Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

lunes, 19 de octubre de 2009

I.

Renegué de él. El confortable camino infantil en cuya senda me orientaron se tornó primero llano y aburrido. Quizás no tuve paciencia en mis años de fin de niñez. Quizás otros caminos, más fáciles y brillantes y dulces atraparon mi atención por parecer más entretenidos.
Más tarde mi conciencia creció. Volví atrás y adelante en la Historia, encontrándome a mi paso con guerras, manipulaciones, hombres llenos de ego queriendo impner a otros sus ideas, considerándose superiores.
Renegué de dios y ley. Renegue de extructuras. Y en mi ateismo iconoclasta me lancé adelante en mi vida, huyendo de cualquier manifestación de él, rechazándola con fuerza.
Acabé sólo y vacio y sin rumbo y él me llamó a una tierra verde. Y allí, en la sonrisa de unas caras bronceadas por el sol, en el brillo de unos ojos lavados por la lluvia, en el sudor del trabajo diario, en los atardeceres con el sol ardiendo raudo en un cielo infinito, sobre una tierra virgen con el sonido de la naturaleza eterna, le encontré.
Se que está ahí, lo se. Se que también está en mí, lo siento. Aunque lo olvido y me pierdo otra vez cada día.