Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

viernes, 8 de mayo de 2009

Equilibrismos

Cuando hice las maletas y me vine a trabajar un año al otro lado del charco, en las puertas de la selva amazónica, venía con cierta idea de aislamiento o desconexión del mundo. Por una parte, por que suponía que muy poco de la cultura y la sociedad moderna llegarían hasta allí o sería dificil de obtener dadas las limitaciones del lugar, y por otro porque mentalmente venía con cierta disposición a desconectar y liberarme de todo aquello que yo creía me llevaba por mal camino.
Después de 9 meses aquí, me doy cuenta de que ni lo uno ni lo otro es posible. Posiblemente ya no existe selva virge. La mano del hombre "occidental" llega ya a todas partes y con el su cultura, para bien y para mal. Por muy duras y dificiles que sean las condiciones allí, la TV, los DVDs, celulares, modas extrañas y agenas que estas gentes no comprende, incluso resquicios de cultura que escapa a lo plastificado y comercial, acaban llegando a los rincónes más recónditos del planeta. Es por tanto imposible aislarse, al menos materialmente.
Mentalmente la cosa cambia. Uno tiene otras necesidades, y, al menos durante un tiempo, hasta que se adapta a un modo de vida distinto, olvida todas sus costumbres y hábitos sociales de su vida anterior. Pero es no es más que fruto de la necesidad de adaptarse. Poco a poco se va dando cuenta de que, él, como indivíduo, tiene una mentalidad, que si bien es flexible, tiene unas estructuras. Él tiene sus gustos, su forma de ser, de ver el mundo, y lo único que debe hacer es adaptarlas a la nueva situación, no reprimirlas u olvidarlas.
El conjunto de todas sus experiencias, pasadas y presentes, le va formando, y le va enseñando a mantener ese equilibrio que perdió un día y que le hizo saltar a caminar buscando otros senderos. Un equilibrio que nos dice que no hay nada malo, todo es bueno si lo usamos en su correcta mendida y somos conscientes y consecuentes con nuestros actos.
Así, yo no renuncio a mis orígnes, los cuales me doy cuenta están mucho más marcados de lo que yo creía en mi, ni tampoco a mis gustos, mis aficiones, mis manias... Olvidar lo que uno es no funciona y es empobrecedor por dentro y por fuera. Uno tiene que ser fiel a sí mismo. Así aportará algo nuevo a los demás y aprenderá a recibir mucho más de ellos.
Me alegro de mi herencia "consumista y occidental" y estaré eternamente agradecido a estos nuevos aires que me han enseñado a nadar contracorriente.
Siempre avanzado. Siempre.