Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

jueves, 25 de diciembre de 2014

La balada del carpintero

Este año hago mías las palabras de esta canción de Ewan McColl que me llegó hace años en la voz de Phil Ochos. Hoy día los bancos son los ricos de la historia, los políticos bien parecen "el ejercito Romano de ocupación", nosotros cada día somos más pobres, y Jesús más pobre aún sigue siendo asesinado todos los años.
Y me pregunto ¿Cómo podemos seguir así? ¿No estarán nuestras manos manchadas de sangre y traición?

Que cada uno examine su conciencia y elija su bando. No existen centros, la sangre y la injusticia salpican, al igual que el amor.
Mis mejores deseos para estas fechas. Ojalá nos sirvan de ejemplo y reflexión.

Ballad of the Carpenter (Ewan McColl)

Jesús era un trabajador
y también un héroe, oirás;
nacido en la ciudad de Belén
al final del año.

Cuando Jesús era apenas un muchacho
su nombre corrió por las calles
porque discutió con los mayores
y los hizo avergonzarse.

Se hizo vagabundo
y viajó lejos, por todas partes
y se dio cuanta cómo la riqueza y la pobreza
vivían siempre un al lado de la otra.

Así que dijo, venid vosotros, los trabajadores
los granjeros y los tejedores también,
si solamente estuvieseis firmes y unidos,
este mundo os pertenece,
este mundo os pertenece.

Cuando los ricos escucharon lo que había hecho el carpintero
acudieron a las tropas romanas
"Hay una cruz de sobra en el monte Calvario
el fin de semana habrá muerto."

Pero Jesús caminaba entre los pobres
pues él mismo era uno de ellos
y nunca les dejaron acercarse lo suficiente
para matarle por la espalda.

Así que contrataron los servicios de un comerciante
y éste fue un informante
y vendió a su hermano a los carniceros
por un puñado de monedas de plata.

Y Jesús se sentó en una celda en la prisión
y le golpearon y le ofrecieron sobornos
para que abandonase la causa de los suyos
y trabajase para la tribu de los ricos.

y el sudor escurrió por las cejas de Jesús
y sus ojos se ensangrentaron
cuando clavaron su cuerpo a la cruz romana
y rieron mientras le observaban morir.

Dos mil años han pasado y se han ido
también varios héroes
pero el sueño de este pobre carpintero
permanece en vuestras manos
permanece en vuestras manos.

La canción en la voz de Phil Ochs (del LP I ain't marching anymore, 1965)