Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

jueves, 29 de noviembre de 2012

Fue hace mucho tiempo

Un leve zumbido casi imperceptible recorría la habitación. El sistema estaba conetctado. El cuarto esperaba, tranquilo, las órdenes de su maestro. Las paredes, el techo, el piso, emitían la diáfana luz blanca de la espera.
Jorge entró el cuarto con aire cansado, absorto en si mismo, ausente del cuearto, se sentó en el sillón reclinable que esperaba vacío en el centro de la habitación. Se dejó recostar léntamente sobre él, la cabeza en apoyada en el respaldo y las manos sobre los brazos articulados del sillón. Poco a poco, el sillón fue reclinándose hasta quedar casi horizontal. Uno suabes guatnes recubrieron las manos de Jorge mientras un caso plástico flexible se ajustaba suavemente a su cabeza. Cerró unos segundo los ojos, aunque sabía que no era necesario. ¿Qué sería hoy? Su mente penso y eligió: bosque, río, naturaleza.
En unos instantes estuvo caminando por la orilla de un río en un bosque, escuchando el sonido de los insectos y los pájaros. Le encantaban las salidas a la naturaleza, sentir las hojas, el viento, el agua del río fresca en sus pies. Unos días iba al desierto, otros a la tundra, otros aunas altas montañas nevadas. Su mente le llevaba y le traía. Otras veces caminaba por antiguas ciudades y civilizaciones pasadas, pero sus viajes favorios eran a la naturaleza. Pensaba que era así por fue esa la primera experiencia que tuvo, cuando, siendo a penas un bebé de unos meses, conectado al sistema de sus padres, había descansado en un lecho de frescas hojas cercano a un río. Desde entonces, esos paseso por la naturaleza, especialmente por un río en el bosque, habían sido sus favoritos. Recordaba como, en la escuela, cuando aprendía a manejar el sistema, y el profesor les invitaba a viajar a distintos lugares, tiempos y realidades, él siempre cerraba los ojos y dejaba que el pensamiento del blosque y el río fluyese en él; para enfado del profesor, claro.

Llevaba ya aproximadamente dos horas caminando porla orilla del río, empezaba a sentir cierto cansacio agradable y un poco de hambre: era hora de regresar. Se sentó tranquilament en la orilla, comenzó a acariciar una hoja seca de arbol, luego la solto, se recostó, cerró los ojos, y a los pocos segundos su pensamiento quedó en blanco. El sistema leyó su pensamiento y le devolvió a la realidad.
Descansado, Jorge se levantó del sillón y salío lentamente del cuarto. Su apartamento, como todos de la ciudad, era un cubo dividido en varias habitaciones cuadradas de mayor o menor tamaño. Entró en la cocina. Las luces parpadeantes del horno le indicaban que la cena ya estaba lista: abrió la puerta y sacó una bandeja individual que colocó sobre una pequeña mesa que había pegada a una de las paredes. Automáticamente, un asiento surgió de uno de los extremos de la mesa. Jorge se sentó y comenzó a comer lentamente. Se quedó pensativo unos segundos mirando la blanca pared de la concia. ¿Por qué la había cambiado a blanco? Parecía un quirófano. Se levantó, tecleó en una pequeña pantalla táctil a un lado de la puerta y al instante la cocina quedó pintada de color azul con motivos de hojras y flores amarillas. Así estaba mucho mejor.

Terminada la cena, depositó la bandeja sobre el aparato lavaplatos y salío de la concia dejando tras de sí el leve zumbido de los electrodomésticos. Era ya tarde. Entró en el dormitorio, encendió únicamente la luz de la cabecera de la cama, se quitó el traje autoajustable, se cambió de ropa interior, arrojó toda la ropa usada por la abertura del departamento de limpieza, y se metió en la cama.

A las 7:00 el zumbido del desperdador le sacó de su descanso. La luz del dormitorio eraahora cálida e intensa, pero sin molestar a la vista.. Se levantó y fue directo al baño contigüo, se dió una ducha, se puso un nuevo traje autoajustable y se dirigió a la cocina. El desayuno estaba ya listo, apuró el capfe´, se levantó, colocó todo en el aparato lavaplatos, recogió su ID, y salío de la casa.

La gran galería 95-J tenía hoy un color extraño. La luz del techo era un tanto anormal. Debían estar haciendo alguna corrección en el filtro solar ultravioleta. Indiferente, caminó unos pasos alfrente y espero a que se detuviese el siguiente monorail que recorría la avenida. Como si fuese un ritual, decenas de vecinos se fueron ubicando a su izquierda y derecha, esperando.
Por fin llegó el monorrail. Jorge ocupó su asiento, y se sentó indiferente con la mirada perdida. Cinco paradas después, caminó a un ascensor, descendió 7 plantas y tomó otro monorail hasta la avenida 82-W. Entró en las oficinas del Registro Ciudadano Universal, deslizó su ID por el lector de la puerta de personal, la cual se abrió automáticamente, y caminó hasta su puesto: 778-I. Cada puesto era un pequeño cubo de cristal traslúcido con una cómoda silla y una gran pantalla táctil que cubría todo un lateral del cubículo. La pantalla táctil detectó las huellas dactilares de Jorge e inició el sistema.
Había ya varias peticiones de información de distintos ministerios y empresas. Comenzó poco a poco atenderlas. Llevaba ya una hora trabajando cuando empezó a tener problemas con varias fichas de ciudadanos de la serie XJR: le llegaban datos fragmentados. Despues de mucho teclear, logro completar prácticamente todas las fichas. Dejó un mensaje para el servicio de mantenimiento sobre errores en el servidor A76WY2, y las fichas incompletas en turno de espera. A los pocos segundos la ficha correspondiente al sujeto JW0087657422, empezó a parpadear resaltada de color rojo. Por lo visto, la información de ese sujeto era muy urgente. Chequeó los avisos del servicio técnico: aún no había confirmación sobre el estado del servidor. No obstante, intentó de nuevo recabar la información del sujeto. Nada, imposible, sólo mensajes de error del servidor.
Reportó la incidencia y sigió trabajando. La luz roja parpadeó de nuevo a los pocos minutos: JW0087657422-URGENTE. Ahora la orden venía directametne del coodinador general de su sección. Jorge entró en el chat y explicó personalmente los inconvenientes. A los pocos minutos recibió la respuesta:
CONFIRMADO. SERVIDOR DAÑADO. REPARACIÓN EN 16 HORAS. NO OBSTANTE, INFORMACIÓN JW0087657422 DEBE SER ENVIADA AHORA. ACUDA ARCHIVO 1008-P. PRIORIDAD ABSOLUTA.

Ya le había sucedido antes. Servidor dañado, acceso a microfilms originales. Le llevaría unos 15 minutos de monorail llegar hasta el archivo. Buscó la dirección del archvivo en la pantalla y comprobó que 1008-P no arrojaba ningún resultado en el directorio de archivos de microfilms. Introudjo la referencia en el sistema de búsqueda avanzada. A los pocos segundos, la pantalla pidió su identificación dactilar. Solía suceder en caso de datos con cierta confidencialidad especial. Colocó su mano, y al instante vió la dirección del archivo: AVENIDA 16-A. Estaba algo más lejos de lo que imaginaba. De hecho, nunca antes había descendido por debajo del nivel 30. Sin más esperas, cerró sesión en el sistema y se dirigió al monorail.

Cuando llegó a la avenida 16-A le llamó la atención la poca actividad de personas y el escaso tráfico de monorailes que habia en ella. Sebajó del monorail en la puerta 1008-P. Ubicó su ID en el lector y entro. Se sorperendió al encontrarse sólo con una pantalla táctil y una puerta de seguridad cerrada y sin lector de ID. Colocó su mano en la pantalla táctil. A los pocos segundos aparecieron en la pantalla las instrucciones:
PASILLO 5, FILA 18, EST. 3, CARP. 2-II. Clasificado 1663, microfilmar y llevar microfilm a 1623-M.
Pulsó en Ok, y un pequeño escaner de microfilmar surgió de una gaveta empotrada en la pared de la izquierda. Al retirar el aparato, la puerta de seguridad se abrió.
Jorge se detuvo unos instantes en el umbral. Aquello era... un archivo con documentos originales, sin microfilmar. Creía que todo habia sido microfilmado hacía muchos, muchos años. Entró con cierto nerviosismo. Nunca había manejado documentos, nunca había microfilmado nada, auqneue era obvio que el funcionamiento del aparato era bien sencillo.
Aquello era algo diferente: tener que caminar entre aquellos estantes repletos de carpetas selladas... Sentía una sensación extraña, un miedo... ¿Miedo a qué, a documentos antiguos? se dijo a sí mismo. Llegó a su destino: Pasillo 5, Fila 18, estante 3, Carpeta 2-II. Sintió que la mano le flaqueaba mientras tomaba la capeta. La abrió lentamente, con miedo a dañarla o a que algo extraño hubiese en su interior; extrajo con cuidado el expediente y empezó a microfilmarlo. La tarea resultaba facil: las hojas plásticas estaban en buen estado. Le pareció chistoso encontrarse con esas hojas. Aquel efímero invento de las hojas plásticas sintéticas como sustituto del papel: lo habia estudiado en clase de historia en la escuela... Que estupidez: sólo por no saltar directamente y de una vez por todas al mundo digital: no había ya árboles, no había papel, y se les ocurrió inventar las hojas plásticas. Sólo unos renegados retrógrados podían haber inventado eso, y por eso duró tan poco tiempo la tontería.
De repente, al pasar las hojas, una pequeña funda plástica se desprendió de una de las hojas. Se agachó a recogerla y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando vió us contenido: hojas, pétalos del flores, secos, guardados ahí durante... ¿cuánto, 200 años o más? Todo el mundo sabia que no había plantas de hacía siglos, a nadie le importaba ya, pero... Sintió una sensación extraña. Y si... porqué no... Lentamente abrió la funda, sacó una de las hojas secas y empezó a acariciarla. se estrmeció, sintió un nudo en su garganta y empezó a llorar. Cientos, miles de veces había viajado en el sistema al bosqu, habia tocado, sentido, saboreado las hojas, las flores, verdes, secas, las había arrancado con sus propias manos..., pero el tacto de aquella hoja seca consu mano le transmitía algo más, era, era, ¿más real? ¿Cómo podía ser? ¿A caso no era perfecto el sistema? Y sin embargo, el tacto, el olor de aquella hoja...
Vació el contenido dela funda, y, se sentó en el suelo, tocando, oliendo, pasando por su rostro y sus laios aquellas hojas y pétalos secos mientras las lágrimas le caían por el rostro.

1 comentario:

Kiko dijo...

Cuánto me recuerda a la temática de un relato que escribí hace unos seis años...
jeje. Un abrazo