Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

domingo, 7 de marzo de 2010

Cambiado de colores

Hace unos diez años, cuando llegué a esta ciudad para estudiar en la universidad, me llamó la antención no encontrarme con gente de color por las calles. Al principio no me di cuenta, pero sentía algo monótono en la calle. Cuando regresé a mi pueblo un fin de semana, y caminé por sus calles más o menos interculturales, me di cuenta del problema: en León no había negros, gente de otras razas, otros lugares. Supongo que a la gente de la ciudad no le parecía algo raro, pero para mí, que me crié en un pueblo minero con bastante inmigración, que desde niño compartí la escuela con compañeros caboverdianos y pakistaníes, la balncuar de las calles de León causaba una sensación extraña.
En los últimos cinco años la cosa ha ido cambiando, hasta el punto que hoy en día es raro que al caminar por las calles de esta ciudad uno se cruce con subsaharianos, sudamericanos, chinos, rumanos,... El paisaje de esta ciudad se ha vuelto cosmopolita, pero a la vez, pobre.

Sí, pobre. Esto es algo nuevo visto desde aquellos ojos míos de niño que pisaba un suelo que escondía carbón. Allá en mi pueblo no se veía pobreza entre los inmigrantes; el ser portugués, caboverdiano o pakistaní no implicaba peores condiciones de vida, pues no implicaba peores condiciones laborales. Oh, había quien tenia más y quien tenía menos, pero eso siempre será así, igual que había quien administraba mejor su dinero y llegaba a fin de mes, y quien era maniroto o derrochador y a pesar de tener lo mismo, acababa comprando "de fiado" en la tienda del barrio.
No me malinterpreten. No digo que mi pueblo fuese el paraíso o el modelo a imitar. La gente no caminaba de la mano, los matrimonios interraciales no eran algo común; pero había respeto y compresión. Todos trabajaban en la mina codo con codo ganando lo mismo, indiferentemente del color de la piel, el idioma, o las creencias religiosas. Todos tenía por tanto problemas futuros similares -el cierre de la mina-. Incluso aquel que no era minero sabía que su negocio, su vida, dependía de la mina.

Lugares comunes, el trabajo y la escuela. Espacios separados: la iglesia y la mezquita. Bares para unos, para otros, para todos. La convivencia y el respeto labradas a fuerza de pico.
Si hay respeto, nadie es pobre. Si hay igualdad en el trabajo, nadie es pobre, nadie se siente extranjero.

***
Esto era un pueblo minero a finales de la década de 1980. Volvamos a una ciudad de servicios en el 2010. Hoy en día ha aumenteado la inmigración considerablemente, comparado con décadas pasadas. No voy a entrar en el análisis de las causas de este aumento, pues éstas son muchas y variadas: políticas de inmigración más estrictas en otros países europeos que sufrieron el boom migratorio hacia sus fronteras en décadas pasadas, conflictos armandos, desaparición de sistemas económicos que pagan el coste del paso al sistema vigente en forma de hambre y desempleo, corrupción, falta de inversión en países subdesarrollados, explotación en estos países por parte de compañías y grupos financieros extranjeros.
Las posibilidades y las historias personales son muchas. Y todas desembocan aquí y ahora, en las calles de esta ciudad y otras ciudades de este país. Unas calles que no son iguales para todos los transeuntes, sino que cambian según el idioma o el color de la piel, -o el pasaporte- del que camina.
Estos inmigrantes ya no llegan al trabajo "seguro" codo a codo en la mina: llegan a un país donde se les discrimina y sel es entrega el trabajo que nadie quiere, donde se les ofrecen peores condiciones laborales y peores salarios en aras de la productividad, donde se les impide muy a menudo el ascenso laboral y por ende social. Baste un ejemplo que me llama la atención estos días: el número de estudiantes extranjeros en la escuela pública es muy superior al de la privada concertada.
Creo que es un ejemplo claro de el rumbo que ha decidio tomar esta sociedad para etiquetar y clasificar y así lograr comprender y manejar algo que no comprende o no quiere aceptar como suyo. Pues los inmigrantes son su poroblema, son uno de los "efectos colaterales" de este sistema económico.
Que nadie me venga a decir aquí que me equivo y que el sistema funciona, que lo único que hace es "reajustarse" cada cierto tiempo. Un sistema que excluye automáticamene a parte de la población, que la clasifica en compartimentos estancos estancos de diferente categoría, que acepta a los exluídos como un mal menor o un desecho producto de la producción y el consumo, este sistema, es un sistema que no funciona.
Es un sistema que pierde aceite. Un goteo a lo largo del camino, en forma vidas humanas. La solución del sistema es facil: pasa la fregona, echa tierra encima; construye muros y alambradas más algos, en otras palabras.

¿Hasta cuándo? ¿Hasta que resbalemos en un enorme charco de aceite? ¿Hasta que una piedra alcance nuestra ventana y haga añicos el cristal forzándonos a mirar afuera? Ya es hora de que emepcemos a cambiar las cosas. No hablo de revoluciones. Las revoluciones sólo traen hambre y muertes, y las cosas poco cambian después de que ha pasado el momento álgido. Yo hablo de cambios pequeños y progresivos, de cambios en nuestaras costumbres, en nuestra manera de mirar a y para el prójimo, de entender un futuro común sin excluídos como el único futuro posible. Un futuro que no llegaremos a ver pero que debemos construir poco a poco, día a día para que futuras generaciones lo lleguen a ver.
Son los cambios lentos, aquellos que cuestan tiempo y esfuerzo, los únicos que producen un resultado duradero. Tenemos que atrevernos a cambiar de camino. Es sencillo, tan fácil como bajarnos de las escaleras mecánicas y empezar a caminar.

Según el sol
se alzó sobre el borde del cielo en el este
y este
mundo que amamos estaba intentado morir,
dijimos ¡aguanta!
y canta otra vez ¡hurra!
Tu hijo puede ser el que exclame
"El emperador está desnudo hoy"

Cuatro vientos que soplan,
cuatromil lenguas con la palabra: sobrevivir.
Cuatro billones de almas
luchando hoy para seguir vivos
y cantar otra vez ¡hurra!
¿Por qué no ser nosotros los que exclamenos:
"El emperador está desnudo hoy"

Hombres - han fracasado.
El poder ha fracasado, con papel de oro.
Shalom - Salaam,
¿Seguirá exisiento una palabra donde se vendan exclavos?
Decimos ¡aguanta!
y canta otra vez ¡hurra!
Puede que aún encontremos la manera de exclamar
"El sistema está desnudo hoy".

-As the sun rose (cuando salió el sol), de Pete Seeger. En el LP Circles and Seasons (1979)