero también a la profundidad con la que nos impliquemos en ellos.
Esa es más o menos la conclusión a la que llego estos días, dándome cuenta que todo es al final una delicada balanza de equilibrios, entre intereses personales e intereses comunes.
Pongo como ejemplo mi propia experiencia. Cuando llegué a este interesante proyecto acá en la selva, todo me parecía casi maravilloso, y aunque encontraba algunas cosas inadecuadas en mi día a día, en el conjunto del proyecto parecían simplemente como pequeños rayones en una mesa nueva. Uno con alegría los pulía y cuidada de que no se volviese a rayar la mesa. Entonces yo no era más que uno del montón, metido dentro del engranaje del proyecto, dedicado a mis obligaciones. No quiero decir que me aislase en mi trabajo y me olvidase del resto de piezas del puzzle, pues soy incapaz de hacerlo, pero me doy cuenta de que hay cosas que uno no ve desde ciertos puestos, incluso aunque sea una persona responsable y preocupada por todo cuanto sucede a su alrededor.
Un par de años más tarde, por azares del destino acá en la selva, me hacen responsable de tamaño colegio, y, de pronto, lo que parecía una casa que apenas necesitaba una ligera mano de pintura, se torna ante mis ojos en un caserón lleno de goteras en el que las cosas funcionan a medias, y en el que no hay suficientes manos para arreglar todos los desperfectos, muchos de los cuáles se antojan estructurales y muy difíciles de cambiar.
La casa no se había echado a perder en dos años, no, simplemente había cambiado mi punto de observación y mi responsabilidad respecto a la casa. Ahora estaba encima, al cargo de la casa. Era responsable de ella. Mucha gente, ante esa responsabilidad, mirará para otro lado, o comparará sus problemas con los de algún semejante que esté igual o peor que él y dirá: "no es para tanto", y seguirá viviendo y trabajando sin más, a pesar de las goteras del techo; otros, intentarán desesperadamente de tapar todos los huecos para aparentar que todo funciona perfectamente; y otros empezarán a dejar de dormir soñando y sudando despiertos, sacándose el aire día a día por intentar arreglar en desaguisado y sacar adelante "algo" que no sea una mentira llena de retales.
Para mi suerte o desgracia -no me atrevo a elegir- pertenezco a este tercer grupo. Si las cosas no funcionan, o no funcionan del todo bien, sigo y sigo y sigo hasta que encuentro una manera de hacerlas funcionar mejor, hasta el punto incluso de que esto me lleve a tirar piedras a mi propio tejado, es decir, reconocer públicamente lo que no funciona, los errores actuales. Creo que es parte de ese compromiso y responsabilidad que uno ha adquirido.
El problema viene cuando la casa se le viene a uno encima a pesar de todos los esfuerzos que hace por enderezar la estructura, y se agota y no ve posibles soluciones al alcance de su mano. ¿A qué se debe eso? ¿Qué hacer entonces? Muchos dicen que eso es resultado de haber perdido la fe, la ilusión que uno tenía cuando empezó. No lo creo así. Si una persona pierde la ilusión en algo, lo deja de hacer, o lo hace de una manera autómata. Si se pelea, y sigue desesperándose, aunque la casa se le venga encima, es que aún tiene algo de fe e ilusión en que las cosas puedan ser de otro modo.
Y sin embargo algún cambio ha de producirse. Uno no puede evitar en estas situaciones mirar atrás, a ese comienzo en que todo era casi perfecto. Haciéndolo me doy cuenta sin embargo de que la diferencia con el presente no está en la fe y la ilusión, sino en la posición y responsabilidad ocupadas entonces y la ocupada ahora.
Un pie comienza entonces a moverse hacia el otro platillo de la balanza: ¿volver a una posición más cómoda, donde todo parece que funciona, o seguir implicado en el proceso hasta la médula? Difícil elección, sobre todo cuando ya se han probado ambas. ¿Cuántas veces nos implicamos realmente en lo que hacemos? ¿Cuántas otras observamos y actuamos egoistamente, desde dentro o desde fuera? ¿Cuántas veces abandonamos y huimos? ¿Cuántas veces nos vamos, sin embargo, conscientes y seguros de que hemos cumplido?
Difícil es, sin duda, responder a estas preguntas.
Esa es más o menos la conclusión a la que llego estos días, dándome cuenta que todo es al final una delicada balanza de equilibrios, entre intereses personales e intereses comunes.
Pongo como ejemplo mi propia experiencia. Cuando llegué a este interesante proyecto acá en la selva, todo me parecía casi maravilloso, y aunque encontraba algunas cosas inadecuadas en mi día a día, en el conjunto del proyecto parecían simplemente como pequeños rayones en una mesa nueva. Uno con alegría los pulía y cuidada de que no se volviese a rayar la mesa. Entonces yo no era más que uno del montón, metido dentro del engranaje del proyecto, dedicado a mis obligaciones. No quiero decir que me aislase en mi trabajo y me olvidase del resto de piezas del puzzle, pues soy incapaz de hacerlo, pero me doy cuenta de que hay cosas que uno no ve desde ciertos puestos, incluso aunque sea una persona responsable y preocupada por todo cuanto sucede a su alrededor.
Un par de años más tarde, por azares del destino acá en la selva, me hacen responsable de tamaño colegio, y, de pronto, lo que parecía una casa que apenas necesitaba una ligera mano de pintura, se torna ante mis ojos en un caserón lleno de goteras en el que las cosas funcionan a medias, y en el que no hay suficientes manos para arreglar todos los desperfectos, muchos de los cuáles se antojan estructurales y muy difíciles de cambiar.
La casa no se había echado a perder en dos años, no, simplemente había cambiado mi punto de observación y mi responsabilidad respecto a la casa. Ahora estaba encima, al cargo de la casa. Era responsable de ella. Mucha gente, ante esa responsabilidad, mirará para otro lado, o comparará sus problemas con los de algún semejante que esté igual o peor que él y dirá: "no es para tanto", y seguirá viviendo y trabajando sin más, a pesar de las goteras del techo; otros, intentarán desesperadamente de tapar todos los huecos para aparentar que todo funciona perfectamente; y otros empezarán a dejar de dormir soñando y sudando despiertos, sacándose el aire día a día por intentar arreglar en desaguisado y sacar adelante "algo" que no sea una mentira llena de retales.
Para mi suerte o desgracia -no me atrevo a elegir- pertenezco a este tercer grupo. Si las cosas no funcionan, o no funcionan del todo bien, sigo y sigo y sigo hasta que encuentro una manera de hacerlas funcionar mejor, hasta el punto incluso de que esto me lleve a tirar piedras a mi propio tejado, es decir, reconocer públicamente lo que no funciona, los errores actuales. Creo que es parte de ese compromiso y responsabilidad que uno ha adquirido.
El problema viene cuando la casa se le viene a uno encima a pesar de todos los esfuerzos que hace por enderezar la estructura, y se agota y no ve posibles soluciones al alcance de su mano. ¿A qué se debe eso? ¿Qué hacer entonces? Muchos dicen que eso es resultado de haber perdido la fe, la ilusión que uno tenía cuando empezó. No lo creo así. Si una persona pierde la ilusión en algo, lo deja de hacer, o lo hace de una manera autómata. Si se pelea, y sigue desesperándose, aunque la casa se le venga encima, es que aún tiene algo de fe e ilusión en que las cosas puedan ser de otro modo.
Y sin embargo algún cambio ha de producirse. Uno no puede evitar en estas situaciones mirar atrás, a ese comienzo en que todo era casi perfecto. Haciéndolo me doy cuenta sin embargo de que la diferencia con el presente no está en la fe y la ilusión, sino en la posición y responsabilidad ocupadas entonces y la ocupada ahora.
Un pie comienza entonces a moverse hacia el otro platillo de la balanza: ¿volver a una posición más cómoda, donde todo parece que funciona, o seguir implicado en el proceso hasta la médula? Difícil elección, sobre todo cuando ya se han probado ambas. ¿Cuántas veces nos implicamos realmente en lo que hacemos? ¿Cuántas otras observamos y actuamos egoistamente, desde dentro o desde fuera? ¿Cuántas veces abandonamos y huimos? ¿Cuántas veces nos vamos, sin embargo, conscientes y seguros de que hemos cumplido?
Difícil es, sin duda, responder a estas preguntas.
miércoles, 12 de junio de 2013
Revolution OS
Ya está, ya lo hice, me pasé a Linux. Hace unos meses, me entró la curiosidad y decidí probarlo en carne -léase computadora- propia. Pues ya está, finalmente Ubuntu, con ciertas modificaciones a mi gusto...
Lo de las modificaciones es sólo la parte estética del pastel, aún estoy aprendiendo a cambiar algunas cosas por puro aprendizaje, lo que realmente me ha llenado del hecho de pasarme al mundo linux es gran parte de su filosofía y las oportunidades que ésta abre, así como los retos que plantea.
Recientemente, me he topado un una película documental, Revolution OS, cuya traducción sería "La revolución del Sistema Operativo", que muestra la génesis y desarrollo del mundo linux y los movimientos del Software Libre o de Código Abierto. Sin ser ninguna maravilla, explica de una manera comprensible la génesis y los motivos de este sector de la informática que para la mayoría de la gente sigue siendo algo para "frikis" o grandes expertos en informática o para locos hackers virtuales. Nada más alejado de la verdad.
De todo lo que he visto en el documental, me quedo sobre todo con las palabras de Richard Stallman, fundador del movimiento por el software libre, que ve en estas experiencias la manera de crear comunidades de individuos que se ayuden mutuamente de una manera desinteresada y solidaria. Frente al individualismo, una sociedad común. Un concepto muy necesario en la actualidad, en todos los campos de la vida de nuestras sociedades.
Pienso especialmente en los colegios y demás instituciones educativas, donde a menudo no hay dinero para implementar suficientes computadores, donde no hay un técnico que haga el mantenimiento, o no se le puede pagar... El hecho de contar con software libre, gratuito o no, que una persona cualquiera puede aprender a configurar simplemente con la ayuda de otras miles, millones de personas a través de la red, el hecho de que sea un software que se puede modificar y adaptar a las necesidades de cualquier ámbito, a nivel educativo, a nivel regional... Cuántas oportunidades de conseguir una herramienta que se adapte a las peculiaridades de un lugar, un proyecto concreto, y a la vez abrirlo al mundo global entrega este mundo del Software Libre.
No soy ningún entendido en informática más allá del nivel de usuario, y no ve veo caminado en los senderos de la programación, dejo esas "selvas" a los valientes exploradores de dicho ámbito, pero me veo orgulloso de poder difundir estos logros e invitar a otras personas a que los prueben, los utilice, y los lleven, con las manos abiertas hasta allá donde la codicia de individualismo sigue aún negando las mismas oportunidades a todas las personas. Sigamos sembrando semillas.
Lo de las modificaciones es sólo la parte estética del pastel, aún estoy aprendiendo a cambiar algunas cosas por puro aprendizaje, lo que realmente me ha llenado del hecho de pasarme al mundo linux es gran parte de su filosofía y las oportunidades que ésta abre, así como los retos que plantea.
Recientemente, me he topado un una película documental, Revolution OS, cuya traducción sería "La revolución del Sistema Operativo", que muestra la génesis y desarrollo del mundo linux y los movimientos del Software Libre o de Código Abierto. Sin ser ninguna maravilla, explica de una manera comprensible la génesis y los motivos de este sector de la informática que para la mayoría de la gente sigue siendo algo para "frikis" o grandes expertos en informática o para locos hackers virtuales. Nada más alejado de la verdad.
De todo lo que he visto en el documental, me quedo sobre todo con las palabras de Richard Stallman, fundador del movimiento por el software libre, que ve en estas experiencias la manera de crear comunidades de individuos que se ayuden mutuamente de una manera desinteresada y solidaria. Frente al individualismo, una sociedad común. Un concepto muy necesario en la actualidad, en todos los campos de la vida de nuestras sociedades.
Pienso especialmente en los colegios y demás instituciones educativas, donde a menudo no hay dinero para implementar suficientes computadores, donde no hay un técnico que haga el mantenimiento, o no se le puede pagar... El hecho de contar con software libre, gratuito o no, que una persona cualquiera puede aprender a configurar simplemente con la ayuda de otras miles, millones de personas a través de la red, el hecho de que sea un software que se puede modificar y adaptar a las necesidades de cualquier ámbito, a nivel educativo, a nivel regional... Cuántas oportunidades de conseguir una herramienta que se adapte a las peculiaridades de un lugar, un proyecto concreto, y a la vez abrirlo al mundo global entrega este mundo del Software Libre.
No soy ningún entendido en informática más allá del nivel de usuario, y no ve veo caminado en los senderos de la programación, dejo esas "selvas" a los valientes exploradores de dicho ámbito, pero me veo orgulloso de poder difundir estos logros e invitar a otras personas a que los prueben, los utilice, y los lleven, con las manos abiertas hasta allá donde la codicia de individualismo sigue aún negando las mismas oportunidades a todas las personas. Sigamos sembrando semillas.
domingo, 9 de junio de 2013
Los que se acomodaron
Hablo con la familia estos días, y poco a poco, me van poniendo al día de lo que sucede por el viejo mundo, por la vieja España. Pocas noticias de allá llegan a través de la televisión de acá, y los periódicos españoles siempre me dan la sensación de estar demasiado politizados como para ser imparciales, tanto politizados con partidos, como con posturas políticas generales.
Supongo que encontrar un medio de comunicación totalmente imparcial es poco menos que imposible.
Así que la mejor manera de informarse y de ver cómo respira realmente el país, es conectarse al internet y hablar con familiares y amigos, o ver qué inquietudes ocupan su vida y se reflejan en redes sociales como el facebook. Por desgracia, la sensación que transmiten es un poco desalentadora: muchos de mis conocidos viven encerrados en el todavía seguro caparazón, hablando de cosas banales, al menos dentro de la coyuntura social actual. Lo mismo sucede cuando pregunto sobre la reacción de la gente a las medidas del gobierno español: sólo protestan y marchan por la calle los mismos cuatro de siempre.
No me sorprende, la verdad. Recuerdo cuando estaba en la universidad y protestábamos contra la LOU y el futuro Plan Bolonia: siempre salíamos los mismos a las protestas. El resto, se quedaba en su casa durmiendo. Recuerdo el día que en la asamblea sugerí que la manifestación fuera a las 8 de la tarde después de las clases: miradas asesinas por doquier. Finalmente fue a las 8 de la mañana (para no tener clase) y todo el mundo se quedó en su cama durmiendo, salvo los cuatro comprometidos que nos reunimos -un tanto enfadados con nuestros "cómodos compañeros estudiantes"- para comenzar la triste manifestación.
La gente se ha vuelto muy cómoda y conformista. Mientras no les llegue el agua al cuello no se mueven. Dirán y protestarán y hablarán en la tertulia tomado café o tomando cerveza, pero a la hora de la verdad, preferirán la seguridad -actual y quizá efímera- de su trabajo y de su casa, a los reclamos de un futuro mejor. Se ha llegado hasta el punto de olvidar la más mínima solidaridad con el vecino, que quizá no lo esté pasando tan bien como ellos, y si esta solidaridad se da siempre es en forma de limosnas-migajas, y no en forma de apoyo activo a los problemas y reivindicaciones de nuestros iguales.
Y si la gente está acomodada, también lo están los políticos. El pueblo nunca se va a mover por si sólo, necesita de alguien que le guíe, y claro, con los políticos actuales, carentes de ideología (y por lo tanto de corazón y razón de ser), políticos que se mueven como puras marionetas al ritmo de los intereses económicos de quienes realmente manejan el sistema, políticos que se mueven por las puras (y malsanas) ansias de poder, con esos políticos acomodados, lo que hay es una sociedad acomodada.
Estos días me pregunto dónde se quedaron todos aquellos líderes de los años 60 y 70 del siglo pasado: políticos, líderes sindicales, pensadores, ideólogos, que movieron a la sociedad e hicieron temblar siquiera un poco -pero por lo menos suficiente- al sistema acomodado de entonces. No hace falta buscar mucho: aquellos líderes del mayo del 68, de la transición española, son las personas que en gran parte siguen hoy en el poder y que justifican los atentados contra la dignidad pública a la que los actuales gobiernos someten a los ciudadanos ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Dónde quedaron el compromiso, la dignidad? Una persona que cambia totalmente de postura y que lo hace por intereses puramente egoístas o corporativos es una persona que pierde toda confianza que otros pudieran tener en ella.
Eso es lo que pasa con los políticos actualmente. Se han vendido a los bancos, se han acomodado, han olvidado, borrado, eliminado aquel espíritu soñador que les movía entonces y lo han cambiado por la seguridad de sus cuentas corrientes. Y otros, que vieron a tiempo como llegaban los banqueros con la droga lista para inyectarles, se apartaron del juego político, regresando a las universidades, a los libros, olvidando las calles; siguieron y siguen con sus discursos y escritos alentadores, pero ahora son discursos estáticos, enclaustrados: ya no viven y respiran y crecen en el asfalto.
Me da una pena terrible toda esta situación actual. Pena por los políticos y pensadores que se acomodaron, pena por mis compañeros ciudadanos que no son capaces de ver más allá de su pantalla plana, pena por mis compañeros ciudadanos que se ven abandonados por una sociedad conformista. Pena al verme solo en la calle, pena porque no haya ninguna voz ni espíritu crítico que mueva a las nuevas generaciones y les arrastre a las calles para reclamar una herencia mejor a sus "acomodados" mayores.
Habrá pues, que seguir desfilando por el asfalto, cantando hasta que llueva.
Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes
de seguridad.
Planearán vender la vida
y la muerte y la paz
¿Le pongo diez metros
en cómodos plazos de felicidad?
Pero tú y yo sabemos
que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba,
y que una lluvia fuerte
sin bioenzimas, claro
limpiará nuestra casa.
Hay que doler de la vida
hasta creer
que tiene que llover
a cántaros.
- A cántaros (Pablo Guerrero)
Supongo que encontrar un medio de comunicación totalmente imparcial es poco menos que imposible.
Así que la mejor manera de informarse y de ver cómo respira realmente el país, es conectarse al internet y hablar con familiares y amigos, o ver qué inquietudes ocupan su vida y se reflejan en redes sociales como el facebook. Por desgracia, la sensación que transmiten es un poco desalentadora: muchos de mis conocidos viven encerrados en el todavía seguro caparazón, hablando de cosas banales, al menos dentro de la coyuntura social actual. Lo mismo sucede cuando pregunto sobre la reacción de la gente a las medidas del gobierno español: sólo protestan y marchan por la calle los mismos cuatro de siempre.
No me sorprende, la verdad. Recuerdo cuando estaba en la universidad y protestábamos contra la LOU y el futuro Plan Bolonia: siempre salíamos los mismos a las protestas. El resto, se quedaba en su casa durmiendo. Recuerdo el día que en la asamblea sugerí que la manifestación fuera a las 8 de la tarde después de las clases: miradas asesinas por doquier. Finalmente fue a las 8 de la mañana (para no tener clase) y todo el mundo se quedó en su cama durmiendo, salvo los cuatro comprometidos que nos reunimos -un tanto enfadados con nuestros "cómodos compañeros estudiantes"- para comenzar la triste manifestación.
La gente se ha vuelto muy cómoda y conformista. Mientras no les llegue el agua al cuello no se mueven. Dirán y protestarán y hablarán en la tertulia tomado café o tomando cerveza, pero a la hora de la verdad, preferirán la seguridad -actual y quizá efímera- de su trabajo y de su casa, a los reclamos de un futuro mejor. Se ha llegado hasta el punto de olvidar la más mínima solidaridad con el vecino, que quizá no lo esté pasando tan bien como ellos, y si esta solidaridad se da siempre es en forma de limosnas-migajas, y no en forma de apoyo activo a los problemas y reivindicaciones de nuestros iguales.
Y si la gente está acomodada, también lo están los políticos. El pueblo nunca se va a mover por si sólo, necesita de alguien que le guíe, y claro, con los políticos actuales, carentes de ideología (y por lo tanto de corazón y razón de ser), políticos que se mueven como puras marionetas al ritmo de los intereses económicos de quienes realmente manejan el sistema, políticos que se mueven por las puras (y malsanas) ansias de poder, con esos políticos acomodados, lo que hay es una sociedad acomodada.
Estos días me pregunto dónde se quedaron todos aquellos líderes de los años 60 y 70 del siglo pasado: políticos, líderes sindicales, pensadores, ideólogos, que movieron a la sociedad e hicieron temblar siquiera un poco -pero por lo menos suficiente- al sistema acomodado de entonces. No hace falta buscar mucho: aquellos líderes del mayo del 68, de la transición española, son las personas que en gran parte siguen hoy en el poder y que justifican los atentados contra la dignidad pública a la que los actuales gobiernos someten a los ciudadanos ¿Cómo ha podido suceder esto? ¿Dónde quedaron el compromiso, la dignidad? Una persona que cambia totalmente de postura y que lo hace por intereses puramente egoístas o corporativos es una persona que pierde toda confianza que otros pudieran tener en ella.
Eso es lo que pasa con los políticos actualmente. Se han vendido a los bancos, se han acomodado, han olvidado, borrado, eliminado aquel espíritu soñador que les movía entonces y lo han cambiado por la seguridad de sus cuentas corrientes. Y otros, que vieron a tiempo como llegaban los banqueros con la droga lista para inyectarles, se apartaron del juego político, regresando a las universidades, a los libros, olvidando las calles; siguieron y siguen con sus discursos y escritos alentadores, pero ahora son discursos estáticos, enclaustrados: ya no viven y respiran y crecen en el asfalto.
Me da una pena terrible toda esta situación actual. Pena por los políticos y pensadores que se acomodaron, pena por mis compañeros ciudadanos que no son capaces de ver más allá de su pantalla plana, pena por mis compañeros ciudadanos que se ven abandonados por una sociedad conformista. Pena al verme solo en la calle, pena porque no haya ninguna voz ni espíritu crítico que mueva a las nuevas generaciones y les arrastre a las calles para reclamar una herencia mejor a sus "acomodados" mayores.
Habrá pues, que seguir desfilando por el asfalto, cantando hasta que llueva.
Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes
de seguridad.
Planearán vender la vida
y la muerte y la paz
¿Le pongo diez metros
en cómodos plazos de felicidad?
Pero tú y yo sabemos
que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba,
y que una lluvia fuerte
sin bioenzimas, claro
limpiará nuestra casa.
Hay que doler de la vida
hasta creer
que tiene que llover
a cántaros.
- A cántaros (Pablo Guerrero)
miércoles, 5 de junio de 2013
Políticos
Políticos, putas y famosas
son todos la misma cosa
a la que pagan los bancos
perpetuando el desfalco
al que someten con descaro
a todos los ciudadanos.
¿Cómo es que llegó a ser
el mundo semejante burdel,
y cómo es que el ciudadano
se queja mas paga con agrado
mientras mira tras los visillos
actos no aptos para chiquillos?
Mirando el circo engalanado,
viéndose rey, bufón malpagado,
el ciudadano sigue absorto
no siente rabia ni asombro
que no se sienten las penas
cuando se tiene la barriga llena.
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