Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

martes, 19 de junio de 2007

Una segunda oportunidad para el "Emperador"

El pasado otoño echó el cierre el mítico Teatro Emperador de esta ciudad de León. Después de más de 50 años de existencia, el mítico teatro, todo un símbolo arquitectónico y social de la ciudad, cerraba sus puertas. Al parecer, ya no era rentable comercialmente, y tampoco ninguna entidad pública parecía estar dispuesta a hacerse cargo del mismo.
Asistimos excitados y tristes a ese "adios" al teatro, asistiendo a esas buenas sesiones dobles de cine programadas con motivo de tan triste evento, disfrutamos de nuevo del calor humano y la belleza que acogen al espectador dentro del teatro -algo que no sucede ya en las modernas y antisépticas salas de cine, por desgracia- como tantas veces antes, pero sabiendo que posiblemente esa sería la última.
En los días y meses que siguieron al cierre, mientras el Emperador se vestía de negro y contaba los días a la espera del final definitivo o de la resurección, circularon las más variadas noticias al respecto, entre las más alarmantes, la posible demolición del edificio.
Han pasado los meses, 180 y pico días, y por fin, el teatro parece que despierta de su letargo para volver a abrir su corazón a todo aquel que quiera sentarse en su interior y disfrutar de un buen espectáculo. El Ayuntamiento de León lo ha comprado en vísperas electorales. Maravilloso. Por fin se hace algo "decente". No se si el ya ex-alcalde lo hizo con miras electorales (es decir, conseguir más votos) o si lo hizo por "amor a la cultura". Tratándose de políticos a mí, por lo general, no me viene la palabra amor a la mente. Si esperaba sacar más votos con este acto, la verdad el tiro le ha salido totalmente por la culata. Pero, sea como fuere el asunto, es que parece que el Emperador se salva.
Leo en la prensa que va a abrir para albergar algún acto en las próximas fiestas de San Juan, y que luego volverá a cerrar unos meses para su restauración. Lógico. El edificio da ya muestras, por dentro y por fuera de un considerable deterioro. La duda que me asalta ahora es si esa restauración sera una verdadera restauración, un labado de cara, o si el arquitecto de turno "destrozará la belleza decimonónica de nuestro teatro" para construir por dentro algo más moderno y cómodo y acorde con las necesidades prácticas de estos dias desumanizados que vivimos. No sería raro. Está bastante de moda la arquitectura "exajeradamente funcional".
Crucemos los dedos.