Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 19 de octubre de 2009

II.

¿Por qué te has vendido? ¿Por qué has dejado que te pongan nombre, cara, color? ¿Por qué has dejado que hagan de tu voz leyes inquebrantables?
Sólo se que no eres de nadie y eres de todos. Aunque se empeñen en hacerte privado. Yo te ví, en la gente, gente distinta, gente que dice que eres distinto y te pone diferentes nombres. Pero yo te vi. Te ví en todas esas gentes, y no tenías nombre y eras simpre el mismo.
Me encuentro contigo todos los días. En el libro que leo. El la película de esta noche. Algo en mi interior me lleva a buscar la marca de poesía en libros de ciencia ficción y películas disfrazadas. Te siento. Te cruzas en mi camino a través de las palabras de aquel que fue ateo, en las obras de aquel que no visita tu casa, porque sabe que tucasa no es de piedra. Tú lates en el viento y en la respiración, en aquel que no trabaja para tí porque sabe que tú no tienes empleados a tu cargo.
Te siento. Y quiero hablarte. Como te hablé con mi mirada, mi corazón y mi cansancio. Entro en ese edificio imponente, miro los retablos, me arrodillo. Y me encuentro vacío y frío como la pared de piedra. No entiendo los rezos y los cantos, se que no estás en ellos. Son palabras vacías, odas y ritos para el redil, para el poder, pero no para tí.
Sago y una vez más me pregunto ¿Por qué te has dejado comprar, encarcelar, etiquetar?
No lo sé.
Pero sé que tu nombre no se escribe con mayúscula.
Se que te cualesquiera nombres que te pongan, eres tú.
Se que no vives en edificios, que tu palabra no está recogida en gordos libros cual código legal.
Se que descansas en el corazón y tu voz es la que habita en el fondo de cada ser.
De tí sólo se que no eres de nadie.