Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 14 de abril de 2013

Huelga a la japonesa

Alguna vez leí, aunque no se si es realmente cierto, que en Japón cuando se ponen en huelga, lo que hacen es trabajar horas extra. Quizá sea uno de esos falsos clichés que circulan por la red.
Aquí sucede algo parecido. Se quiere superar el atraso trabajando a destajo. Hay que trabajar más tiempo y más duro, para ponernos al nivel de los demás, para superar todas nuestras carencias. Sin embargo, eso no da siempre el resultado adecuado.

En educación, en este país, se han empeñado en hacer trabajar a los maestros como a cualquier otro trabajador. No les falta razón, el desorden que había y todavía hay en educación es considerable. Llega a tal extremo que si no se aplicasen medidas férreas, horarios y calendarios escolares con poca flexibilidad, y reajustes salariales entre otras medidas, la situación no cambiaría. Sin embargo, me pregunto estos días si las medidas tomas son las acertadas. Personalmente, no me importa trabajar más días, a menudo hago horas extra -ya se que mi modelo de vida no es el de todos los comunes- y lo hago con gusto, aunque reconozco que también es necesario el ocio y el descanso. Digo esto porque, mientras se alarga estos días interminablemente el calendario escolar, y se obliga a permanecer en el centro a profesores dedicados a tareas pedagógicas y de programación para mejorar la educación del país, me parece que los resultados que se obtienen u obtendrán no son los esperados.

En mi colegio, y después de hablar con otros amigos docentes, al parecer también en otros centros (me atrevería a decir en la mayoría) los docentes no saben programar, no saben qué hacer con el currículum y las disposiciones ministeriales, no saben en que ocupar las “horas pedagógicas”. Así, en lugar de un grupo de profesionales trabajando en pro del futuro del país -una buena educación es el único futuro posible para un pías, tenemos grupos de personas que esperan sentados cazando moscas y mirando una y otra vez el reloj esperando que de la hora irse a casa.
Es como si a un niño de escuela le encerrásemos con una ecuación de segundo grado sobre un papel y le pidiésemos que la resuelva y para ello lo único que le diésemos fuese tiempo y más tiempo. El resultado sería siempre el mismo. Así, estos días no puedo si no preguntarme que voy a lograr como rector (encargado) de mi colegio teniendo a los profesores “encerrados” quince días más en julio o agosto, “programado” el año lectivo cuando aún no saben programar. Mejor, creo, haría el ministerio obligando a los profesores a asistir a talleres de formación y actualización, de modo que después puedan realmente aplicar algo en las aulas.
Quizá para mejorar las carreteras del país lo que hay que hacer es trabajar las 24 horas del día en tres turnos de 8 horas, siempre con alguien revisando que se tapan todos los baches adecuadamente, pero en educación el cuento es distinto. Distinto porque para ser profesor se requiere una formación mayor que para ser peón de obra -todo hay que aprenderlo en esta vida, pero hay profesiones más sencillas que otras-, y de nada vale por lo tanto estar 24 horas tapando baches si no sabemos como hacerlo, que es lo que sucede en las escuelas y colegios del país.

Por todo ello desde aquí y desde mi humilde experiencia, invito a las autoridades competentes a que reorienten su política de educación, haciéndonos trabajar sí, pero con la cabeza bien formada, que no son baches lo que tapamos, pues las cabezas de nuestros alumnos nunca han estado vacías ni llenas de huecos, y necesitan de profesionales que realmente sepan lo que hacen antes de empezar la labor. Y que no olviden además, que, en educación no sólo es necesario llenar mentes de datos planificados: el ocio, la vida en común, las relaciones sociales y el ámbito familiar son tan importantes como el ámbito académico.