Hay que doler de la vida hasta creer,
que tiene que llover, sí, tiene que llover
a cántaros.
- Pablo Guerrero

sábado, 19 de mayo de 2007

En un puelbo sin nombre. Décima parte.

-Bueno, ¿me vais a contar qué a pasado, o tengo que preguntar a los de ahí fuera? -dijo Toño.
-Deja de bromear, intúyelo. No es tan dificil. -dijo Ángel- Nos descubrieron. Sospecharon cuando comprábamos las linternas. No son tan ingénuos como aparentan.
-¿Y la chica? ¿Qué? ¿Un rehén?
-Sí.
-Muy bien, pero seguimos en las mismas, pero diría yo.
-No. Tenemos a uno. Puede que no sea Víctor, algo me dice que servirá igual. -Ángel se había levantado y observaba a la chica, que se había acurrucado en un rincón del hall donde la luz era más ténue- Tengo la sensación de que lo que uno de ellos sabe, lo saben todos. Telepatía o algo así supongo. Si no, ¿cómo sabía el vendedor que la linterna, en nuestras manos, suponía una amenaza?
-Quizá lean el pensamiento. -dijo Toño.
-No, creo que no. Si fuese así, ya no seguiríamos vivos. Tú les atacaste con una linterna y eso vasta para que la linterna sea catalogada como objeto peligroso en manos de extraños. Lo que uno aprende lo aprenden todos. Estoy seguro de que la chica sabe todo lo que sabe Víctor y cualquiera de ellos. Interroguémosla.
Jose estaba desfallecido en el sofá, con la mano en la frente.
-¿Qué te ocurre?
-Lo siento, tios. Me marero. Me duele el cuello un montón.
Ángel se acercó a su lado y le examinó el cuello. -Sigue sin sangrar. Le mordió la chica esa- dijo mirando a Toño - Ciertamente está un inchado y tiene un color verdoso, pero nada más.
-Lo mismo que mi brazo. -dijo Toño- Ya no sangra, no supura, pero sigue inchado y me duele. De hecho se me adormece un poco, espero que no sea nada grave. El alcohol alivia, échate un un buen chorro, lávate la herida con alcohol y véndalo con una gasa humedecida en alcohol. Te escocerá bastante, pero luego alivia. El botiquín está en ambigú. Vámos Ángel, atemos a esta en una butaca.

Jose se fue hasta el ambigú mientras Ángel y Toño levantaban a la chica, que ser retorcía y agitaba la cabeza, aturdida por la luz, y la ataron en una butaca de la sala, en primera fila. Seguía revolviendose e intentaba soltarse. Decidieron apagar las luces de la sala y dejarla iluminada solamente por el resplandor de la luz del proyector en la pantalla blanca. En la osucridad del cine, poco a poco la chica se fue calmando.
Jose entró en la sala entró en la sala y se apoyó contra el pequeño escenario junto a sus amigos, mirando a la chica, con la mirada en el suelo. Jose llevaba un enorme vendaje alrededor del cuello.
-Escuece un montón, y me duele, pero el alcohol ha hecho efecto, parece que me encuentro algo mejor.
-Bien, -Ángel se arrodilló y miró a la chica directamente a la cara.- Supongo que ya sabes por qué estás aquí, o al menos imaginas. Te lo diré de todos modos. ¿Qué soys? ¿Qué está pasando? Queremos respuestas.
La chica alzó la vista y estudió el rostro de Ángel, sin articular una sola palabra.
-Nunca aprenderás a tratar con chicas, colega. -dijo Toño- Déjame a mi.
Sonriente, Toño se sentó en una butaca al lado de la chica y le acarició el cabello.
-Hola, ¿Cómo te llamas? Yo soy Toño... - La chica giró de pronto la cabeza en un ademán de morderle.- ¡ey!, Cuidado, cariño, eso más tarde, ahora dinos, ¿cómo te llamas? Verás, quizás, quizás podamos llegar a un acuerdo- La chica volvió a hacer ademán de moderle.
-Me parece que esta a esta no le gustas mucho... -dijo Ángel.
-Basta ya de psicología barata -dijo de pronto Jose; y encendió una linterna iluminando de pronto a la chica, que giñó los ojos y empezó a hacer fuerza, intentado liberarse. -Si quieres que la apague tendrás que contestar, vamos, ¿Cómo te llamas?
-Susana. -Contestó la chica inexpresivamente.
-Eso está mejor. ¿Eres Susana, o eres también otra cosa? -dijo Jose- Comienza desde el principio. Somos todo oídos.
-Ya lo sabéis -la voz de la chica seguía siendo inexpresiva- Somos lo próximo, el futuro. No importa lo que hagáis, no importa donde huyáis. Pronto, muy pronto os alcanzará, os alcanzará a todos. No hay otra opición. Pronto lo entenderéis. Pronto seréis parte. Dos de vosotros ya estáis de camino, no os resistáis, sería más doloroso, podría ser incluso fatal.
-Deja de dar rodeos. -Jose se impacientaba, le temblaba la mano con que sotenía la linterna- ¿Eres, Susana, la hija del dueño de la ferretería? ¿Cómo te dominan? Contesta, se nos empieza a agotra la potencia.
-Ingénuos. Si eso es lo que que quereis. Sí, soy Susana, la hija del dueño de la ferretería, pero también soy más, mucho más. Nadie me domina, nadie nos domina, somos libres, más libres y poderosos que nunca, somos todos. Soy tu madre, Toño, recuerdo perfectamente el día que naciste, un lunes frío y lluvioso de febrero, corriendo, tu padre y yo con tu tío condiciendo a toda velocidad para llegar al hospital en la capital, saliste de cuentas dos meses antes de tiempo. ah, que nerviosa estaba, y aquel hospital, aquel papeleo interminable. Y también soy tu hermano, Jose sí, me acuerdo perfectamente de aquel día que me escapé contigo para ir a la feria, a las atraciones para mayores, sí, y de la bronca que te echaron mamá y papá cuando nos descubrieron camiando a hurtadilas por el pasillo aquella noche. No no me miréis así, soy todas y cada una de las persnas de este pueblo. Soy Víctor, ¿ah? ¿No querías hablar con él? Adelante, ¿Qué sucede? ¿Es que ya no somos amigos, Ángel? No pongas esa cara de pánico, soy yo, ¿Te acuerdas, te acuerdas de aquel día, aquel cálido verano, en los vestuários de la piscina, tú y yo con aquella chica, eh? ¿No me digas que se te ha olvidado?
-¡¡Basta!! -gritó Ángel, nervioso- ¡Ya basta! Contesta, qué soys.- Encendió otra linterna y apuntó directamente a la chica, que agachaba de nuevo la cabeza.
-Tranquilos, tranquilos. Pronto os uniréis. Pronte series parte. Sí. Podéis destruirme, adelante, eso no cambiará las cosas.
Al instante, la chica quedó inmovil en la butaca, muda como una estatua.
-¡Vámos! -Ángel le dirigió la luz directamene a los ojos, la chica los cerro y permaneció quieta, callada, con la cabeza agachada. Jose se adelantó y la tocó un brazo. La chica no reaccionaba, la zarandeó con fuerza. Seguía sin reaccionar. Nerviosamente, le buscó el pulso, aún latía, estaba caliente. Se apartó y la observó intranquilo, junto a sus amigos. La chica se acomodoó en la butaca y permaneció quieta, inmobil, como una estatua latente.
-¡Mierda! ¿Y ahora qué? -dijo Toño.
-Me parece que nos toca esperar. -Jose apagó la linterna y se sentó en el borde del escenario. Se echó la mano al cuello, estaba cansado y le empezaba a doler bastante otra vez.- Les toca mover a ellos. Sólo nos queda esperar.
Toño nervioso caminó fuera de la sala, hasta la entrada del cine. Varias personas del pueblo seguían caminando despreocupadamente por la calle, girando la vista a penas unos instantes al pasar por delante del cine. No podían salir. Sólo esperar, esperar.
El proyector ennegreció de pronto, se oyó el tradicional chisporroteo que suena al comenzar un rollo. Pocos minutos después, Ash, acompañado por sus amigos, viajába por enésima vez en coche por un bosque. Toño bajó de la cabina de proyección y se sentó en una butaca en el medio de la sala, con un enorme cartón de palomitas.
-Está bien, espermos. -dijo.
-¿No encontraste una película más inquietante? -pregunto con sorna Ángel.
-Esta está bien. Hace juego con la situación. De todos modos, tú pide. Tenemos todos los estrenos del 82. Mira a ver cual te perdiste antes de ir a la univeridad. ¿E.T., Poltergeis, Tron? Elige.
-Será mejor que alguien haga guardia en el vestíbulo. Empiezo yo -dijo Ángel- en la próxima peli le toca a otro.
-Gallina.

La tarde transcurrió con normalidad. Toño decidió quedarse en la cabina del proyección cambiando los royos. A la hora y media más o menos bajó y le dijo Ángel.
-Ala, sube, me toca a mi la guardia. Jose está adormilado en la sala, dice que le duele bastane el cuello, no me estraña su herida es peor que la mía y yo casi tengo ganas de amputarme el brazo. E.T. está aterrizando en el planeta tierra. Esta és más para tí. Disfrútala.
Afuera todo seguía igual de tranquilo, pasaban las horas, película tras película. Jose se había cambiado el vendaje y parecía algo más espabilado, le tocaba hacer guardia. En la pantalla, Khan, super hombre del s. XX ponía en jaque de nuevo al capitán Kirk, empezaba a atardecer, las luces del cine brillaban en los rostros de los transeuntes que seguía pasando de vez en cuando por delante del cine con aire despreocupado.

De pronto, la chica, varias filas por delante, se puso en pié, soltandose de sus ataduras. Ángel se levantó sobresaltado de la butaca.
-Dios. ¡Toño! ¡Jose! ¡Rápido!.- Encendió la linterna y empezó a caminar lentamente por el pasillo lateral hacia la chica, que se balanceaba de adelante para atras, depié. Toño entro corriendo linterna en mano.
-Ya es denoche. Jose está ahí fuera adormilado otra vez. Todo está tranquilo ¿Como demonios...?
La chica se retorció hacia atrás, abrio la boca y los ojos en toda su amplitud y de pronto una de esos seres negros de brillantes ojos amarillos apareció ante los dos muchachos, el cuerpo de la muchacha cayo desplomado sobre las butacas. Aquella cosa, aquel ser horrible, giró lentamente la cabeza y enseño sus fauces a los dos amigos, iuminado por las linternas, su rostros era espantoso, y emitió un terrible chilldo, avalanzándose hacia ellos. Corrieron despavoridos hacia la entrada de la sala.
-¡Rápido, enciende las luces de la sala! -grito Ángel.
Al salir al vestíbulo, cerro las puertas de la sala de golpe. Aquella cosa chocó contra ellas, resquebrajando la madera. Toño llegó al cuadro de luces y encendió las de la sala. Se oyó un terrible chillido.
Aún con el alma en vilo, los dos muchachos entraron cautelosamente en la sala. La criatura había desparecido, como le sucediese a la que encontró Toño la noche anterior, se había desintegrado, la entrada de la sala esta cubierta por un estraño polvo negro. Avanzaron hasta la primera linea de butacas, el cuerpo de la chica yacía allí caído. Ángel se agachó y le comprobó el pulso. Estaba muerta. Guardaron varios minutos, en silencio.
Ahora lo veían claro. Ya no quedaba nadie en el pueblo, no había salvación para la gente que habían visto, para sus faliares y vecinos. Ahora ya no eran más que meros disfraces de carne y hueso para esas cosas. Caminaron lentamente hacia el vestíbulo. Una sensación de impotencia les invadía, una sensación de rabia también. Al salir de la sala quedaron paralizados. La puerta estaba abierta. Una suabe brisa veraniega entraba desde la calle. Jose no estaba.