Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 28 de abril de 2013

Cosas que pasan por la selva

-Le triago mi portatil, mire, no se que le pasa, pero se ha quedado con la pantalla gris. Deben ser virus.
-No, no son virus, son hormigas.
-¡¿Hormigas?!
-Sí, les encanta el sabor de ciertos cables y circuitos, sobre todo los de marca Toshiba que son los más dulces.
-¡¡¡!!!
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9 y pico de la noche. Los chicos de la residencia 2 no se han acostado y están formando una bulla general en la entrada. ¿Qué sucede, motín general? Para nada, simplemente sucede que mamá perezoso e hijo salieron de paseo y decidieron quedarse un rato colgados de las rejas de entrada de la residencia. El incrédulo director, preparado para gritar qué pasa y echarles la bronca, se desfinfla de sus iras y empieza a velar por los pobres perezosos (los estudiantes no, los mamíferos arbóreos) para que no les pase nada y regresen sanos y salvos al bosque.

Cosas que pasan acá por la selva. Supongo que no tienen mucho de extraordinario. Las hormigas simplemente prueban nuevas recetas culinarias, y la familia perezoso, al encontrarse con treinta chicos a los que se les pegan las sábanas todas las mañanas, encuentra un lugar donde se siente como en casa y decide cambiar su árbol por la residencia de estudiantes.
Y el hombre, que es él mismo lo único raro que pasa por la selva, sigue caminando, rascándose la cabeza y preguntándose cómo pueden suceder estas cosas, sin darse cuenta de que ni el mundo gira a su alrededor, ni está él por encima de las demás cosas de este mundo.