Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

jueves, 29 de noviembre de 2012

Las estrellas

Hay algo mágico en las estrellas
me lo pregunto esta noche mientras las miro
y siento como un aire especial entra en mi
y se me erizan los pelos del cuerpo
y sueño llegar alto y volar y ver gentes
que como yo viven y sueñan despiertos.

Hay algo mágico en las estrellas
ahora estoy seguro mientras las miro
y siento como mis penas
mis despesperos diarios y las cadenas
que me encierran en un mundo opaco
se rompen, y libre vuelo, y pienso
que nada es imposible, no hay quimeras.

¿Es esa la magia de las estrellas,
abrir nuestra mente a lo imposible
al tiempo cambiante que no rigen
las matemáticas y el hombre,
donde las penas a nadie afligen
que risa y llanto son parte
de la vida que eterna centellea.

Y me pregunto entonces porqué
no miramos todas las noches a las estrellas
si ellas son el aliento de nuestros sueños
si ellas hacen posibles utopias
y nos llevan a volar más alto que ellas.
Veo entonces a un hombre
abosrto en si mismo, encerrado
en cuatro paredes que dicen perfectas
enciende luces y construye techos
ensombreciendo con su arrogancia
la luz de las estrellas.

En las ciudades, en barrios muertos
y silenciosos, o en lugares llenos
del bullicio de muscia y coches,
en noches de mil colores, de neon
y otros gases oscuros y no tan nobles
el hombre ya no sueña, hoy solo
construye ficciones con lodo
que una lluvia ácida borra cayendo
desde unas nuves oscuras que ocultan
la luz de la luna y las estrellas.

El hombre abre paraguas, de acero
y telas sintéticas, y trabaja con celo
para mantener en pie un mundo
construido a su imagen y semenza
y a él vivo dentro, cambiando tuercas
aprentando tornillos, donde la ley cuadrada
sólo sabe de cifras y recursos
y a borrado del diccionario la esperanza.

Sin embargo arriba a un quedan
unas gotas de esa verdad eterna
esperanza centelleante que las estrellas
guiñando los ojos a un lazan
a una tierra poblada de criaturas
que su cabeza alzan y avanzan
demasiado orgullosos y ocupados
sin darse cuenta de que la meta
no es ser más altos y brillantes
que las estrellas, sino caminar alegres
alumbrados por la luz de luna

Y que los sueños descansan
sonrientes en una cuna
o en besos que sacia la sed
de dos labios que se juntan
cubiertos de polvo de estrellas.