Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 23 de marzo de 2010

Carl Sandburg

Estas últimas semanas he estado leyendo algo de Carl Sandburg, uno de los más significativos poetas norteamericanos de la primera mitad del siglo XX.
Su poesía es una poesía directa, concisa, que canta las glorias y las penas de la tierra y la gente de su país, pero no por ello una poesía sencilla entendida como simple. Su obra poética es ríca en vocabulario y a la vez de fácil lectura, llega directa al corazón del lector, pues habla de la vida del hombre, esa vida que el lector siente como propia.

Es quizá esa riqueza y sencilla honestida, con gotas de protesta o disconformidad espolvoreada, lo que me atrae de la poesía de este hombre y lo que creo que la hace universal, porque, aunque, con razón, habla de su tierra, las preocupaciones y las alegrías de la gente de su tierra son el fondo las mismas que las de las personas de otras tierras distantes, igual que el sol que calienta y da vida a esas tierras es el mismo que calienta la mía. Cuando Carl Sandburg canta a los obreros, a las prostitutas, de Chicago, habla de los obreros o las prostitutas de cualquier ciudad. La guerra, las atrocidades, son del mismo modo las mismas, independientemente de cuál sea el campo de batalla.
A mi pesar, mi conocimiento de la obra de este autor es muy superficial. Alcanza únicamente a esbozar estas líneas, para dar un pco más de "publicidad" a este hombre, casi desconocido o ausente en este país. Ausente, sí, porque a penas se han traducido al español obras de Sandburg: una breve pero representativa antología, allá en 1973, dos de sus por otro lado deliciosas colecciones de cuentos para niños, Historias del País de Rutabaga y Palomas del país de Rutabaga, y uno de sus libros de poemas fundamentales: Poemas de Chicago.
El problema es, supongo, que la "poesía no vende", que ningún autor o editoria se va a hacer de oro escribiendo poesía, y por lo tanto se convierte ésta en un genero contraproducente en el mercado editorial acutal. Y si además hablamos de poesía libre como la de Sandburg, y traducida al español, pero todavía.
Aún así no pierdo la esperanza. Acá dejo dos poemas de Carl Sandburg, con la esperanza de que algún despierten del ensueño del dinero a algún editor y se nos regale a los hispanoablantes alguna obra más de este poeta universal.

UNA VERJA

TERMINADA la casa de piedra ante el lago,
los obreros empiezan a construir la verja.
Los barrotes son de hierro y acaban
en puntas de acero que pueden matar
al hombre que caiga encima de ellas.
Como verja, es una obra maestra:
alejará a la chusma, a los vagabundos,
a los hambrientos y a los niños errantes
que buscan un sitio donde jugar.
A través de los barrotes y por encima
de las puntas de acero, no pasará nada,
excepto la Muerte, la Lluvia y el Mañana.

THE PEOPLE, YES (Fragmento)

"Podéis quemar mi carne y mis huesos
y lanzar las cenizas a los cuatro vientos",
sonrió uno de ellos.
"Sin embargo, mi voz seguirá sonando
y en los años por venir
los jóvenes preguntarán cuál fue la idea
por la que me disteis muerte
y qué era lo que yo decía
que debí morir por lo que dije".

En esta página web, más poemas de Carl Sandburg traducidos al castellano
Poemas de Chicago (1916) está editado en España por La Poesía, Señor Hidalgo. Barcelona, 2003