Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 9 de mayo de 2009

Palabras sabias

El salir de casa y conocer otras gentes y lugares me ha hecho descubrir también otros libros, descubrir el placer de perderse y acariciar los libros de bibliotecas, y atreverse a leer el primer libro que cae en mis manos, sin prejucios ni consideraciones previas. Libros nuevos y sobre todo, viejos libros, amarillos, desgastados.
He aquí dos fragmentos de uno de esos viejos libros, El profeta, de Gibran Khalil Gibran:

Las casas

[…] ¿Qué tenéis en vuestras casas? ¿Y qué guardáis tras esas puertas cerradas?
¿Tenéis la paz, ese tranquilo impulso que revela vuestro poder?
¿Tenéis recuerdos, esos brillantes arcos que sostienen las cumbres del espíritu?
¿Tenéis la belleza, que invita al corazón a separarse de los objetos fabricados de madera y de piedra y lo orienta hacia la montaña santa?
Decidme, ¿tenéis de todo esto en vuestras casas?
¿O es que no tenéis más que el bienestar, y el ansia del bienestar, ese furtivo deseo que llega de invitado a la casa, luego se transforma en huésped y, por último, en propietario?
[...]

La religión

[…]
Vuestra vida cotidiana es vuestro templo y vuestra religión.
Cuantas veces entréis en ella, llevad con vosotros todo vuestro ser.
Llevad el arado, la fragua, el martillo y la lira.
Todas las cosas que modelasteis por necesidad o por placer.
Pues en vuestros sueños, no podéis elevaros por encima de vuestras realizaciones ni caer por debajo de vuestros fracasos.
Y llevad con vosotros a todos los hombres.
Pues en vuestra adoración, no podéis volar por encima de sus esperanzas ni descender por debajo de su desesperación.

Y si queréis conocer a Dios, no busquéis transformaros en descifradores de enigmas.
Mirad, mejor, a vuestro alrededor y Le encontraréis saltando con vuestros hijos.
Y abrid vuestros ojos al espacio y Le veréis caminando por las nubes, extendiendo sus brazos en el relámpago y descendiendo en la lluvia.
Y Le veréis sonriendo en las flores y agitando las manos en los árboles.

Palabras para el alma.
Se confirma otra vez aquel dicho de Cervantes:
"El que lee mucho y viaja mucho, vee mucho y sabe mucho".